"Hubo tiempos muy buenos para la región, pero ya se acabaron".

El economista Enrique Szewach analizó la situación de la Argentina no sólo de cara al futuro sino que buceó en los problemas estructurales que hacen de este un país siempre en crisis.
Hace ya algunas décadas, varios jóvenes recién diplomados en economía fueron convocados por el decano de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Mar del Plata para la creación de un Centro de Excelencia de Investigación. Mar del Plata era la ciudad donde se levantaría esta especie de laboratorio y consejo, y todos aquellos jóvenes se subieron a la idea de manera inmediata.

"Yo había convencido a mi familia, ¡viviríamos en Mar del Plata! -recordó Enrique Szewach- y haríamos algo de vanguardia. Pero llegó el golpe de estado, y al decano innovador lo echaron. Fin del sueño".

Por esto es que para Szewach, uno de los economistas más respetados del país (ex director general de El Cronista Comercial, de la revista Panorama, actual columnista en Ambito Financiero y en Perfil, asesor del Banco Mundial y del BID, consejero de empresas de todo el mundo), Mar del Plata siempre es un tema pendiente. Aunque asegura haberse reivindicado: "Vengo mucho y le saco lo mejor que puedo, la exprimo, tengo muchos amigos".

Asiduo concurrente al coloquio de IDEA o a dar conferencias técnicas (o algunas escapadas para jugar al golf con amigos), Szewach esta vez visitó la ciudad para difundir su libro "La eterna novela argentina, historia de un suicidio", un magnífico relato híbrido que mezcla ficción con análisis económico.

"Al libro lo pensé siempre como una autocrítica y viniendo de un economista éste no se puede realizar sin emplear conceptos y análisis económicos. Entonces me propuse hacer una idea de ficción como excusa para insertar los pasajes técnicos, con la idea de que sea más amena la lectura", dijo a LA CAPITAL.

- ¿Cómo es que surge la idea de la ficción?

- Tal vez sea porque siempre quise escribir una novela o tal vez recordando a algunos profesores que tuve, que no eran muy buenos pero que hacían la clase tan amena que uno terminaba aprendiendo igual. Y recordando también a los otros, a los profesores muy buenos que eran tan técnicos y aburridos que el esfuerzo para entenderlos y aprender era tortuoso.

- ¿Y allí apareció el recurso de utilizar mails como origen de la información?

- Siempre quise que fuera un contrapunto entre dos posturas ideológicas y con prejuicios. Pero el tema de las cartas ya está un poco quedado, surgió lo de los mails, lo de la computadora a la vista... Con la editorial nos pusimos a discutir las formas. Me decían que escribiera algo coyuntural y yo les decía que no, que lo coyuntural lo escribía en Perfil y en Ambito una vez por semana. Yo quería analizar y contar los problemas estructurales. Pero cuando terminé la novela me di cuenta que los temas estructurales son los de ahora también, por eso lo de "La Eterna Novela Argentina".

- Y dentro de esa eterna novela, ¿cómo ve la economía de cara al 2009?

- La economía se va a achicar. Yo soy de los más pesimistas en cuanto al crecimiento, para mí entrará en una caída de -1 ó -2. El problema está en que caerá la recaudación, no vamos a entrar en déficit fiscal pero sí el superávit se va a reducir porque el precio de nuestros productos más vendibles en el mundo cayó un 30 por ciento y entrará menos dinero entonces por las exportaciones, la tablita de Machinea no aportará otro poco. Por otra parte noto una menor actividad, por lo cual el IVA y el impuesto al cheque también estarán estacionados.

- El último registro de 2008 mostró déficit fiscal....

- Sí, en la última parte del año se dio el fenónemo de una fuga importante de capitales, que se había iniciado con el conflicto del campo. Pero en el global hay superávit. El Gobierno tiene un fondo anticíclico que creo con la expropiación de los fondos de pensión. La fuga de capitales no me preocupa para este año, creo que será la normal, siempre y cuando el Gobierno no decida alguna locura.

- ¿Habla de expropiación en el tema de las AFJP?

- Lógico. Lo que pasa es que el Gobierno expropió bienes del futuro, no del presente. Quiero decir que si a la gente le hubieran tocados los depósitos, bueno ya sabemos lo que puede pasar, pero como nos tocaron un fondo que es para el futuro, como son los fondos de pensión, no pasa nada. Así somos los argentinos.

- Da la impresión que es fácil pegarle a los Kirchner...

- No, yo creo por un lado que los problemas económicos en Argentina son obra y gracia y de todos los gobiernos. Radicales, peronistas, peronistas de derecha como Menem o peronistas de izquierda, o progresista, ya ni sé, como los Kirchner. Por eso hablo de la eterna novela argentina. Lo que sí puedo ver, y esto es un dato objetivo, es que en los últimos años se ha desperdiciado uno de los momentos de mayor bonanza para nuestro país. Los Kirchner han maximizado esto del cortoplacismo, que insisto, es un mal de todos los gobiernos. Pero en esta etapa ha sido demasiado evidente.

- Analizando los números usted habrá llegado a esa conclusión, pero ¿tanta bonanza hubo en estos años?

