La ilusión de volver al FMI

Por Martín Kanenguiser

El canje de préstamos garantizados con los bancos locales ha despejado una parte de los vencimientos de la deuda de este año y si el Gobierno mantiene su presión podrá lograr que otros acreedores sigan el mismo camino, pero sin embargo no son pocos los funcionarios que se preguntan si no es mejor apelar a un nuevo acuerdo con el FMI para obtener una línea de emergencia habilitada en 2008 por unos 15.000 millones de dólares que despeje con más contundencia el riesgo de otro default.

Un razonamiento parecido prevalece entre analistas económicos y políticos que creen que es posible dejar atrás el pasado conflictivo entre ambas partes, sobre todo ahora que "este es el FMI de Obama y no el de Bush". Aunque esa conclusión suene seductora, el FMI no ha cambiado y menos en su relación con la Argentina.

En primer término, porque el país se sigue negando a hacer lo que hace todo el resto de los socios del organismo: que se revisen sus cuentas a raíz de la manipulación de las estadísticas oficiales que se lleva a cabo desde hace más de dos años.

En segundo término, porque los gestos conciliadores que llevó a cabo inicialmente el director gerente del Fondo, Dominique Strauss-Kahn, se terminaron cuando la Argentina votó en contra de la reforma que impulsó el funcionario francés para cambiar algunas reglas del organismo. Por esta razón, el año pasado Strauss-Kahn fue tan tajante cuando dijo que la Argentina no era candidata a la línea de emergencia que se le otorgó a otros países frente a la crisis financiera global.

Por último, se mantiene la fantasía de que un gobierno demócrata será más benigno con la Argentina que uno republicano, pese a que fue George Bush (h) quien le permitió al gobierno kirchnerista mantener una postura de cierta independencia respecto del Fondo en la negociación con los bonistas, luego de aquella amable reunión de julio de 2003 en la que Néstor Kirchner le apoyó la mano en la rodilla al presidente norteamericano en la Casa Blanca.

Tampoco está de más recordar que el nuevo secretario del Tesoro, Tim Geithner, fue uno de los funcionarios de Clinton que luego estuvo en el Fondo pidiéndole medidas a la Argentina que el Gobierno nunca quiso adoptar.

Por lo tanto, volver al FMI, si alguien lo considera razonable, implicaría aceptar condicionalidades, antes o después de recibir el dinero. Nada es gratuito y menos si se trata del Fondo Monetario.

Comentá la nota