La Iglesia dice que la "violencia verbal" debilita la democracia

Advirtió sobre el riesgo que implica para el sistema la creciente "conflictividad en las calles y rutas". Y aseguró que la descalificación de los que piensan distinto "limita la libertad de expresión y debilita fuertemente la paz social".
La Iglesia advirtió ayer que el creciente clima de conflictividad social, caracterizado por los cortes de calles y rutas, la violencia verbal y física, el atropello a las instituciones y las amenazas a la libertad de expresión, debilita la democracia. Pero también sostuvo que el nivel "dramático de pobreza" hace necesario lograr estructuras más justas. Fue la segunda vez en 48 horas que el Episcopado se pronunció sobre la situación del país -algo inusual para el estilo eclesiástico que no tiene por costumbre irrumpir dos veces seguidas en la escena nacional-, lo que se leyó como una muestra del grado de preocupación que les provoca.

El miércoles, los obispos le habían pedido al Gobierno que "adopte políticas a fin de cohesionar y pacificar al país". Y a los sectores sociales que solucionaran las diferencias de modo pacífico. Por eso, fuentes eclesiásticas dijeron a Clarín que cayó bien el pedido de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a la CGT para que suspendieran el acto de apoyo al Gobierno que había anunciado para el viernes próximo. Más aún: la determinación presidencial los llevó a no demorar ni un día el segundo pronunciamiento -en un principio se había barajado la posibilidad de hacerlo hoy- con el deseo de insistir en la línea del apaciguamiento.

Los obispos le enviaron ayer un claro mensaje a los piqueteros buscando moderar los reclamos luego de que avenidas como la propia 9 de Julio y accesos a esta capital como la Panamericana sufrieron resonantes cortes y un paro de subtes dejó sin servicio a un millón y medio de usuarios: "Muchas veces no se encuentran fácilmente los medios para atender y canalizar las necesidades legítimas de los distintos sectores, pero siempre se debe tener en cuenta que la democracia no se fortalece en la conflictividad de las calles y rutas, sino en la vigencia de las instituciones democráticas".

Pero también le apuntaron al Gobierno con un concepto que pone en tela de juicio el "modelo de distribución de la riqueza" puesto en práctica por el kirchnerismo y tan proclamado por la Casa Rosada: "La situación de pobreza es dramática para muchos hermanos nuestros y, aunque ya se han definido algunos caminos de ayuda y asistencia para las necesidades más urgentes, se hace necesario alcanzar estructuras más justas que consoliden un orden social, político y económico con equidad e inclusión", señalan.

La declaración -titulada "Somos Hermanos, queremos ser Nación- de dos carillas, fue difundida en el marco del segundo y último plenario de obispos del año que se realiza desde el lunes y hasta hoy en la casa de retiros El Cenáculo, en Pilar. Las sesiones, de las que participan un centenar de religiosos, son encabezadas por el titular del Episcopado, cardenal Jorge Bergoglio. Habían arrancado con un severo diagnóstico de la realidad nacional signado, a su juicio, por "la degradación de la convivencia".

Tras señalar que "en el pueblo existen hondos deseos de vivir en paz y en una convivencia basada en el entendimiento, la justicia y la reconciliación", los obispos dicen que "este tiempo, sin embargo, percibimos un clima social alejado de esas aspiraciones. La violencia verbal y física en el trato político y entre los diversos actores sociales, la falta de respeto a las personas e instituciones, el crecimiento de la conflictividad, la descalificación de quienes piensan distinto, limitando así la libertad de expresión son actitudes que debilitan fuertemente la paz y el tejido social", observan.

También admiten que les preocupa "la crueldad y el desprecio por la vida en la violencia delictiva, frecuentemente vinculada al consumo de drogas, que no sólo causan dolor y muerte en muchas familias, sino que también pone a los jóvenes en el riesgo de perder el sentido de la existencia". Para los obispos "la raíz del problema radica en la crisis cultural, moral y religiosa en que estamos inmersos". Mencionan en ese sentido "la cultura relativista imperante (.) y el individualismo que lleva al encierro y la indolencia frente al sufrimiento del hermano y a un progresivo acostumbramiento y resignación ante la pobreza y exclusión".

Finalmente, recuerdan que la vida en democracia exige respecto a la Constitución, la autonomía de los poderes del Estado, la vigencia de las instituciones y la búsqueda del bien común.

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