La imagen del vice crece al ritmo de los ataques del kirchnerismo

El ex presidente lo sabe, pero no puede dejar de salir al cruce de cada movimiento de Cobos.
En diciembre pasado, durante el acto de asunción de Alberto Balestrini como presidente del PJ bonaerense, Néstor Kirchner blanqueó en público el sentimiento que atraviesa al Gobierno respecto a Julio Cobos. "Muchos me dicen que no hable de él para no hacerlo importante", reveló el ex presidente ante el micrófono. Pero, se sabe, el recato no es una de las virtudes del manual kirchnerista.

Esa misma noche, Kirchner disparó contra el vice y continuó haciéndolo con regularidad, colaborando con el crecimiento de la imagen de Cobos.

Las elecciones del 28 de junio confirmaron lo que se veía venir: la parábola descendente en la que está atrapado el matrimonio presidencial y la estrella que brilla sobre el ex gobernador mendocino.

Desde aquella madrugada del 17 de julio del año pasado en que Cobos hizo capotar con su voto el proyecto oficial de retenciones móviles, la fractura entre el kirchnerismo y el vice no tuvo retorno. Con todo el dramatismo que tuvo aquella votación en el Senado (en buena parte fomentado por la épica que le imprimió el Gobierno a la batalla por la 125), mirado a la distancia resulta difícil de creer que aquel titubeante voto "no positivo" haya generado una fractura insanable y transformado un ignoto vicepresidente en una figura presidenciable.

Para el ADN kirchnerista, aquel voto significó una defección de la que no había retorno posible. Kirchner se ocupó de quemar todos los puentes y Cobos descubrió que podía sacar provecho del humor de una sociedad que comenzaba a hartarse de las mañas del matrimonio presidencial.

Con la constancia de un monje, comenzó a replicar cada gesto del Gobierno con su opuesto. Sin embargo, esa contradicción insostenible en un país normal, no lo hace pensar en la renuncia. Todo lo contrario, Cobos resiste en su lugar contra las presiones de propios y extraños. Lo que no hace más que alimentar la caldera de Olivos, que cada tanto estalla en llamaradas incontenibles en la boca de Kirchner y sus más leales.

La relación entre Cristina y su vice es hoy inexistente. Cobos sólo habla con algunos pocos ministros cuando se hace indispensable por cuestiones protocolares.

Ayer, en la Casa Rosada estallaron cuando vieron en la tapa de los diarios nacionales y 16 diarios provinciales (se preocuparon por sacar la cuenta), la foto del entente de Cobos con los líderes opositores para oponerse al proyecto oficial de ley de medios audiovisuales.

Afloró también un entripado que revuelve hace días a Kirchner y Balestrini por los contactos creciente entre el vice y Eduardo Duhalde para erigirse en los líderes de la reconstrucción del bipartidismo radical-peronista y negociar la versión criolla del Pacto de la Moncloa.

"Ya es intolerable. No vamos a dejar de responderle ni una más", explicaban furiosos en un despacho de la Rosada.

Cobos, feliz, transforma los palos K en las vigas de su plataforma presidencial.

Comentá la nota