La Iglesia reiteró que la droga circula libremente

El Episcopado reiteró sus críticas a los proyectos de despenalización
A las esquinas, las aulas o las plazas donde pasan largas horas del día los adolescentes que se drogan el Estado no llega. Pero sí la Iglesia.

Así lo afirmaron ayer miembros de la Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones del Episcopado, encabezada por monseñor Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú, quien también afirmó que el dinero que el Gobierno envía a los centros de recuperación de adictos no es suficiente.

En el mismo salón donde se reúne habitualmente el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, en Suipacha al 1000, los representantes de esa comisión repitieron la denuncia que hicieron en abril pasado los curas que viven en las villas de emergencia porteñas: que la droga está despenalizada de hecho en la ciudad y el conurbano bonaerense.

Al invitar a recordar mañana, con debates, misas y reflexiones, el Día Mundial de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, establecido por la Asamblea General de la ONU en 1987, la Iglesia reafirmó su rechazo a las propuestas del Gobierno de despenalizar el consumo de drogas blandas.

"Los argumentos que se dan desde el Estado para apoyar la despenalización son totalmente erróneos", dijo el padre Marcelo Ramljak.

Y agregó: "Surgen del artículo 19 de la Constitución, que protege las acciones privadas de los hombres que no perjudiquen a terceros. Pero nosotros nos preguntamos, estas personas que se involucran en una dependencia psicotrópica que puede hacer estragos, ¿no pueden perjudicar a terceros, sobre todo en temas de inseguridad? ¿No perjudican a terceros cuando se ve que los padres y las madres no saben qué hacer con ellos?".

El padre Jorge García Cuerva, con una larga trayectoria de trabajos con jóvenes en situación de riesgo, respondió a los funcionarios del Gobierno que promueven la despenalización del consumo de drogas. "Sepan que lo que están queriendo promover desde algunos sectores del Estado ya lo estamos viviendo en los barrios del conurbano y sus consecuencias son un infierno sobre las que muchas veces no hay ningún tipo de control", dijo.

Monseñor Lozano coincidió con los sacerdotes presentes al afirmar que los centros de atención y recuperación existentes no alcanzan a cubrir la necesidad actual. "No siempre conseguimos un centro de atención accesible económicamente o cercano al lugar de residencia de las familias de chicos adictos", dijo el obispo.

Sobre el alcance del fenómeno mencionaron la falta de controles del tráfico y la soledad de los jóvenes.

"En Misiones hay centenares de pistas clandestinas desde donde aterrizan o despegan aviones que arrojan sustancias en determinados lugares. Allí contratan a personas que no son consumidores para que recojan la droga y la depositen en otro lugar", explicó Ramljak.

García Cuerva, por su parte, destacó que, según datos oficiales, en la provincia de Buenos Aires hay 400.000 jóvenes que no estudian ni trabajan. "Evidentemente esto es como estar sentados sobre dinamita. Son jóvenes que se sienten solos, que no tienen sueños, que encuentran en la droga una respuesta más fácil e inmediata para tapar mucho dolor y frustración. Como sociedad tenemos que hacernos cargo", dijo. Afirmó que ellos intentan estar cerca, hablar y escuchar mucho a los jóvenes. "Por eso, la Iglesia termina estando en lugares donde el Estado no llega", dijo.

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