El Hospital: un monstruo sin cabezas

El Hospital: un monstruo sin cabezas
Una falla total de conducción, profesionales que se van y no se reemplazan, servicios sin jefes, ausencia de políticas claras, recursos humanos descuidados. Ese es el panorama que pintan los que conocen en serio el Hospital. Pero nadie da nombres por miedo a represalias. Finalmente, apuntan a la secretaria de Salud, Marisa Montani, a la que directamente no ven. Es decir, las tres patas fundamentales de la conducción fallan y el recambio parece imprescindible. También por estrategia política. Y no pocas veces los trabajadores se ven en el medio de una ola violenta que termina incluyéndolos por tener en sus manos la salvación de la ocasional víctima. "El margen de error es muy finito y el trabajo es enorme. Es un volcán", definieron.
Es complejo poder objetivizar una situación como la que se tensa cada día más en el sistema municipal de Salud. Como en casi todos los órganos del cuerpo que, desde el cerebro, maneja José Eseverri, cuando aparece enfermedad, el origen es político. Una buena gestión en áreas importantes parece opacarse tantas veces cuando los problemas de conducción deslucen y anarquizan algunas áreas. Salud -por lo que significa para la vida, por lo que fue como idea del eseverrismo histórico- es un monstruo que cuando estalla lo hace con ruido y consecuencias. Y hoy aparece como el talón de Aquiles de un José Eseverri atinado en algunas políticas que parece tener claras pero tremendamente errático en un área más que sensible.

Cuenta el mito que cuando Aquiles nació Tetis intentó concederle la inmortalidad y lo sumergió en el río Estigia. Pero para que el bebé no se ahogara, su madre lo sostuvo del talón derecho. Es decir que esa precisa parcela de su cuerpo se mantuvo vulnerable. A tal punto, que ésa era la única zona en la que Aquiles podía ser herido en batalla. Y sus enemigos lo sabían.

Ni Eseverri es Aquiles ni el talón es su único punto vulnerable. Pero sí es el más vulnerable. Y sus adversarios lo saben con extrema claridad.

Salvo la Asociación de Profesionales del Hospital y el Sindicato de Trabajadores Municipales, nadie fuera de las agremiaciones se atrevería a firmar el relato de lo que ven y viven todos los días en el Hospital. Pero coinciden -aun desde ideas y objetivos muy lejanos- que el Hospital "es un caos" -esa palabra es común para todos- y que las fallas en las tres patas de la conducción generan un estado de cosas anárquico que termina con servicios sin jefatura -en algunos "hay jefes pero es como si no los hubiera", definen los mismos trabajadores-, gente que se va porque se jubila o porque encuentra mejores horizontes en los efectores privados, espacios que nunca se cubren, salarios muy bajos -"un técnico gana 1.500 pesos y con eso nadie vive", aseguran-, falta de referentes que solucionen problemas, etc.

No sólo el Sindicato -que lo ha hecho públicamente- es el que reclama reemplazos en la conducción del Hospital. Dirigentes con un profundo conocimiento del sistema y médicos y enfermeras que apenas susurran por terror a las represalias aseguran que la administración -a cargo de Nora Gelso, alguien que se ganó el respeto de propios y extraños en su paso por el Concejo Deliberante- es absolutamente cerrada y sin relación con ninguno de los tentáculos del sistema público centrado en el Hospital. Dicen que Alfredo Waimann, el Director Médico, ya no tiene autoridad para detener conflictos. "Se necesita un tipo que mande", recalcan. Waimann fue designado por Julio Alem durante su interinato, cuando el Hospital salía del traumático conflicto entre Héctor Cura y Antonino Ursich que terminó con el despido de ambos. Sin embargo, los que pueden observar con alguna mirada macro el panorama admiten que no es sencillo. Tiene que ser alguien con autoridad, con ganas de trabajar y de quedarse muchas horas en el Hospital, que no tenga demasiada vinculación con la medicina privada, etc. Es muy complicado encontrar a alguien con esas características y dispuesto a hacerse cargo de atajar todas las piezas que comienzan a caerse.

Finalmente, apuntan a la secretaria de Salud, Marisa Montani, a la que directamente no ven. Es decir, las tres patas fundamentales de la conducción fallan y el recambio parece imprescindible. También por estrategia política.

