Horror en España por otro atentado de ETA

Dos guardias civiles fueron asesinados en la isla de Mallorca
MADRID.? ETA sembró ayer el terror en España por segunda vez en menos de dos días, al asesinar a dos guardias civiles por medio de una bomba que redujo la camioneta policial que habían abordado en Calviá, Mallorca, a un deforme bollo de metales calcinados.

Lejos de las versiones oficiales que la daban por desaparecida, la agrupación terrorista vasca ratificó así su decisión de celebrar los 50 años de su creación (se cumplen hoy) con una inquietante seguidilla de crímenes, que podría continuar hoy. El de ayer fue el primer ataque letal de ETA en las islas Baleares y se produjo a sólo 8 kilómetros del lugar donde los reyes españoles suelen pasar sus vacaciones de verano.

Más allá del estupor causado por la difusión de las imágenes de destrucción y muerte de este atentado y el de anteayer en Burgos, que causó heridas leves a 65 personas, la preocupación de las autoridades reside en el hecho de que ETA haya vuelto a cometer ataques en forma consecutiva después de muchos años.

El robo en Francia de dos vehículos similares al que estalló cerca de la casa cuartel de la Guardia Civil de Burgos apuntala la hipótesis de que la ola de atentados podría seguir en las próximas horas, lo que obligó al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a anunciar ayer el refuerzo de las medidas de seguridad.

En la explosión de ayer, en una dependencia que la Guardia Civil tiene en Palmanova, sobre la segunda línea de una playa de gran concentración de turistas españoles y extranjeros, murieron instantáneamente los agentes Carlos Enrique Sáenz de Tejada, de 28 años, y Diego Salva Lezaun, de 27, que habían subido al patrullero todoterreno para llevarlo a un taller para hacerle tareas de mantenimiento.

Tejada era oriundo de Burgos, donde se produjo el primer atentado, mientras que Lezaun, que se encontraba en la ciudad balnearia como parte de un programa de prácticas profesionales, había nacido en Pamplona.

Según declararon a los medios algunos testigos, entre los que se encontraban numerosos turistas británicos y alemanes, el estallido fue similar al de un "gran petardo", por su estruendo seco, y dejó en las cercanías un fuerte olor a goma quemada.

"Cuando me asomé a la ventana vi un montón de gente corriendo y gritando, y todo acordonado y lleno de humo. La gente corría y gritaba y se veía muy asustada, pensando que podría haber otra bomba", señaló uno de los vecinos ante las cámaras.

Y su declaración sobre las sospechas de los otros testigos no era errónea: cerca de cuatro horas después de la explosión la policía encontró en la misma zona una segunda bomba -presumiblemente, también de tipo lapa- adosada a otra camioneta de la Guardia Civil.

Según el comunicado policial difundido anoche, este artefacto, que fue detonado por las autoridades en forma controlada, estaba "en condiciones" de ser accionado y no llegó a estallar porque la camioneta en la que había sido colocado no había sido utilizada en los últimos días. Al igual que con el atentado de anteayer, no hubo aviso previo de la organización terrorista.

Tanto el gobierno nacional como el de las islas Baleares reaccionaron rápidamente y dispusieron, como principal medida de seguridad, el cierre inmediato de todas las vías de comunicación marítimas y aéreas de Mallorca, con el fin de neutralizar la posible fuga de los autores del crimen y facilitar los operativos de rastreo que siguieron al atentado.

La medida, adoptada en uno de los meses de mayor movimiento turístico del año, se extendió por casi dos horas en el aeropuerto de Mallorca y significó la cancelación de 47 vuelos de conexión con la península ibérica y el resto del continente europeo.

Otro de los hechos que causaron preocupación fue la cercanía entre el lugar de la explosión y el Palacio de Marivent, donde los reyes Juan Carlos y Sofía, dos de los blancos favoritos de ETA, suelen pasar sus vacaciones en las islas Baleares.

Aunque para esta fecha del año el matrimonio real suele encontrarse allí, en esta ocasión habían decidido postergar su estadía en ese palacio, ya que habían aceptado una invitación para visitar la isla portuguesa de Madeira.

La visita de los reyes

A pesar del atentado, ayer se confirmó la visita que ambos tenían prevista para este fin de semana a Marivent, donde se reunirán, además, con los príncipes de Asturias. En la residencia real ya se encuentran las infantas Elena y Cristina con sus familias, aunque no se informó dónde estaban en el momento del atentado.

La hipótesis de las autoridades es que el responsable del ataque sería un comando itinerante de ETA, desplazado a la isla para colocar la bomba. En los últimos meses, la organización terrorista sufrió importantes reveses policiales en Francia, donde suelen esconderse sus cabecillas, y en España, con la detención de varios de sus líderes.

Tras el ataque, Zapatero volvió a condenar el accionar y la existencia misma de ETA, aunque esta vez buscó especialmente llevar calma a policías, militares y otros posibles blancos de ataques terroristas.

"El gobierno ha dado instrucciones para que se extreme al máximo la vigilancia, para que se protejan de estos viles asesinos", dijo ayer en La Moncloa.

"Todos los demócratas -agregó- estamos con las fuerzas de seguridad, con el imperio de la ley y el Estado de Derecho. Todos los demócratas juntos estamos decididos a derrotar a ETA", dijo, al tiempo que manifestó públicamente sus condolencias a los "familiares, amigos y compañeros" de Enrique Sáenz de Tejada y Diego Salva Lezaun, las víctimas.

Todos los partidos opositores repudiaron de forma unánime el atentado. El presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, respaldó al gobierno de Rodríguez Zapatero y pidió la "unidad de los demócratas para derrotar a ETA".

Rajoy, Rodríguez Zapatero y otros funcionarios del gobierno viajarán hoy a Mallorca para participar en los funerales de las víctimas.

El atentado de ayer, en pleno corazón turístico de Mallorca, es el noveno de ETA en lo que va del año y el segundo con muertos, después del asesinato, el 19 de junio, del inspector de policía Eduardo Puelles, en Arrigoriaga.

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