Un horizonte sin certezas

Por: Ricardo Kirschbaum

La crisis será larga y penosa. Seguramente el gobierno de Obama nacionalizará los grandes bancos que están temblando en medio del vendaval financiero. La Unión Europea cruje, hay un retiro masivo de fondos de bancos del Este europeo, hay temores que algún miembro de la UE trate de abandonar el sistema euro, que acaba de cumplir 10 años de funcionamiento. El FMI no tiene los fondos suficientes para actuar en la emergencia. América Latina, aunque más ducha en las crisis que la fueron templando, espera el impacto, que será profundo y doloroso.

En un seminario de la OEA que se hizo en Madrid, esos datos impregnaron los discursos de quienes tienen información de primera mano. Felipe González, ex presidente de España, propuso que los gobiernos compren los bancos por lo que valen hoy y los vendan luego cuando la crisis haya amainado por el precio que tengan entonces. Que la inyección de grandes cantidades de dinero a bancos fundidos carece ya de sentido si no hay una decisión de tomar el control de esas entidades. Que hay que salvar al sistema financiero, de una manera inteligente, terminando con la necrosis que llevará a la gangrena, agregó.

Enrique Iglesias, ex jefe del BID y secretario de la Conferencia Iberoamericana, dijo que no hay otra salida que la nacionalización de la banca y la capitalización de los bancos de asistencia. A horas de regresar de Washington, advirtió sobre las consecuencias sociales de la fenomenal crisis y de su impacto sobre la gobernabilidad en América Latina.

Sobre el futuro, González piensa que la luz comenzará a verse a fines de este año. Iglesias es más pesimista: de una crisis tan honda no se saldrá rápidamente. Se habla, entonces, de 2011 o 2012, un horizonte todavía muy lejano.

Acaso ese ominoso futuro esté más cerca o más lejos. Hay opiniones, pronósticos pero no certezas. La crisis embebe el tiempo por venir. Hay temores que el impacto provoque reacciones defensivas que exacerben la xenofobia, como ya ocurre en Europa, el proteccionismo extremo, la fractura de la solidaridad y la reaparición de sectores políticos totalitarios. Como después del crack de 1930.

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