Humanos y recursos

El conflicto que en estos días mantiene enfrentados al Ejecutivo y al Sindicato es la punta del iceberg y salta por un tema casi inconcebible: la falta de pago del plus para quienes trabajaron durante el pico de la gripe A, cuatro meses atrás. Hay quien dice que "la plata estaba y recién lo pagan ahora". Y lo peor, "se lo pagaron a quienes quisieron y a los que realmente pusieron el cuerpo no". Hasta Nora Gelso estaba anotada para cobrarlo. Administrativos, gente que nunca tuvo contacto con pacientes. Y en la lista faltaban muchos de los corrieron riesgos en esos días locos de barbijo y encierro.

Pero en realidad, todos lamentan lo que observan como "un falta total de política de Salud". El Ejecutivo parece no tener rumbo y todas las flechas van a ir a clavarse justo ahí. Al talón derecho.

"El sistema de residentes está prácticamente destruido", asegura quien alguna idea tiene de la gestión. Y en días críticos, dicen, los residentes tienen a su cargo el manejo del paciente que ingresa a al guardia. Un error se paga con una vida. La Emergencia suele ser el nudo gordiano del Hospital. Superada por demanda y por escasez de recursos humanos. Con trabajadores -médicos, enfermeros- sometidos a un estrés de infierno, sin contención psicológica y con salarios que no se relacionan con el nivel de exigencia. En tiempos violentos, de riñas, de accidentes, de balas y cuchillos, todos caen en la Guardia. Allí suelen encontrarse las familias del herido y de quien lo hirió. Y no pocas veces los trabajadores se ven en el medio de una ola violenta que termina incluyéndolos por tener en sus manos la salvación de la ocasional víctima. "El margen de error es muy finito y el trabajo es enorme. Es un volcán", definieron.

Salidas políticas

Al Hospital se destinaron, para 2010, casi cuarenta millones de pesos. Diez más que en el presupuesto 2009. Dicen los que conocen el tema que el sistema informático no es utilizado como corresponde, que la facturación no refleja lo que entra en dinero, que "el Hospital pierde plata a lo loco".

Los médicos -en su mayoría- insisten en que "no hay política de salud" y en que "Marisa Montani sólo ocupa una silla". Es más: "cuando hay conflicto los culpables son los médicos o los enfermeros pero nunca nadie asume la responsabilidad de la conducción". Hoy por hoy, "no sabemos qué es lo que quieren. Hace años que no se sabe adónde vamos". En varios de los servicios "los médicos se van y no hay recambio". En otros, van quedando los de mayor edad. Citan ejemplos como Neonatología o Rayos, donde la deserción ha sido notoria.

La falta de cuidado del recurso humano es una constante en la queja. Y se suma una sospecha que para algunos ya es certeza: "se empieza a notar una especie de revanchismo, como en las peores épocas de Eseverri padre; hay gente que por hablar públicamente es sancionada o despedida", sostienen.

Todo este panorama de decadencia, en el que algunos pronostican estallidos consecutivos en los meses que vendrán, tiene orígenes y soluciones políticas. En primer lugar, el Intendente debería asumir que su política de salud adolece de fallas sustanciales. Segundo: si no hay recambio en la conducción va a ser muy difícil sostener la imagen de gestión cuando el gran monstruo hace agua. Tercero, habrá que definir prioridades. Los recursos humanos, en un área como Salud, son prioritarios. En octubre de 2008 José Eseverri prometió trabajar con la carrera médico hospitalaria. Algo que abolió su padre y es un reclamo histórico. Pasó más de un año y no lo hizo. Pocos días antes había soportado el primer paro de residentes en la historia. Los jóvenes médicos se definían como "mano de obra barata": por poca plata cubren el espacio de los médicos de planta. Todo eso se profundiza.

Las prioridades, sin embargo, siguen siendo otras. Para junio van a estar instaladas 32 cámaras de vigilancia. Sólo seis unidades sanitarias -son más de veinte- van a estar comunicadas a través de una red con el Hospital. Si hubiera decisión política, se las conectaría en su totalidad. Una medida así sería un antes y un después en la calidad de vida de los pacientes más vulnerables, de los barrios más alejados, los que son obligados a tener tiempo para esperar y para sufrir. Los que no se quejan. Pero también desahogaría al Hospital de una asfixia centralizada de años.

Pero todo pasa por la política grande. Aun donde se ve más claro el talón derecho del Intendente. Allí donde, como le sucedió a Aquiles, todos irán a clavarle las saetas emponzoñadas.

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