Los hospitales porteños, en emergencia

Los pacientes esperan toda la noche para sacar un turno y algunos ni siquiera lo consiguen; poco cambió desde la llegada de Macri
Eran las 7.10 del miércoles pasado cuando Enrique Román, un vecino de Cañuelas, de 58 años, se acercó a la ventanilla de turnos del hospital Fernández, en Palermo, con el anhelo de obtener una cita en el día con un especialista en diabetes. Era el segundo de la fila, lugar que había ganado por llegar a las 20 del día anterior, pasar la noche a la intemperie, con lluvia, y cenar una hamburguesa en la calle. Pero ese esfuerzo ni siquiera le valió su recompensa.

"Mire, señor, hoy no va a atender el diabetólogo, nos acaban de informar. Es así", le dice la empleada, sin rodeos. "¡Pero hace once horas que estoy esperando! ¿No me puede ver otro médico?", pregunta, con resignación, el hombre. "Un diabetólogo, no... Hoy no hay. Qué quiere que le diga... Pero lo voy a derivar a un clínico para que le recomiende algún especialista de otro hospital. ¡El que sigue!"

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Miles de pacientes cumplen cada madrugada con la tediosa tarea de hacer fila en los hospitales públicos de la ciudad para ser atendidos por algún especialista, ya que, en su mayoría, los 33 hospitales porteños de la Capital no dan turnos con anticipación y en ninguno, por teléfono. Sobre esta problemática que lleva años nada resolvió aún el gobierno que dirige Mauricio Macri, pues la atención hospitalaria sigue siendo deficiente, según comprobó LA NACION en una recorrida nocturna por los principales nosocomios públicos de la ciudad.

Madres con chicos en brazos, adultos enfermos tapados con una manta para mitigar el frío, y amables empleados sólo contados con los dedos de las manos, completan un escenario tan insólito como repetido.

En el hospital Fernández, por ejemplo, primero se reparten números desde las 6.30 de la mañana y, luego, a las 7, cuando comienzan a llamar desde un numerador electrónico, la gente se apila en el hall central como si se tratara del frenético cierre de una bolsa de comercio.

"No, señor, hoy traumatología es sólo para pie. Sólo para pie. Brazos se atienden mañana", decía una empleada del hospital a una mujer enyesada, que había llegado a las 4 de la mañana y a las 7 era notificada de la novedad cuando iba en busca de su número.

Según la ciudad, en 2008 los hospitales porteños respondieron a una demanda de algo más de 9 millones de pacientes que sacaron turnos por consultorios externos, de los cuales el 51% por ciento fue de no residentes en la Capital. Y las complicaciones para conseguir una cita con un especialista son propias de un sistema operativo precario y colapsado.

Si no, basta con concurrir al Hospital General de Agudos Bernardino Rivadavia, en Recoleta. El deterioro de este sitio, donde cualquier visitante advertirá olores nauseabundos en el largo y descuidado pasillo donde los pacientes esperan horas para sacar turno, parece un escenario poco propicio para gente que busca mejorar su salud. Menos aún si un perro vive allí -es saludado hasta con un beso por empleados del lugar- y se mueve de un pasillo a otro como si se tratase de un médico más.

"¿Usted para qué viene, señor(a)?", pregunta una empleada de guardapolvo blanco a cada uno de los pacientes que esperan en la fila. Y les entrega un papel blanco, recortado y escrito a mano, con una leyenda específica de acuerdo con la necesidad de cada uno. "Ojos", si el paciente desea ver a un oculista, o "gastro", si pretende una cita con un gastroenterólogo, y así.

Qué dice la ciudad

El jefe de Gabinete del Ministerio de Salud porteño, Néstor Pérez Baliño, reconoció a LA NACION que el sistema hospitalario porteño "está sobredemandado", como también explicó que el hospital Rivadavia "tiene un déficit edilicio muy notorio y hasta que no se lleve adelante el Master Plan para recuperarlo lo único que se puede hacer es tapar agujeros".

Consultado el funcionario sobre por qué no se dan turnos por teléfono, dijo: "Nunca se implementó en la ciudad la oferta de turnos por esa vía y sería bueno que algún día se pudiera concretar. En lo que se está trabajando es en la desconcentración hospitalaria. Esto implica un cambio cultural importante y lleva tiempo. Estamos tratando de que los pacientes porteños utilicen el centro de atención primaria (hay 44 salas especiales para enfermedades menores en toda la ciudad) o el programa Médico de Cabecera (por el cual un clínico deriva a un especialista otorgando un turno) antes de ir directamente un hospital".

¿Y qué harán con los pacientes que vienen del conurbano? La solución aún no aparece. "Para esa gente hoy no hay una salida, porque es una demanda que no podemos manejar. Y como viven en la provincia, vienen de madrugada o pasan la noche, se atienden por la mañana y luego regresan a sus casas", dijo Pérez Baliño.

En una recorrida que hizo LA NACION, al igual que hace tres meses, la mayoría de las personas entrevistadas en la madrugada efectivamente eran de la provincia de Buenos Aires.

En otros centros de salud se advirtieron escenarios casi idénticos. En el hospital Pedro de Elizalde (ex Casa Cuna), en la madrugada del miércoles, a las 4.30, madres con sus hijos esperaban en la calle bajo una molesta llovizna. Cuando los flashes del fotógrafo de LA NACION iluminaron esa escena, ocurrió el milagro: las puertas del hospital se abrieron para que los pacientes pasaran. En el hospital Garrahan la gente espera también en la calle para conseguir un turno, aunque la diferencia con otros centros de salud es que la atención de los empleados es muy cordial. Lo mismo ocurre en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, en Palermo.

"Estamos fomentando la utilización de turnos vespertinos, pero la idea de atender a pacientes durante la noche no prosperó. A más de 2000 médicos se les extendió de 30 a 40 horas semanales la jornada laboral para cubrir la tarde", dijo Pérez Baliño.

Entretanto, la carencia de un sistema tecnológico que posibilite la oferta de turnos por teléfono sigue siendo una cuenta pendiente para Macri.

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