HUMOR POLITICO - Las gatitas y ratones de Duhalde

Por: Alejandro Borensztein

Una cumbre secreta peronista no es moco de pavo. La nota del jefe era bien clarita: "Te me vas a lo de Duhalde. Ojo que son todos traidores. Firmado: NK de Fernández". El Lole me pasó a buscar por Palermo. De entrada nomás, me aclaró que él ya no tenía más nada que ver todo esto, y que me llevaba porque ya habíamos quedado de antes. No había terminado de abrocharme el cinturón de seguridad, que ya estábamos en el Puente Pueyrredón.

El tipo hablaba sin parar: "Avisale al Jefe y a toda la banda, que de ahora en más, no cuenten más conmigo". Mientras manejaba con un dedo, repetía nervioso: "Y con respecto a Duhalde, yo te dejo en la puerta y me voy. Ya dije en su momento, que vi una cosa que no me gustó nada". Traté de explicarle que eso fue hace mucho, que las cosas cambiaron, y que además él nunca contó qué fue lo que había visto que lo hizo renunciar a ser el candidato de Duhalde y, por ende, dejarle libre el camino a Néstor. "Ya te dije. Lo que vi, fue tremendo. No me preguntes". En Lanús, paramos un minutito para vomitar y al toque me dejó en la puerta de la casa de Duhalde, en Lomas de Zamora.

La puerta estaba abierta. Entré despacito y aparecí en una inmensa sala. Al fondo, sentado en un sillón, estaba el Compañero Eduardo acariciando un gato siamés. "Todavía no llegó nadie, sentate. ¿Querés picar algo?" Le agradecí y me senté en lo primero que tenía cerca. Un puf a rayas, verdes y blancas. "Yo si tengo hambre" me dijo. Y entonces sucedió algo que no me podré olvidar jamás. Tomó al gato por la cola, lo elevó por sobre su cabeza echada hacia atrás, y repentinamente su cuello y su boca se agigantaron, casi como un gran balde. Al igual que los personajes de la vieja serie "V", dejó caer el siamés en su gigantesca bocaza, sin que el pobre animal, me refiero al gato, pudiera reaccionar. En un segundo se lo tragó. Me miró fijo, sus pupilas se pusieron fosforescentes y en perfecto arameo me preguntó: "¿Seguro que no querés nada? Yo, que algo de arameo entiendo, lo miré con un poco de miedo y pregunté: "¿Sandwichitos de miga, no hay?". "Yo te traigo lo que quieras", dijo Chiche, que se había asomado desde la puerta de la cocina. "Vos Edu, ¿querés algo más?", le preguntó mientras le dejaba en una mesita ratona, una jaulita con dos cobayos. Uno blanco y uno verde.

Justo en ese momento, se escuchó llegar una tropilla de caballos. Nos asomamos a la ventana y vimos al Compañero Solá, cabalgando, mientras una banda de extras de televisión, disfrazados de gauchos, lo saludaba a su paso. Cuando lo volví a mirar a Duhalde, había un cobayo menos. El verdecito, pobre. El compañero Felipe entró al salón y rápidamente lo encaró al Eduardo. "No entiendo que pito toca Narváez. ¿Qué clase de peronista es ese? ¿Para qué lo necesitamos?". Duhalde lo miró, mientras dejaba en su jaulita al cobayo blanco que ya se la veía venir. "Siempre hace falta un chambón que ponga la mosca para la campaña. ¿O la vas a poner vos?" Solá se quedó sin argumento, pero insistió: "Es injusto, ¿donde estaba este tipo cuando el peronismo resistía, durante las proscripciones, o en la renovación del 85? Duhalde giró, me miró fijo y mientras sus pupilas se ponían otra vez fosforescentes, me dijo: "fardinen lokshn", que en yddish, quiere decir "juntando dólares".

