La Iglesia italiana compara la ley antiinmigratoria con el nazismo

Para los obispos, hoy se deja morir a los inmigrantes ilegales en el mar así como en su momento no se hizo nada para frenar los trenes que llevaban a los judíos al exterminio. El gobierno defendió la norma como "una necesidad para la seguridad nacional".
"Occidente tiene los ojos cerrados, no quiere ver las barcazas de inmigrantes sin papeles, así como durante el nazismo no quería ver los trenes repletos de judíos llevados a los campos de exterminio". La crítica fue firmada ayer por los obispos italianos y así volvieron a desnudar la política llevada a cabo por el gobierno de Silvio Berlusconi contra los extranjeros ilegales.

El motivo, esta vez, fue la indiferencia oficial hacia un barco que estuvo a la deriva durante 20 días hasta que ayer se confirmó que 73 de sus pasajeros murieron. Los casi 80 que viajaban en él eran eritreos y habían dejado Africa en busca de una vida mejor, pero el bote en lugar de llevarlos a una tierra prometida los aisló hasta matarlos. El jueves, cuando ya era tarde, la tragedia quedó al descubierto cuando el precario bote fue rescatado frente a la isla Lampedusa, al sur de Italia. En su interior viajaban cinco inmigrantes eritreos.

Según uno de los sobrevivientes, el destartalado barco salió de Libia el 28 de julio con casi 80 personas. Al principio no se sabía el destino de 73 de ellos, pero sus compañeros de ruta aseguraban que habían muerto.

La fiscalía siciliana de Agrigento abrió, en ese primer momento, una investigación para detectar la presencia de cadáveres en el mar y confirmar la versión que reabrió el debate sobre la severidad de la nueva ley de seguridad que considera delito la inmigración ilegal.

"Llegamos a Libia tras viajar un mes desde Eritrea (país del noreste de Africa y sobre el Mar Rojo). Una vez allí esperamos el buen tiempo y salimos con un hombre que dirigía la embarcación, pero que se perdió durante el viaje. Cuando se acabó el combustible nos quedamos a la deriva. Vimos embarcaciones, pero nadie se detuvo, sólo un pescador nos dio agua y algo de comer".

El dramático relato de la única mujer que sobrevivió expresa "la invalidez de una ley que en vez de ayudar a salvar vidas las hace perder", denunció también ayer la oposición italiana. Según la organización Save the Children, el bote fue visto por 10 barcos que no hicieron nada por ayudarlos.

El gobierno de Silvio Berlusconi se defendió asegurando que la ley que establece que la inmigración ilegal es una necesidad para la seguridad nacional. El ministro de Interior, Roberto Maroni, puso en duda la veracidad de la historia cuando dijo que para haber estado tanto tiempo en el mar los sobrevivientes no estaban tan mal.

Según contaron los pasajeros de la pesadilla, la primera en morir fue una muchacha de 20 años, a la que decidieron tirar al mar para tener más espacio y por el peligro de infecciones. "Pero poco a poco fueron muriendo otras personas", recordaba desolada la testigo.

Desde la Iglesia y otros sectores hicieron ayer un llamado a reaccionar ante esta tragedia. "La muerte de débiles por la indiferencia de los fuertes o a causa de leyes contrarias a los principios de humanidad y caridad, tiene que hacernos reflexionar, pero sobre todo, hacer que nos sintamos culpables", dijo el arzobispo de Agrigento, monseñor Francesco Montenegro.

El tono vehemente de Avvenire -el diario de la Conferencia Episcopal italiana- que comparó la política antimigratoria con el nazismo provocó una fuerte polémica.

En su editorial sostuvo que cualquiera que sean las políticas adoptadas sobre inmigración "hay por lo menos un error en el cual no es admisible caer: ninguna política de control puede permitir abandonar un barco cargado de náufragos. Y esta ley ordena que en el mar se debe socorrer. Luego, en tierra, se verá si se les da asilo, recepción o rechazo, pero primero las vidas se salvan". Este caso -indicaron- demuestra que hoy en día se aplica "otra ley, la de no detenerse, la nueva ley del no ver", como durante el Holocausto.

La comparación con el exterminio de judíos fue criticada por el vicepresidente de los diputados del Pueblo de la Libertad (oficialista) Osvaldo Napoli: "las acusaciones del diario católico y la comparación -me permito decir injuriosa- entre el destino de los inmigrantes y el Holocausto, ofende atrozmente a los judíos, a Israel y a Italia".

Pero el rabino en jefe de Roma, Riccardo Di Segni, sostuvo que "más allá de las comparaciones históricas, la denuncia contra la indiferencia es absolutamente compartible desde lo moral", ya que "ante todo lo que hay aquí es una emergencia humanitaria, que hay que enfrentar con decisión", ya que "los seres humanos no son una mercadería".

Más duro aún fue Mario Marazziti, vocero de la Comunidad católica de San Egidio, quien dijo que el caso es "una vergüenza para Italia", y que hay que "denunciar un genocidio de más de 10 mil muertos en el Mediterráneo.

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