De la huerta con amor

De la huerta con amor
Un grupo de jóvenes apuesta a lograr una concientización de que comer sano y de manera económica es posible.
El procurar por el bienestar del otro es algo que no se ve frecuentemente. Para un grupo de huerteros salteños no solo es una frase, sino su filosofía de vida.

Nucleados bajo el nombre de “Chauchas y Palitos “ y “Uncas”, estos jóvenes son los encargados de crear huertas comunitarias donde el único requisito para participar es ser solidarios.

Sin distinción de clases, credos ni ideologías políticas, ellos mantienen en las vías del ferrocarril (Alsina al 800) y en el Centro Vecinal de barrio Miguel Ortiz muestras de su proyecto hecho realidad.

“La idea es solidaria y velar por el bienestar del otro. Recuperamos espacios que están deshabitados, baldíos o como las vías del ferrocarril, lugares marcados como marginales o de cosas ilegales para convertirlos en lugares productivos donde los vecinos, junto a nosotros, puedan sembrar y luego cosechar para alimentarse sanamente, sin estar atados a la compra y venta que lo único que hace es sacar provecho para otros”, dijo a El Tribuno Cecilia Gutiérrez.

Sin alambrado que la resguarde, ni ningún otro tipo de protección, la huerta de Alsina al 800 se encuentra con libre acceso y solo cuenta con un cartel donde se lee : “Si te llevás algún fruto de nuestro trabajo, disfrutalo y volvé a trabajar”.

Palabras que marcan el espíritu de Cecilia, Carla Avila y Vicente Lubrano, creadores de “Chauchas y Palitos”, quienes desde hace tres años no dudan en poner manos a la obra en un sueño con beneficio compartido.

“Si se llevan lo que sembramos no lo tomamos como robo ni tampoco como que trabajamos al vicio, al contrario, esperamos que les sea de utilidad y que puedan comer sanamente. La crisis y la inflación permitieron que las frutas y verduras sean inaccesibles para los pobres y eso no tiene por qué ser así.” , completó Cecilia, una joven actriz que lleva la solidaridad y el cuidado del medio ambiente como banderas.

Entre calabazas, tomates, girasoles y choclos, los huerteros buscan diariamente dejar instalada la cultura de sembrar sin agroquímicos y compartirlo con quienes quieran trabajar con ellos.

Con la misma concepción nació “Uncas”, un colectivo huertero, como ellos mismos se intensifican, y que desde noviembre pasado hicieron base en barrio Miguel Ortiz. Allí, Iván Guerra, Daniela Romano, José Gervino y Lourdes Hernández son los principales impulsores de la huerta que congrega a una importante cantidad de vecinos.

Unidos por el mismo sentimiento de ayudar desde el trabajo comunitario, ellos mantienen las esperanzas de seguir sembrando pero no solo semillas, sino una propuesta en donde la alimentación sana no es un lujo que disfrutan pocos. “Nos llamamos colectivo huertero porque somos un grupo móvil que nos enfocamos en el interés por la producción orgánica de alimentos (libres de agroquímicos, tóxicos y cancerígenos). Eso nos llevó a encontrarnos alrededor del trabajo con la tierra en espacios urbanos, mediante la construcción de huertas comunitarias”, expresó este grupo que en su mayoría está integrado por estudiantes de la UNSa.

“Aunamos el esfuerzo y ponemos en funcionamiento la huerta porque hay una necesidad concreta de alimentación. No nos pagan por esto, pero nos moviliza el hecho de aportar nuestro granito de arena a que este mundo esté un poco mejor”, completaron.

Por los niños

La interacción con los vecinos en barrio Miguel Ortiz se hace extensiva al merendero y comedor que funcionan allí. En él no solo se contiene a decenas de niños sino que desde la huerta comunitaria se enseña a los más chicos principios de agricultura.

“La huerta también tiene que ver con la parte de la educación de los niños. Hay muchos que vienen a ver cómo trabajamos y de paso viven la experiencia de cultivar aprendiendo cómo funciona la naturaleza. Es bueno demostrarles que las frutas y verduras no solamente se consiguen en los supermercados”, aseguró Lourdes. Altruismo para algunos, locura para otros, lo cierto es que a su manera estos huerteros siguen luchando para que comer frutas y verduras sea de manera sana y sobre todo comunitaria.

Con diversidad cultural y respeto por lo regional

“Festejamos la diversidad cultural, reivindicando nuestros valores y creencias, las creencias de todos, distintas a las de uno. Con una mirada crítica, una mirada diferente y específicamente crucial e importante para que dejemos de tener prejuicios, para que podamos ver que nuestra realidad no es la única ni la mejor ni la más sabia, como creyeron en aquellos tiempos de colonización donde todo lo que era diferente era extorsionado, abatido, fulminado. Donde no hubo respeto a las etnias, a la cultura ni a la tierra que nos da de comer”, expresa parte del escrito difundido por “Uncas”.

