Una huelga très, très grande

Los sindicatos franceses movilizaron con éxito a más de un millón de personas para protestar contra la eliminación de empleos
Por una vez, el gobierno y los sindicatos franceses están de acuerdo en una cosa: “La primavera se está calentando”. Por segunda vez en unas pocas semanas, los sindicatos franceses movilizaron con éxito a más de un millón de personas para protestar contra la eliminación de empleos y el empobrecimiento. Y el movimiento parece crecer aún más. El agravamiento de la crisis fomenta el “miedo y la angustia”, analizó el presidente Nicolas Sarkozy. Sin embargo, Sarkozy rechaza nuevos programas coyunturales o sociales porque “las arcas están vacías”. Muchos trabajadores se sienten traicionados por el jefe de Estado, que había asumido como el “presidente del poder adquisitivo” que iba a procurar “el crecimiento hasta con los dientes si era necesario”. “Sarkozy jugó con nosotros”, declaró el representante del sindicato CFDT en el consorcio acerero ArcelorMittal, Edouard Martin. Como consecuencia de la decepción, la base sindical se radicaliza y en las fábricas las protestas son cada vez más espontáneas y duras.

Como en los salvajes años setenta, se están realizando bloqueos a empresas, como en el caso de la farmacéutica GlaxoSmithKline. En Sony France, empleados enfurecidos tomaron al jefe como “rehén” durante toda la noche. Ejecutivos del fabricante de neumáticos alemán Continental fueron “ahorcados” simbólicamente y gerentes portuarios en Marsella fueron víctimas de ataques reales. Si bien por el momento son casos individuales, se están acumulando. El sociólogo Guy Groux, de París, teme una “radicalización con conflictos cada vez más violentos por intereses inmediatos”, por “trabajo aquí y ahora”.

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