Lo humilló.

Lo humilló.
SUPERCLASICO DE VERANO / BOCA 2 - RIVER 0: Los pibes de Boca se divirtieron con River, que ve una camiseta azul y amarilla y se hunde más todavía. "Que nacieron hijos nuestros", terminaron festejando.
Aunque le llene la cancha de chicos, Boca achica a River. Así de claro y le pese a quien le pese. Boca le pone a River una Cuarta reforzada y le gana. Y no sólo le gana: lo baila. Y es capaz de hacerle precio de verano.

¿Cómo se explica que en todo el partido ningún jugador de River fuera capaz de superar a una dupla central con edad de Cuarta? El Falcao de anoche no tuvo nada que ver con el que se rompió el alma contra todo San Lorenzo. Mucho menos tiene que ver este Rosales con el que alguna vez fue convocado por Bielsa (para la Selección, sí). Así y todo, tan bajos como están, ellos y los demás jugadores de River no pueden ofrecer tan poco. ¿Pero qué pasó? Boca los achicó. Todo River fue reducido a la mínima expresión de un equipo. Y que agradezca que no se llevó una goleada. Porque opciones para Boca hubo de sobra, sobre todo los tiros de Gaitán: uno al lado del ángulo, otro con tres dedos que dio en el palo y el último, a colocar, que se fue por arriba del travesaño. Todo mientras Ferrari vivía desconcentrado y habilitaba hasta a Palermo y el resto parecía hacer todo lo posible por no marcar. O disimularlo muy bien si lo hacía.

Lo de Boca tuvo la virtud de la sencillez. Si Forlin se tiene que parar como cinco, no se complica la vida, toque corto y rápido, buena ubicación y listo. Si hay que improvisar con Fondacaro de ocho (por la lesión de Chávez), ahí van a estar los demás para que no sienta el peso de un superclásico, que juegue como en las Inferiores y que no le tenga miedo al ridículo si decide probar al arco y le sale un tirito. Si Galmarini mete una plancha de expulsión antes de los cinco minutos, inmediatamente Viatri le sacude el codo a Quiroga y deja claro que a este Boca no lo van a amedrentar así. Boca juega como Boca, tiene identidad definida. Por supuesto que importan los nombres, claro que se los extrañan a Riquelme y Palermo cuando no están, pero la camiseta va por delante. Boca respeta su estilo, más allá de lo que digan los documentos de la lista de buena fe.

Y la confianza, también está la confianza. Mientras la de River andá a saber por dónde hay que buscarla, a Boca le sobra. Un ejemplo: Gaitán. Ya sabe que será el reemplazante de Dátolo para jugar por la izquierda, al menos en las primeras fechas. Anoche se movió por ahí y se cansó de perforar las líneas rivales. ¿Más ejemplos? Roncaglia. Jugando como lateral derecho y con su equipo ganando fue capaz de recibir en el punto del penal, humillar a Ferrari y definir de zurda como un... defensor. Pero como un defensor con confianza, claro. Un defensor que va al ataque con un objetivo y no porque sí.

Boca no hace las cosas porque sí. Las hace porque corresponden. Y contra River, últimamente, parece que las hace mejor todavía. Si se queda con diez en el Monumental, le gana igual. Si se queda con diez en Mar del Plata y se pone 0-1, no pasa nada, se lo da vuelta. Y mientras River pone en Mendoza lo mejor que tiene porque no quiere sentirse humillado otra vez, ¿qué hace Boca? Lo vuelve a humillar, con los pibes, con los suplentes, con un arquero recién llegado. Pero es lo de menos, lo que cuenta es la camiseta, que es la de Boca.

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