HURACAN 2 - GIMNASIA (J) 1 - Touching in the rain

Huracán arrancó abajo y con sus hinchas impacientes, pero no se apartó de su fórmula y apostó al toque, sin desesperarse. Y tuvo su premio: triunfo y fiesta.
Con ese cielo negro que amenazaba con caerse en Patricios, con el cabezazo de Desvaux que complicó el panorama, con la cancha pasada por agua y los hinchas impacientes, "esta tarde cueste lo que cueste" en el primer cuarto de hora, Huracán decidió tomarse las cosas a su modo: toque y más toque, sin desesperarse. Si hasta el 0-1 estaba jugando mejor, con tenencia de pelota y cierta peligrosidad en ataque, acertó en no moverse de esa forma de encarar el partido. Y los nervios iniciales de la tribuna terminaron en fiesta, porque Huracán ganó y gustó, buscó el triunfo por un camino saludable y conseguirlo así le dejó un gustito extra.

Este Huracán viene mostrando que, más allá del plantel y las limitaciones, un equipo puede intentar un juego prolijo, ambicioso y efectivo. El toque no aporta sólo en el aspecto estético: Cappa enfureció cuando Monzón la reventó en un saque de arco en lugar de salir con los laterales porque así regaló la pelota, en lugar de cuidarla.

El circuito de toque se apoyó en el buen nivel de los laterales, para mostrarse como opción y para salir. Y en la jerarquía de Bolatti, el alma del equipo que a esta altura ya se metió en los hinchas casi como ídolo: en los últimos quince minutos, cualquier movimiento o intervención suya generaba aplausos cerrados. Y fueron merecidos: tocó, cortó, clarificó, resultó generador de jugadas limpias para González, De Federico y los laterales, y así se armó un circuito virtuoso y vistoso.

La parte pragmática, también decisiva, la aportó Nieto. Si la mayoría insiste tanto en el toque que en algunos casos exaspera a los hinchas, el (1)9 se muestra en el área dispuesto a dejar de lado cualquier parámetro de estilo con tal de convertir. Bienvenido el contrapeso, en este caso clave para encaminar el partido con el cabezazo del empate. Unos minutos antes había estrellado otro en el palo, y Goltz no la pudo empujar a un metro del arco. Huracán, al toque bajo la lluvia, generó profundidad y situaciones.

Gimnasia fue la contracara. Sin recursos, le costó hacer pie en el partido aun después de encontrarse en ventaja sin merecerlo. Se replegó demasiado, sin poder cortar el juego de Huracán, y apenas apostando a los pelotazos como único intento para lastimar al rival. Labruna metió dos cambios en el entretiempo y no logró una reacción, una muestra de falta de alternativas. Un cabezazo esquinado de Calandria fue lo único que inquietó a Monzón en la parte final. Endeble, como sin resto anímico, golpeado por las urgencias en el Promedio y los malos resultados en este torneo. Pero si no se anima... puede ser peor. Huracán le demostró que no es tan complicado intentar jugar, tocar, hasta con lluvia y el cielo negro...

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