- Sí, fueron tiempos muy buenos, aunque ya se acabaron. Para la región fueron años excelentes, los productos argentinos tuvieron una demanda y unos precios increíbles, pero además de errores en lo económico, acá hubo demasiada política, y digo política en el sentido partidario, del cortoplazo, de conformar a algunos pensando solamente en el poder, en las elecciones. Acá despreciamos el poder de las instituciones.

- ¿No hay respeto por las instituciones quiere decir?

- Claro, por ejemplo, acabamos de ver maravillados la asunción de Obama. Lo escuché hasta de gente de poco poder analítico, quiero decir que casi ni se preocupa por la política. Decían, "qué bárbaro estos tipos, mirá, están los anteriores presidentes, qué organizados". Pero eso no es generación espontánea, son 200 años ininterrumpidos de sistema democrático. Un sistema que produjo a un Kennedy, a un Carter, a un Clinton. Pero podrán decir, también produjo a un Bush, sí pero el propio sistema lo corrige. Es eso de machacar, y machacar, y equivocarse, y volver a insistir. Siempre el sistema por delante. Las instituciones por delante. Pasó con las elecciones de Bush, que la decidió la Corte Suprema. Dijo la Corte: bueno, que venga Bush, total el que se impone a la larga es el sistema. Creo que subestimaron un poco el desastre, pero ese es otra tema. Acá en Argentina estuvimos 70 años, una vida humana entera, destruyendo a las instituciones. Sin pensar en el largo plazo.

- Eso mucho a la gente pobre no le importa, quiere soluciones inmediatas...

- Al pobre no se le puede pedir que piense en las instituciones. Por eso digo que el pueblo es más cortoplacista que los gobiernos. Pero el Gobierno se aprovecha de eso y lo transforma en clientelismo. Ahí es donde los gobiernos populistas entran en acción y el círculo vicioso comienza nuevamente. Gobiernan por los votos, dan electrodomésticos, alguna prebenda diferente, compran votos, para seguir en el gobierno, haciendo lo mismo. Mientras tanto sigue el engaño del federalismo y la distribución.

- ¿Cómo es eso del engaño?

- Y... se engaña... Acá se hablá de federalismo, pero este país es uno de los menos federales del mundo. El problema está en la reforma del '94. Al dejarse sin efecto el Colegio Electoral, pasó a importar más La Matanza, que ocho provincias argentinas juntas. Entonces, al Gobierno qué le va a interesar más, ¿La Matanza o Catamarca, Tierra del Fuego, Jujuy, Formosa? La Matanza. La obra pública prevista para el 2008 va toda al Conurbano. No digo que no haga falta, pero lo que hace eso es mayor concentración. La gente ve obra y va para ahí. Por trabajo o por calidad de vida mejor. Porque aunque no se crea, al destruirse al interior del país la gente vive en condiciones horribles, y ¡hasta el Conurbano es mejor! No hay desarrollo regional en el interior. ¿Qué aparece? El tema de la soja, de las retenciones, de sacar dinero de Marcos Juárez, por ejemplo, para ponerlo en La Matanza por cuestiones proselitistas. ¿De qué federalismo se habla?

- Usted asegura que donde hay pobreza, mantenida o en aumento, el problema es de los políticos del lugar. ¿No cree en que haya países desfavorecidos por cuestiones geográficas, de recursos, de política de otros países?

- Claro que los hay, pero se impone la corrupción a todo eso en niveles de influencia sobre la pobreza. Africa es el gran ejemplo. Es inimaginable la cantidad de millones y millones de dólares que se destinaron a Africa por medio de distintos organismos internacionales, gubernamentales y no gubernamentales. ¡Y se lo robaron todo! Hay un caso paradigmático. Años atrás el Banco Do Brasil aportó 200 millones de dólares para que un país de Africa, que no voy a identificar, construyera una planta de alcohol de caña. Brasil es líder en eso, por lo que aportó el dinero a ese país que tenía su moneda respaldada por la moneda francesa, entonces Brasil arreglaba luego con el Banco de París. Lo cierto es que los containers con la planta quedaron en el aeropuerto de ese país... ¡porque allí no crecía la caña de azúcar! Pero lo peor de todo es que se armó lío, echaron gente, entonces Brasil volvió a aportar... Uno piensa que es para desarrollar el cultivo... ¡No, era una ampliación de la planta! Esos millones se los robaron los gobernantes y el pueblo siguió pobre.

- Los problemas en Argentina entonces, como usted decía, son estructurales, culturales, de una instalación idionsincrática...

- Hace falta un cambio de paradigma en muchas cosas. La palabra gratis es un problema. Nada es gratis. La educación universitaria no es gratuita. Alguien le paga a los profesores, al mantenimiento del edificio, a los elementos. Y muchas veces los paga quien nunca irá a una universidad, en beneficio del hijo de una familia acomodada que le pagó una escuela secundaria de 1.000 pesos la cuota. El chico pobre de Catamarca que compra una golosina con los dos pesos que le dieron por lustrar zapatos paga a través del IVA la educación del que estaciona su auto frente a la universidad. Nada es gratis. Si nos juntamos cuatro amigos a comer y decimos, cada uno pide lo que quiere pero paga su cuenta. A la semana nos juntamos y decimos, todos pidan lo que quieran, que después dividimos en partes iguales. ¿Cuál cuenta será más grande? La última, sin duda. Acá en Argentina todos nos sentamos a comer y dividimos. Todos nos aprovechamos.

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