El horizonte económico y las inversiones, bajo el riesgo K

Por: Alcadio Oña

Definición de un empresario acostumbrado a recorrer el mundo: "Es difícil hacer pronósticos sobre la Argentina. Aquí todo depende de la opinión de una sola persona. Uno puede hacer apuestas según la lógica que cree haberle descubierto. Pero ¿qué pasa si cambia y en su lógica aparecen otras prioridades?".

Casi no hace falta decir que esa persona es Néstor Kirchner. Ni que sus movimientos siembran incertidumbres. No es usual que los empresarios arriesguen dinero sin ciertas garantías y a veces con un apetito de ganancias sin límites: eso entra en las generales de la ley, pero al fin existe.

Según la visión de las multinacionales, la tasa de riesgo de la Argentina es muy grande. Y algunas imponen a sus gerentes locales que les aseguren una renta del 30 %, antes de autorizar una inversión. Impensable. Por lo tanto, no hay plata.

Nuevamente, el apetito por el beneficio. Pero a la vez temor a lo inesperado o imposibilidad de cuantificar el riesgo K: mal que les pese a los funcionarios, eso también existe y varios de ellos lo saben.

Cualquier consultor de empresas dice que la inversión productiva está casi paralizada. Salvo aquellas donde la perspectiva, claramente la internacional, achica el riesgo. O la que va a la reposición de algún equipo. O en otras resguardadas por el paraguas del poder político: capitalismo de amigos, según frase de Roberto Lavagna y de unos cuantos más.

Todo el mundo sabe que Guillermo Moreno pisa importaciones, pero la magnitud de la caída es un registro del desinterés de la inversión privada. En los primeros ocho meses del año, las de bienes de capital se desplomaron 37 %; un 44 % las de bienes intermedios y otro 37 % las de piezas y accesorios.

Son máquinas y equipamiento imprescindibles para el despliegue de la industria y el campo. Normalmente esas importaciones crecen, si la economía marcha bien y las perspectivas son claras: otra vez, más de lo mismo.

A caballo del veranito financiero y del dólar controlado, han empezado a recuperarse los plazos fijos. Es renta, aunque las tasas sean bajas comparadas con la inflación real. "Eso sí, la demanda de crédito está en el subsuelo", dicen los banqueros. Y en el último escalón, la demanda de las empresas.

Las inversiones significan aumento de la capacidad de producción y alargamiento del horizonte económico. Obviamente, su ausencia equivale a lo contrario. También, a envejecimiento de los equipos disponibles y a ineficiencia. Nada que no se sepa.

Con esa pata débil, hoy la Argentina depende de la inversión pública. Y sobre todo del consumo, que traccionó buena parte de la recuperación de los últimos años: va de suyo que si esta pata también flaquea las perspectivas no dan como para entusiasmarse.

Sin riesgos de default, con reservas y superávit comercial fuertes, más un buen manejo de las presiones cambiarias por el Banco Central, el país está a cubierto de cualquier colapso económico. Una cosa muy distinta es que vuelvan las tasas chinas, un eslogan que se comprobó tan deslumbrante como frágil.

Sólo porque en el mundo sobra plata, el Gobierno ha recibido una oferta de hasta 1.000 millones de dólares. El punto es la tasa: 13,5 % a diez años. Brasil acaba de pagar 5,6 % a treinta años y Uruguay 6,8 % a quince. La cercanía de los países es grande y la diferencia, también.

En los usos de la diplomacia es común no embretar a los embajadores con preguntas incómodas, cuando su país está en problemas o suceden cosas que afuera suenan incomprensibles. Es el caso, hoy, de varios representantes argentinos.

No pasa lo mismo en los cónclaves internacionales de banqueros, porque siempre, por chica que sea, puede existir una oportunidad de hacer plata. Un financista local salió sorprendido de un encuentro reciente: nadie le había preguntado nada.

La política, las decisiones políticas, siempre mandan sobre la economía: para bien o para mal. Y construyen clima. Si un país y sus pobladores viven a los sobresaltos, no puede pretenderse un buen ambiente.

Aún quedan dos años de kirchnerismo. Algunos más con lo que deje el kirchnerismo, sin que de momento se advierta capacidad en la oposición como para articular al menos cinco ideas centrales comunes.

Como sea, esto también cuenta en quienes deben tomar decisiones mirando más allá del corto plazo. No es casual, pues, que en el hoy por hoy reine la inversión financiera de ocasión.

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