Nada más oportuno para graficar a este conjunto conformado por estudiantes de la UNSa, amas de casa y hasta un especialista informático.

Sin dudas, una clara muestra de la diversidad tan bien pregonada por estos jóvenes que en su nombre encontraron la manera de denotar a las conocidas lombrices de tierra que con los desechos de su metabolismo sirven como un importante abono en horticultura, floricultura y fruticultura. Uncas marca el regionalismo del término como se las conoce a las mencionadas lombrices en nuestra provincia y permite referirnos rápidamente a que se trata de algo nuestro.

Con mirada internacional

El aporte internacional del grupo lo brinda Lourdes Hernández, quien viene de España y reside en nuestra ciudad desde hace varios años, pero con esposo e hijo salteño, las costumbres no le son del todo ajenas.

Filosofía de vida que se comparte lejos de la comercialización

“No es necesario ir a comprar. Se puede sembrar la semilla y cosechar, para eso no hace falta grandes extensiones de tierra, se puede vivir con el trabajo propio”, explicaron los huerteros.

Lejos del consumismo y abocados a una labor que pocos entienden, ellos viven en absoluto desapego de las cosas materiales con el solo objetivo de “romper el molde” y demostrar que se puede vivir con poco, además de todo lo que representa asistir al otro sin esperar nada a cambio,

La “Gratiferia”

Una de las muestras que evidencian esta filosofía de vida es la realización de lo que ellos denominan como “Gratiferia”.

Una feria más que especial y en la que el dinero y el trueque no son moneda corriente, sólo se necesita llevar lo que no se utiliza en casa y ofrecerlo para el que lo necesita.

“Pueden llevar lo que les guste porque es gratis, no significa un intercambio. Estamos muy contentos de organizarla y esperamos que este año se pueda volver a realizar”, explicaron desde “Chauchas y Palitos”, organizador del evento que convoca a una considerable cantidad de vecinos y que en algunos casos llegan desde localidades aledañas a la capital.

Durante el 2013 la “Gratiferia” se realizó en el paso a nivel de las vías del ferrocarril ubicado en calle Alsina al 800 y donde se encuentra la huerta de “Chauchas y Palitos”.

“Surgimos con la idea de demostrar que con chauchas y palitos se puede hacer mucho, que solo depende de las ganas que se pongan y el interés de ayudar a los demás”, expresó Cecilia Gutiérrez.

También existen los malos momentos

En el camino de la conformación de las huertas comunitarias “Chauchas y Palitos” y “Uncas” se producen no solo buenos, sino malos momentos.

Uno de ellos, o el que más impactó a los huerteros, fue lo ocurrido hace dos años cuando en un baldío en cercanías de barrio El Carmen se destruyó la mayoría de plantas que se habían plantado, entre ellas durazneros donados por el INTA.

“No sabemos por qué hicieron algo así, pero si no querían que estuviéramos ahí nos hubiesen avisado y nos íbamos, pero destruir las plantas de esa manera es algo que nos dolió mucho porque nunca vamos a entender actitudes que no hacen bien a nadie”, contaron.

Las tareas

La huerta comunitaria es un terreno pequeño donde se cultivan hortalizas para consumo de la comunidad y usualmente funciona en terrenos disponibles dentro de esa comunidad. Si no hay suficiente terreno se pueden utilizar balcones, terrazas, materos o cajas.

Para crear una huerta comunitaria no hace falta más que contar con algo de tierra. Para ello los huerteros se encuentran abiertos a cualquier inquietud. Los interesados pueden llamar al (0387) 154761009) o en facebook como: Antialambrelasuncas.

En la huerta comunitaria se cultivan plantas cuyas semillas, raíces, hojas o frutos son comestibles; también árboles frutales como limoneros, naranjos, durazneros, entre otros, si existe el espacio suficiente para hacerlo.

El comedor y merendero de Miguel Ortiz cuenta con la activa participación de madres, entre ellas Lucía Colque, Soledad Durán y Nieves Rocha. Para quienes quieran hacer llegar donaciones pueden comunicarse al (0387) 155275761

Tanto “Chauchas y Palitos” como “Uncas” funcionan con el antiguo sistema de guardado de semillas, el mismo que permite que de un tomate se reproduzcan alrededor de 200 plantas, de un pimiento veinte plantas, además de los zapallos, choclo y cayotes cuando es temporada. 

Las huertas comunitarias son una alternativa para incorporar verduras, legumbres, semillas o especias naturales, con alto contenido nutriente, a la dieta diaria. Clasificadas por temporada, las semillas que se siembran varían de acuerdo a la época del año.

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