Al toque apareció Mauri, rodeado de otros extras de televisión, que hacían de pueblo que lo quiere mucho. Entró firmando autógrafos y escoltado por las porristas de Boca. "Con tanto ególatra, no vamos a poder acordar nada", dijo Chiche. El Compañero Pro, se metió rápidamente en tema. "El colorado no está mal, es una cara nueva y encima tiene guita". Duhalde acompañaba la explicación: "Además es colombiano y no se si va a poder competirles por la presidencia". Ahí Macri se avivó: "es el Navarro Montoya del peronismo, ja, ja". Duhalde cambió el tono: "Yo me animé a ser el vice de Menem. Pero ahora, todos tienen un ego tan grande, que no pueden ser el segundo de nadie. Tampoco se puede hacer un acuerdo con Lilita. Ella jamás se bajaría del primer lugar de una fórmula". Macri acotó, "El vice de ella podría ser Fabbiani, ja, ja!!". Chiche lo miró mal: "Si querés entrar al peronismo, anda sabiendo que no nos gustan los chistes de derecha". Yo estuve a punto de decirle que algunas veces si les gustan, pero me dio miedito. Enseguida, se escuchó una base de música electrónica y vimos venir una caravana de autos blindados. Era De Narváez. "Ahí viene el que sólo acepta peronistas por convicción," dijo Solá. Chiche miraba por la ventana.

"Yo no dudo de las convicciones peronistas de Narváez. Solo que se hace difícil vérselas a través de los vidrios polarizados del Audi blindado". Solá estaba embroncado: "Aclaremos rápido antes que entre el quía. Para mi es muy importante ganar la diputación por la provincia de Buenos Aires". Yo estuve a punto de avisarle que él ya es diputado por la provincia de Bs. As. Que de hecho acaba de asumir hace solo un año y que sería mejor que laburara para completar su mandato, antes de volver a presentarse a elecciones para tratar de ganar el cargo que ya tiene. Preferí callarme la boca. Al fin y al cabo, Narváez también ya es diputado por Bs. As. y hasta Michetti, está hablando de dejar el Gobierno de la Ciudad, que recién asumió, para jugarse la candidatura por Capital. Se ve que se aprende rápido.

Narváez entró haciendo la V de la victoria con los dedos, y repartiendo ejemplares de El Descamisado. "estoy suscripto, la recibo todas las semanas". Le estaba por decir que esa era la revista de los Montoneros y que el último número salió en el 75, pero en ese momento Solá lo abrazó y con una sonrisa le dijo: "Bienvenido al Peronismo, macho" y empezaron a hablar. La charla se fue calentando hasta que Duhalde los paró en seco. "Acá el único objetivo es arruinar al kirchnerismo. Están desgastados y para octubre se van a caer a pedazos". Y mirándola a Chiche, con el cobayo blanco en la mano, le preguntó: ¿Estás de acuerdo?". Chiche hizo una pausa, pensó y arrancó su explicación: "Comparemos gobiernos y meadas. Cuando uno está volviendo a casa y siente que se está pillando encima, a medida que se acerca a un baño, la orina acelera su camino hacia la salida. Cuanto más cerca del baño estamos, más nos convencemos de que no llegaremos a tiempo. Los esfínteres se rinden y se entregan unos segundos antes de lo necesario, pero ahí surge un fenómeno inexplicable, que es la contención por gracia de Dios.

A los gobiernos, les pasa exactamente lo mismo. Meses antes de la elección, la catarata de problemas contenidos, se avalanchan descontroladamente, dando la impresión que no podrán resistir la hecatombe. Pero ojo, no hay que subestimarlos. Al final, puede aparecer la famosa gracia divina, y hacerlos llegar a destino". Se hizo un silencio. La metáfora no era muy finoli que digamos, pero nos dejó a todos atónitos. El pobre cobayo lo miró a Duhalde como diciendo, "Y bueno, dale, comeme y terminemos.". Yo me fui acercando a la puerta de salida. El Compañero Eduardo, me acompañó. Antes de despedirme, y pensando en lo que vi, y en el Lole y en el Jefe, y otros más, traté de aportar lo mío: "¿Porque no hacen una interna entre los peronistas y dejan de joder al resto de los argentinos? Duhalde encendió de vuelta sus pupilas y me contestó, ahora si, en perfecto castellano: "No hay resto de los argentinos". Me fui caminando. A mitad de cuadra, me crucé al cobayo blanco que escapaba corriendo como un loco. En su desesperación, no vio venir el auto del Lole que equivocó el camino a Capital, y volvía a mil por hora desde Bahía Blanca.

Fue un segundo. Pobre cobayo. No hay vuelta que darle. Se ve que es muy difícil zafar.

Comentá la nota