Imágenes del naufragio

Por Maximiliano Montenegro.

Néstor Kirchner mira la realidad a través de los ojos de Guillermo Moreno. Cero autocrítica y sospechas de traición si algún funcionario se sale del libreto en el diagnóstico. El Loco reivindica desde los créditos para inquilinos hasta los números de pobreza e inflación. Los dilemas de Amado Boudou.

"Tengo gran fe en los locos. Mis amigos la llaman confianza en mí mismo". Edgar Allan Poe.

Recién esta semana el Gobierno reconoció la derrota electoral. Y aceptó, a regañadientes, abrir la agenda con la oposición parlamentaria por un solo motivo: si no había una señal del Ejecutivo para negociar la baja de retenciones, límite a los superpoderes o la reforma al Consejo de la Magistratura, entre otros temas, la oposición impondría ese menú a más tardar en agosto, aprovechando el desgajamiento del bloque justicialista.

Pero Néstor Kirchner se resiste a acomodarse a la nueva realidad. La foto del lunes pasado, distribuida por Télam, con Guillermo Moreno en la cabecera del gabinete productivo es la prueba.

Para el ex presidente la foto de Florencio Randazzo, flanqueado por los dirigentes del Acuerdo Cívico y Social en la Casa Rosada, es la expresión del fracaso. Cree que son las primeras imágenes del naufragio, que concluyen la novela épica escrita por los intelectuales K. La fábula de un "gobierno popular" luchando contra una oposición destituyente al servicio del poder económico, la oligarquía agromediática y los acreedores financieros.

En ese orden binario del mundo la autocrítica despierta sospechas. Es vista como el primer paso en el camino de la traición. Martín Lousteau, Alberto Fernández y Sergio Massa, entre otros, pueden dar cuenta de la desconfianza que suscita en el matrimonio presidencial cualquier lectura que se salga del libreto; un diagnóstico que contradiga la historia oficial; el reconocimiento de que en el INDEC se falsifican los datos; un atisbo de crítica al funcionario más leal de la revolución, el secretario de Comercio, Guillermo Moreno.

Sin mordaza. Nadie describe mejor que el Loco Moreno cómo mira Kirchner la realidad. "Ya ganaron, lograron frenar un proyecto de país", suele disparar por estos días apenas cruza unas palabras con los periodistas.

No admite un solo fracaso: "El plan de viviendas para inquilinos no fue un fracaso. Entregamos 60 mil créditos. ¿Cuántos querían que entregáramos, 600 mil?"

Defiende a muerte los números del INDEC. "El INDEC no está intervenido, el descrédito lo generaron Clarín y los bonistas", afirma. Y explica que "en la Argentina la inflación se mide sobre una canasta de bienes, que en un 70% está compuesta por productos de consumo masivo, ahí la inflación es del 8/9 por ciento. Para una canasta de consumo selectivo la inflación ronda el 16 por ciento. Para una canasta premium es superior al 20 por ciento".

La inflación oficial en los últimos 12 meses acumula apenas 5,2%. El INDEC también informa que, en el último año, los salarios aumentaron, en promedio, 24 por ciento. Si ambos datos fueran ciertos la Argentina sería un caso único en el mundo de mejora en la distribución del ingreso y el consumo de los trabajadores debería volar, por la impresionante recomposición en el poder adquisitivo salarial.

Moreno responde a esa inconsistencia con un argumento curioso. Afirma que no se percibe toda la mejora en la distribución del ingreso porque el problema es el impacto de las tasas de interés en el bolsillo de los trabajadores. Palos para la conducción de Martín Redrado en el Banco Central. "Hay una contradicción tremenda con el Banco Central. Mirá las ganancias de los bancos. Las tasas de interés reales superan el 20%. Los trabajadores compran electrodomésticos y pagan en la cuota tasas de más del 100%", comenta entre sus colaboradores.

El Loco se siente el último dique en la política de control de precios. "Veremos quién saca los pies del plato. Por ahora, las empresas vinieron en la última semana mansitas como siempre. Acá no cambió nada, seguimos igual", dice.

