La Iglesia pidió liderazgos al servicio del prójimo

En el Tedéum, el mensaje eclesiástico recordó que un líder, para llegar a ser un verdadero dirigente, ha de ser ante todo un testigo. La homilía fue leída por el párroco de la iglesia de San Roque, Francisco Urbanc, en presencia del arzobispo Villalba
La proximidad de las elecciones apenas fue mencionada en dos párrafos de la homilía pronunciada ayer en la Catedral, durante el Solemne Tedéum por el 25 de Mayo. El mensaje de la Iglesia abundó en reiteraciones de documentos pastorales nacionales y en reivindicar la necesidad de un compromiso entre gobernantes y gobernados para mejorar la calidad de vida.

En la primera referencia a los comicios, se extractó parte del pronunciamiento del Episcopado de noviembre de 2007, titulado "Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad".

"Es fundamental generar y alentar un estilo de liderazgo centrado en el servicio al prójimo y al bien común. Todo líder, para llegar a ser un verdadero dirigente, ha de ser ante todo un testigo. El testimonio personal, como expresión de coherencia y ejemplaridad, hacia el crecimiento de una comunidad", se remarcó.

Más adelante, se elaboró una reflexión propia: "estamos prontos a elegir quienes nos proponen ser voceros coherentes de las necesidades de la Patria. Pues aquellos que quieren prestar este servicio lo hagan con el corazón puro y quienes confiamos en ellos nos comprometemos a trabajar en comunión, desde el lugar en que nos toca estar".

La homilía fue leída por el párroco de la iglesia de San Roque, Francisco Urbanc, bajo la atenta mirada del arzobispo Luis Villalba. En primera fila estaban el gobernador José Alperovich y su esposa, Beatriz Rojkés, y más atrás las principales autoridades de los poderes Legislativo, Juan Manzur, y Judicial, Antonio Gandur; el intendente Domingo Amaya; funcionarios; legisladores; representantes de las fuerzas armadas y de seguridad; invitados especiales y ciudadanos que participaron de la misa. "Jesús nos enseña hoy: ‘el que es más grande que se comporte como el menor y el que gobierna, como un servidor. Yo estoy entre ustedes como el que sirve’", citó Urbanc.

En la homilía, se mencionó la primera carta de San Pablo a Timoteo, que había sido leída previamente durante la celebración, en la cual se reflexiona sobre la riqueza y la bondad. "La avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos. Huye de todo esto. Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia, la bondad. (A los ricos) que practiquen el bien, que sean ricos en buenas obras, que den con generosidad y sepan compartir sus riquezas. Así adquirirán para el futuro un tesoro que les permitirá alcanzar la verdadera vida", se destacó.

Luego, la reflexión de la Iglesia volvió sobre el pronunciamiento episcopal: el respeto a la familia y a la vida; la reconciliación y la capacidad de diálogo entre todos los sectores; el paso de ser habitantes a ciudadanos responsables; el fortalecimiento de las instituciones, del Estado y de las organizaciones sociales; la mejora del sistema político y de la calidad democrática; la educación; el trabajo; la justa redistribución de bienes; el desarrollo de políticas agroindustriales; y la promoción del federalismo y de la integración regional.

Al momento de las Intenciones, se pidió por la Patria y para crecer en verdadera justicia social y en fraternidad; y por los gobernantes, para que con prudencia y sabiduría guíen a la sociedad por el camino de la paz y de la concordia, entre otros ruegos.

El mandatario mantuvo su rostro serio durante toda la ceremonia, que duró poco más de 40 minutos. Sólo antes y después, luego de comentarios efectuados por su esposa, se relajó y sonrió. La mayor parte del tiempo estuvo con las manos cruzadas sobre su bastón o mirando al piso.

Al finalizar el Tedéum, cuando Villalba saludó a las autoridades (las acompañó hasta la puerta), Rojkés de Alperovich le dijo al prelado: "gracias por todo".

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