La Iglesia debate la participación de clérigos en protestas sociales

Las diferencias entre apoyos espirituales y discursos partidistas y opositores.
La presencia como oradores del rabino Sergio Bergman y del sacerdote Guillermo Marcó en el acto de la semana pasada en Plaza de Mayo frente a la inseguridad abrió un debate en los medios religiosos sobre la participación de clérigos en los reclamos de vastos sectores de la sociedad. No se descarta, incluso, que el tema esté presente en la primera reunión del año de la cúpula del Episcopado, que sesionará esta semana en esta capital, encabezada por el cardenal Jorge Bergoglio.

La cuestión adquiere especial sensibilidad cuando las campañas electorales están a punto de lanzarse por el adelantamiento de los comicios para el 28 de junio que impulsa el Gobierno. Y cuando el conflicto del campo volvió a escalar. Sobre esto último hay que decir que no pocos sacerdotes estuvieron el año pasado, en el peor momento del choque junto a los ruralistas, hasta celebrando misa a la vera de las rutas. Pero en todos los casos conocidos los religiosos buscaron actuar como apaciguadores y promotores del diálogo.

Desde la perspectiva de algunos miembros de la jerarquía católica, la presencia de Marcó en la Plaza de Mayo no es reprochable si busca aportar, desde una posición no partidaria, valores espirituales y cívicos a un amplio reclamo social. Sobre todo de una sociedad que es mayoritariamente católica. De hecho, otro sacerdote participó del reclamo de seguridad en una reciente movilización en San Isidro. El problema para muchos es que Bergman efectuó abiertas críticas a Néstor Kirchner, otorgándole un matiz opositor al reclamo.

Marcó aclara en la intimidad que su discurso no fue opositor. Y efectivamente fue así. La cuestión es que en política no solo cuenta lo que se dice, sino en el marco en que se lo hace. Una primera conclusión es que los clérigos, a la hora de acompañar reclamos sociales, deberán analizar con mucho cuidado donde se meten. Dicho esto más allá de que, como señaló Bergman, las respuestas a la inseguridad no serán efectivas si no existe una verdadera República, con división de poderes y un Congreso que trascienda un papel de mera escribanía.

En todo caso, el cuidado debe abarcar todos los temas. La presencia del presidente de la comisión de Comunicación Social del Episcopado, el obispo Agustín Radrizzani, en la presentación en La Plata del proyecto de Ley de Radiodifusión también suscita polémica. ¿Fue del todo prudente concurrir a un acto donde se corearon consignas contrarias a un medio de comunicación y cuando arrecian las sospechas de que el proyecto puede terminar afectando la libertad de expresión, por más que le asegure el acceso a ondas de radio y de TV a la Iglesia?

Si Bergman tiene en el horizonte un legítimo proyecto de poder, no deberá arrastrar a otros clérigos. Simplemente, porque el partidismo no se lleva con la religión. Por más que para muchos él sea el "vocero del sentido común".

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