En el universo K hay quienes todavía ven a Moreno como el hombre que se animó a disciplinar a los grupos económicos. Sin embargo, el secretario de Comercio alentó la concentración económica al desarticular los instrumentos institucionales –como la Comisión de Defensa de la Competencia– utilizados en otros países para frenar aumentos de precios en sectores oligopólicos, mercados que en la Argentina proliferan como hongos. Todas las negociaciones que encaró –incluida la distribución de más de tres mil millones de pesos anuales en subsidios a través de la ONCCA—beneficiaron a unas 60 o 70 empresas en perjuicio de sus proveedores o clientes pymes. Cerró trato con las cinco grandes cadenas de hipermercados en contra de almacenes y supermercados chinos. Con las seis cerealeras en perjuicio de 70 molinos y miles de productores trigueros. Con las dos grandes usinas lácteas, en contra de miles de tamberos. Con un selecto club de fábricas avícolas y frigoríficos, etc., etc.

El gobernador del Chaco, Jorge Capitanich, cuenta que tuvo que archivar un proyecto de ley antimonopólica más severo cuando era senador –en 2007– por pedido de Moreno, quien le confesó entonces que toda su estrategia de precios radicaba en negociar con unas pocas grandes empresas por sector.

Añicos. El espejo en que se mira Kirchner le devuelve un país que sólo cosecha mejoras sociales. Si se indaga en otras fuentes que no sean el INDEC esa imagen se hace añicos a partir de 2007. Según el INDEC, desde entonces la pobreza continuó descendiendo y se ubica hoy en el 15,3% de la población, seis millones de personas. Según Artemio López, la pobreza aumenta desde el segundo trimestre de aquel año y es hoy justo el doble: 30,1 por ciento, 12 millones de pobres. Son niveles de pobreza superiores al promedio de la década menemista. Otros estudios académicos barajan cifras similares.

Repito por si no se leyó con atención: el INDEC barre bajo la alfombra a seis millones de pobres.

"Vamos a hacer algo con el INDEC", dijo ayer el flamante ministro de Economía, Amado Boudou. Sin embargo, esta semana el Gobierno blanqueó la designación de dos directores afines al secretario de Comercio en la cúpula del INDEC, dejando en evidencia que cualquier proyecto para lavarle la cara a la institución no revisará ninguno de los "logros" sociales y económicos que Moreno consiguió sólo en el papel.

En voz bajita. Para los escribas K las discusiones de política económica se limitan a identificar una conspiración o un lobby detrás de cada opción: el complot devaluacionista, la conjura de los que buscan reflotar el negocio de la deuda, los que se rinden ante el FMI. Y así los instrumentos al alcance del Gobierno son cada vez menos. Siempre es complicado aplicar políticas keynesianas –lo lógico en una recesión– sin poder emitir moneda o bonos, como en Estados Unidos, para financiarlas. Y mucho más si, como tantas veces en el pasado, los argentinos desconfían del peso.

Economistas como Aldo Ferrer y Roberto Frenkel, que en los noventa gritaban en contra de la convertibilidad mientras los Kirchner acordaban con Cavallo la privatización de YPF, creen hoy que el tipo de cambio está atrasado, un 15 o 20%. Nada parecido a la convertibilidad. Pero igual sugieren al Gobierno encarecer el dólar para apuntar a varios objetivos simultáneamente: mejorar la competitividad de la economía, recomponer los ingresos fiscales vía retenciones para solventar una política fiscal expansiva, frenar la fuga de capitales, etc. Piensan que si no se corrige ese "desvío macro" cualquier crédito que se consiga sólo financiará la fuga de capitales, como sucedió en último año de la convertibilidad. Es decir, se entregarían dólares baratos de las reservas a los sectores medios altos y altos, empresas y bancos.

Boudou asegura que el nivel del dólar –alrededor de $ 4 en los próximos meses– es el correcto. Y dijo ayer que su apuesta será "volver a los mercados voluntarios de crédito", es decir emitir deuda pública para evitar un ajuste fiscal (el incremento del gasto duplica la suba de la recaudación) y refinanciar vencimientos. ¿Cómo conseguirá que bancos y acreedores vuelvan a apostar a los papelitos argentinos? Tal vez el bono que entregue a los bancos no sea tan voluntario, como en las épocas de Cavallo.

Una tercera opción es echar mano de las reservas para pagar deuda y emitir pesos para financiar al Estado. Es lo que sugirió días atrás Roberto Feletti, actual vice del Banco Nación y quien será en los próximos días viceministro de Economía. Esa propuesta se completa con un control cambiario más estricto (prohibir la compra de dólares para atesoramiento y autorizarla sólo para costear importaciones) con el fin de evitar una mayor corrida cambiaria. A la luz de la historia argentina el riesgo de una jugada semejante es grande.

Boudou tendrá que susurrar sus propuestas económicas en Olivos para que los gurKas no lo acusen de traidor a los intereses populares.

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