Huracán aprobó un examen difícil y sueña con recibirse

Huracán aprobó un examen difícil y sueña con recibirse
El local no brilló, pero tuvo actitud para buscar el triunfo. A tres fechas del final, por ahora es puntero.
Huracán aprobó otra dura prueba en su camino hacia el título y superó a Banfield con un par de goles de sus volantes más defensivos. Así, un equipo del club de Parque de Los Patricios vuelve a estar en el primer puesto faltando tres fechas para el final después de 15 años, algo que había logrado en 1994 por última vez con aquella formación que dirigió Héctor Cúper.

El primer anunció que mandó Huracán sobre su realidad diferente de la de las grandes jornadas fue su falta de precisión. Como de entrada se notó que la pelota no se deslizaba como habitualmente lo hace de Pastore a Defederico, del zurdo a Bolatti, del Súper héroe del Globo para Toranzo, el plan de Banfield de jugar un partido áspero, proclive al roce y con tendencia a la lucha empezó a equilibrar un desarrollo que, en lo previo, se imaginó de otra manera.

Todo esto, se habla del negocio de Falcioni, claro, favorecido por un árbitro con debilidades como Collado, que permitió cinco infracciones a Pastore y seis a Defederico en la mitad inicial, lapso en el que mostró sólo una tarjeta amarilla.

Cuando un equipo no anda todo lo derecho con la pelota como exigen las circunstancias, del medio hacia su arquero debe mostrar solidez para no atravesar penurias. Por eso cuando Goltz cometió dos errores seguidos -impropios de un jugador de Primera con más de 100 partidos en el lomo-, el visitante puso un 1-0 que llenó de tensión a la multitud que fue a sostener fervorosamente al equipo de Cappa. Fue el uruguayo Fernández quien aprovechó la falla del zaguero y central y definió sin problemas ante Monzón.

Quiso reaccionar Huracán con más juego y un par de llegadas, como aquel disparo recto de Defederico que contuvo Lucchetti y un cabezazo de Medina sin fuerza que el arquero detuvo fácilmente.

Mientras Banfield seguía metiendo y metiendo con Pío y Erviti más la presión sobre los talentosos de Huracán, el local seguía equivocándose en la defensa, como aquella pelota que le quitaron a Eduardo Domínguez y que Bertolo no tradujo en gol porque su derechazo salió por arriba.

Pero cuando un equipo tiene juego y convicción, cuando le falta una virtud es probable que le aparezca la otra. Con errores y sin claridad, igualmente Huracán continuó buscando su suerte. Hasta que un minuto antes del cierre del primer tiempo, Bolatti conectó un derechazo con algo más de 30 metros de recorrido y vulneró brillantemente a Lucchetti.

El segundo tiempo no cambió demasiado en su arranque. Huracán continuó buscando la victoria desde su idea y Banfield, como jugando con el reloj en la cabeza, cada vez más cerca de su arquero y dispuesto a interrumpir más que a construir.

Todo empezó a derrumbarse para el equipo sureño cuando Devaca embistió a Defederico y Collado lo expulsó. Huracán seguía cerca del triunfo no podía perforar el cerrojo diseñado por Falcioni.

De repente, desde el banco de Huracán llegó otra decisión diferente de lo que es habitual en estos casos. Lo usual cuando no llega el gol es sumar delanteros, como si de la mano de la cantidad llegara la eficacia. Pero Cappa eligió otro camino: afuera Medina, su única referencia de área, y adentro Alan Sánchez, un volante con movilidad y apreciable buena distancia.

Y cuando el partido entró en el último cuarto de hora, Toranzo desde la izquierda metió un hermoso derechazo que se clavó en el segundo palo de Lucchetti.

Así, con delirio popular y la punta en su poder se cerró otra noche gloriosa para Huracán.

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