El idilio entre Lula y EE.UU. se enfría por las disidencias

Por Carlos Pagni

La Casa Blanca expresó sus primeras diferencias con Brasil por sus decisiones en política exterior

Hace 15 días, The Economist dedicó un largo reporte a una nueva apoteosis de Brasil, apostando a que a mediados de siglo la brasileña podría ser la quinta economía del planeta. Advierte que, a lo largo de su historia, Brasil ha sido democrático, ha tenido baja inflación y ha conocido períodos de crecimiento. Pero nunca esas tres cosas ocurrieron, como ahora, al mismo tiempo.

Los laureles de The Economist forman parte de un acuerdo muy extendido acerca de que los brasileños están atravesando el mejor momento de su historia. Sin embargo, en las últimas semanas, en ese cuadro rutilante han aparecido matices. Algunas voces brasileñas señalan desviaciones en la política del país y, sobre todo, en el liderazgo de su presidente, Lula. También las relaciones exteriores de Brasil aportaron novedades. En especial, las que mantiene con los Estados Unidos. Por primera vez desde la asunción de Barack Obama los gobiernos de los dos países han manifestado severas disidencias. La crisis de Honduras, el acuerdo militar entre Washington y Bogotá y la visita a Brasilia del presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, enfriaron lo que parecía un idilio incondicional. Ese deterioro tuvo una expresión singular el domingo pasado, cuando Obama envió una carta a Lula poniéndolo al tanto de sus diferencias sobre la situación hondureña y las relaciones con Irán.

La primera disonancia doméstica la produjo el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, al comenzar este mes, en un artículo publicado en los principales diarios del país con el título "Para dónde vamos". No habría que aclarar que Cardoso es un líder opositor y que su Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) pretende desplazar del poder al Partido de los Trabajadores (PT). Sin embargo, esas peculiaridades no quitan interés a su llamado de atención.

Cardoso denuncia que Lula pretende instaurar un nuevo régimen, el "lulismo", que él designa como "subperonismo". Advierte que ése será el riesgo que correrá Brasil si el actual presidente consigue consagrar como sucesora a su jefa de Gabinete, Dilma Rousseff.

Cardoso es durísimo. Dice, por ejemplo: "A diferencia de lo que ocurría con el autoritarismo militar, el actual no pone a nadie en prisión. Pero de la propia boca presidencial salen improperios para matar moralmente a empresarios, políticos, periodistas o a quien quiera que ose discordar con el estilo «Brasil potencia»". Y agrega: "Es la lógica del poder sin límites. Poder presidencial con aplausos del pueblo, como en toda buena situación autoritaria, y poder burocrático-corporativo, sin beneficio ninguno para el pueblo. (?) Estado y sindicatos, Estado y movimientos sociales están cada vez más fundidos en los altos hornos del Tesoro".

En el último número de la revista Veja parece resonar la voz de Cardoso a propósito del lanzamiento del film Lula, el hijo de Brasil . Se trata de una biografía apologética del presidente, que será lanzada en enero en 500 salas cinematográficas. Al parecer se trata de una versión lacrimógena de un libro editado por una fundación cercana al PT. En la producción, consigna la nota, participó el equipo de comunicación de Lula. El documental estaría destinado a 5 millones de personas en plena campaña electoral. Ya se sabe que los sindicatos subsidiarán a los trabajadores para que puedan ir a verlo. Veja habla de una peligrosa divinización de Lula.

Para un momento estelar como el que atraviesa Brasil, los reparos de Cardoso y Veja merecerían aquel feliz título de Rubén Darío, "Canción de otoño en primavera". Esas advertencias contra Lula incluyen un pronóstico que comienza a ser habitual: Rousseff podría derrotar a José Serra (PSDB), gobernador de San Pablo. Las encuestas detectaron que 20% de los brasileños votarían por quien indique Lula.

La política exterior también comenzó a tener modulaciones novedosas en Brasil. El permiso de Colombia para que fuerzas de los EE.UU. usen sus bases militares dejó a la diplomacia de Brasil en una posición incómoda. Itamaraty leyó ese acuerdo como un desafío al liderazgo brasileño sobre América del Sur. Lula sostuvo que Obama "no tiene interés en la región".

El otro entredicho tiene que ver con las elecciones en Honduras. Para Brasil son ilegítimas, dado que se realizan sin que Zelaya fuera restituido en el cargo. "Un golpe es un golpe y de él no puede derivarse ninguna legitimidad", dijo el asesor en asuntos internacionales de Lula, Marco Aurelio García. Washington, en cambio, dio por cerrada la crisis con esos comicios.

La cuestión iraní también separó a Obama de Lula. En su carta, el presidente de los Estados Unidos pidió a su colega brasileño que expresara a Ahmadinejad la necesidad de un compromiso con la no proliferación nuclear. Pero Lula respaldó el derecho de Irán a utilizar la energía atómica para fines pacíficos. La oposición hostigó al presidente. Serra le recomendó "que pregunte a su amiga Cristina Kirchner quién es Ahmadinejad". Aún así, algunos expertos entienden que el entredicho de hoy puede convertirse en una convergencia de mediano plazo con Washington respecto de Irán.

Estas diferencias deberán ser procesada por nuevos actores. Obama pretende destacar en Brasilia a una primera figura del Departamento de Estado: Tom Shannon, hasta ahora subsecretario para las Américas. Pero el tránsito de Shannon es accidentado. Su acuerdo en el Senado está bloqueado por los republicanos, que objetan sus gestiones en Honduras y lo acusan por sus negociaciones con Cuba.

Lula destacará a Mauro Vieira como su nuevo embajador en Washington. Vieira es el diplomático más cercano al canciller Celso Amorim y tiene un vinculo directo con Lula. La llegada de Vieira a los Estados Unidos es un reconocimiento a su excelente y por momentos delicada gestión como embajador en Buenos Aires. Lula enviará a Buenos Aires al hiperactivo Enio Cordeiro, hasta ahora responsable de la política brasileña hacia América del Sur. Cordeiro acaba de aprobar el examen ante el Senado de su país, donde afirmó -entre otras cosas- que en Venezuela hay libertad de prensa y de expresión. A la Argentina le ha tocado, por lo visto, un brasileño benevolente.

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