Sin "ideas" para el plan de viviendas

Con la lluvia, la sensación de abandono parece inevitable. El agua no hace más que exagerar el barro y la distancia hasta la parada del colectivo.
A cuatro cuadras. La escuela está lejos, el trabajo está lejos, el hospital está lejos, el centro comercial está lejos. Y no deja de llover. "Esto no es lo que prometieron", se queja una de las habitantes del complejo habitacional de Esteban Echeverría, que alberga a más de mil inquilinos. El lugar no tiene nombre, y sus casas no tienen número.

Es uno de los tantos barrios nacidos de los Planes Federales de Vivienda, I y II, lanzados por los gobiernos de Néstor (en 2004) y de Cristina Kirchner (en 2007), sucesivamente.

Desde la Provincia, territorio donde se asientan el mayor porcentaje de los complejos habitacionales otorgados por la Nación, las respuestas que atiendan la situación no parecen contener siquiera el malestar de los vecinos.

Desde el clásico traslado de responsabi-lidades hacia el Gobierno nacional, las empresas concesionarias de las obras, e incluso alguna mala gestión municipal, hasta la presentación de una propuesta mediática, tan simpática como inconsistente. Se trata del concurso Ideas, presentado por el ministerio de Infraestructura bonaerense, por el que se convoca a los arquitectos matriculados de la Provincia a que presenten proyectos de urbanización para los barrios construidos bajo los parámetros de los planes federales.

Se toman dos emprendimientos como casos testigos. El de General Rodríguez, con 1.900 viviendas, y el de Florencio

Varela, denominado Sant Sofía, con 742 casas. Ambos complejos se encuentran situados en los bordes de la ciudad, quedando excluidos y marginados de su infraestructura básica de servicios, y con la presencia cercana de arroyos, rutas, líneas de alta tensión, entre otras incomodidades.

"Es una propuesta que busca atender

un tema puntual pero, a la vez, salir de la coyuntura, de lo inmediato, de lo urgente", aseguran desde el ámbito oficial.

"Es el pie para elaborar una planificación de políticas habitacionales para largo plazo; la idea es posicionar estos temas en la agenda pública", indican.

Pero en la práctica, y frente a la emergencia habitacional de las familias damnificadas, la iniciativa se parece más a una humorada que a una respuesta al problema.

En primer lugar, porque sólo se toman dos casos puntuales y no existe la seguridad de que se siga igual proceso con otros complejos.

"Es la intención, pero no está definido", dicen desde el área a cargo.

En segundo término, porque no existe presupuesto asignado para la concreción de la iniciativa.

"Intentaremos ver cómo financiaremos estas obras", dicen.

La propuesta, iniciada por la anterior gestión del área de Viviendas, establece un premio para el ganador de 9.000 pesos y de 4.000 para el segundo lugar.

Estos, lejos de entregarse en una ceremonia donde al menos sean notificados los vecinos de los barrios involucrados en el certamen, serán otorgados en un marco más protocolar: el cierre de la Bienal de Arquitectura, que se desarrollará el martes 13 del corriente mes.

Los casos donde se observan deficiencias son variados. Van desde la falta de servicios esenciales, como agua potable, cloacas, luz, gas, teléfono, hasta el pavimento y el difícil acceso al sistema de salud (las salas y hospitales se encuentran

a muchas cuadras), de educación (no se adecuó la capacidad de las escuelas de la zona) y de transporte, que en general no amplía el recorrido hasta el nuevo complejo de viviendas.

La mayoría de los ejemplos se observan en el Gran Buenos Aires, aunque existen también falencias en barrios de Mar del Plata, donde la gente denuncia que la obligan a pagar la instalación de gas sin posibilidad de financiamiento. Baradero, donde los vecinos debieron mudarse sin contar con agua ni luz. Necochea, donde las viviendas se hunden sin remedio, en el medio de un barrio descampado. O el caso de Junín, donde la Nación no tuvo en cuenta el tendido de energía, por lo que al momento de la inauguración se encontraron con la sorpresa de que no había corriente. El Municipio debe afrontar ahora los costos de las tareas, un gasto que no estaba previsto en el presupuesto. La falencias del Gran Federal, como irónicamente muchos lo llaman, perjudica no sólo a los adjudicatarios, sino también a muchos de los jefes comunales, que deben padecer los reclamos de los vecinos. "Están molestos porque tuvieron una escasa participación en el diseño de los planes y ahora tienen que soportar las protestas de la gente", dice un dirigente cercano a un intendente del Conurbano. "Porque los vecinos son así: aunque saben que no tenés la culpa, vos sos el que está más cerca, te conocen, entonces, te van con todos los reclamos", agrega.

Muchos jefes comunales, que esperan acelerar el proceso de culminación y entrega del Plan Federal I, miran con desconfianza la puesta en marcha del Federal II. Temen que un tema tan delicado termine siendo un nuevo problema. "Nadie va a rechazar un plan de viviendas, pero hay que ver mejor las condiciones, porque después termina siendo un problema mayor, en vez de una solución", expresan desde las oficinas de varios municipios.

En La Plata, donde funcionan las dependencias de Obras Públicas, no ofrecen mayores respuestas que las informadas.

Aseguran que el trato con los jefes comunales es muy bueno, "de trabajo en conjunto", dicen, pero ni siquiera pueden ofrecer el servicio de intermediarios con el Gobierno nacional.

"Los intendentes se manejan directamente con Infraestructura de la Nación, pero, aun así, lo que obtienen está muy condicionado", indican.

Mientras, desde la Nación exigen a la Provincia y las comunas acelerar el proceso, "como sea", para comenzar a mostrar las obras, tan esperadas por los votantes.

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