Huracan se cayó

No fue Huracán el protagonista de la noche del Ducó, No hubo continuidad para el entusiasmo de las primeras dos fechas. El dueño del viernes feliz fue Gimnasia La Plata. El equipo de Leonardo Madelón se impuso con autoridad y consiguió, además de tres puntos importantes, la sensación de que la B Nacional no debería ser un horizonte cercano.
Las últimas escenas del Huracán de Angel Cappa (ese notable 4-1 ante Racing, en Avellaneda) era una invitación para concurrir al Ducó. Era un propuesta, una posibilidad, una ilusión naciente. Por lo que sugería Javier Pastore, por lo que proponía Matías De Federico, por lo que jugaba Mario Bolatti. Pero no, una modorra de veinte minutos pareció deshacer todo aquello de dos golpes: esos goles de Gimnasia La Plata que transformaron al Huracán líder en el Huracán de las dudas repetidas del Apertura.

Hubo un detalle clave para que eso sucediera: la posición de Sebastián Romero sobre Bolatti. Despojado de libertades, el mediocampista central de Huracán no tuvo la comodidad para recibir y jugar. En consecuencia, perdió la influencia decisiva que había exhibido en los dos primeros partidos del Clausura.

Los protagonistas esperados, entonces, dejaron espacio a otros protagonistas bajo el cielo del Ducó: un chiquito que suele jugar a lo grande y se llama Franco Niell fue determinante. Al minuto, pegó un tiro en el travesaño. A los 16, definió de manera impecable ante la salida de Gastón Monzón para poner el 2-0 y en la última jugada del primer tiempo, hizo un sombrerito para aplaudir hasta la próxima fecha; después en el mano a mano ganó el arquero local. De la única jugada relevante que no participó fue la del primer gol: centro de Patricio Graff desde la izquierda y cabezazo de Diego Villar en el segundo palo.

Huracán intentó volver a aquello de Avellaneda, ya en desventaja. Fue, buscó, generó llegadas, convirtió a Gastón Sessa en protagonista central. Pero no pudo descontar antes del final del primer tiempo.

Ya en el complemento, Cappa puso más juego: entró Patricio Toranzo por Leandro Díaz. Trató de tocar, de generar espacios con movilidad de sus creativos. Pero jamás consiguió desequilibrar. Un tiro de Pastore, algún centro, pero poco en comparación a su necesidad.

Para colmo, a los 16, se fue expulsado Carlos Araujo. Y así, con diez jugadores, Huracán parecía estar ante lo imposible: hacerle al menos dos goles a un Gimnasia granítico, dispuesto a rasparse las rodillas toda la noche para sumar de a tres.

Y así fue. Porque además todo lo que produjo (que no fue ni suficiente ni mucho) tuvo un desenlace repetido: la seguridad de Sessa. Así hasta el final. El del grito feroz de Gimnasia; el de la decepción para Huracán.

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