HUGO 1° AHORA POR LA SILLA DE SCIOLI

Por: Pablo Ibáñez

Hugo Moyano sueña con una patria camionera. Se espeja, a la distancia, en Jimmy Hoffa y admira a Lula da Silva, pero su fantasía es ser como otro metalúrgico: Victorio Calabró, dirigente de la UOM que llegó, en los espasmódicos 70, a gobernador de Buenos Aires. Se lo comentó -contó eufórico- días atrás a Néstor Kirchner, y el patagónico lo animó a subirse a la grilla casi desierta de pretendientes a suceder a Daniel Scioli en 2011. A los que escucharon el relato, gente ansiosa, se le dispararon las pulsaciones.

Vio, Moyano, lo que pocos. Mientras el ring de los presidenciales 2011 está híperpoblado, sólo Francisco de Narváez, Scioli si no puede mudarse a Olivos -y, sobriamente, Baldomero «Cacho» Alvarez, que también se lo comentó a Kirchner-, pusieron su GPS hacia el Palacio de calle 5, en La Plata.

Críptico, el camionero desató la fantasía de la gobernación pero no abundó en detalles. Se sobreentiende que su horizonte es el 2011. No antes.

Tampoco delira. El norte de la gobernación, plan sobre el que prometió empezar a trabajar después de la elección, tiene un objetivo de mínima: instalarse como jefe del peronismo bonaerense, butaca que quedó vacante con el derrumbe de Eduardo Duhalde.

A modo de ensayo, a dedo, es vicepresidente del PJ bonaerense, detrás de Alberto Balestrini. En teoría, el vice no es competencia: hace tiempo, el dirigente de La Matanza, juramentó que la coronación de su carrera política era llegar a presidir el peronismo.

«¿Usted me votaría?», retrucó a una periodista de TV cuando le preguntó, hace dos semanas, si quería ser presidente. Moyano asume lo obvio: fuera de Camioneros, donde logra la categoría de semidiós, y del gremialismo, los niveles de adhesión que logra son más que modestos.

No importa. Todo puede cambiar. ¿Acaso Lula da Silva no perdió cuatro elecciones presidenciales antes de ser proclamado? Al brasileño, que está en las antípodas de su pensamiento, lo toma como ejemplo del exitoso tránsito de lo sindical a lo político.

Lula es uno de sus tres modelos. Hoffa, que convirtió al gremio de Camioneros en el más influyente de EE.UU., en lo sindical.; Lula el paradigma de la reconversión; el «meta» Calabró es el reflejo de lo palpable: llegó, por la ventana y a los tiros, a gobernador.

El 24 de enero de 1974, luego del ataque del ERP al regimiento de Azul, Oscar Bidegain fue forzado por Juan Domingo Perón a renunciar a la gobernación. Calabró, su vice, le cerró la puerta y puso llave. Duró hasta el 76: su fantasía la dinamitó el golpe militar.

Tuvo, igual, más suerte que Andrés Framini, el sindicalista de textiles que fue electo gobernador en 1962 pero que no pudo asumir. Toda una curiosidad: Moyano remite a Calabró y casi no hace mención a Framini, uno de los jerarcas de la resistencia peronista.

Es que, a su modo, el camionero envidia secretamente a los metalúrgicos. Es más: reversiona a José Ignacio Rucci cuando plantea, en otras palabras, la idea de una «patria camionera» como en su tiempo expuso Rucci. Hasta ahí la similitud deseada con el metalúrgico.

Digresión: se dijo que gente cercana a Bidegain aportó logística al crimen de Rucci. Alguna vez, Gloria Bidegain, hija del ex gobernador y diputada K contará que unos meses antes de la balacera, Rucci le organizó una cena a su padre, expresión de un vínculo amistoso.

Moyano tiene mando en la CGT hasta 2012. Es decir, hasta después de que termine este mandato K. Para entonces, deja entrever, la empatía con Kirchner no será suficiente. Es vox populi en la CGT: «Mientras ningún sindicalista se ponga contra Kirchner, ninguno se pondrá contra Moyano».

Ese escudo protector no es eterno. Por eso, ante los suyos, Moyano sorprendió con la ocurrencia de ser gobernador.

En el 2011, tendrá cerca de 70 años.

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