Es hora de poner fin a los recelos con Brasil

Por Fernando Gonzalez

Nunca alcanzaron las sonrisas ni la simpatía que despertaba en los argentinos el hecho de que un sindicalista que había sido muy pobre llegara a presidir Brasil. Néstor Kirchner, durante una conferencia de prensa en Londres en julio de 2003 (tres meses después de asumir), dijo delante de los periodistas que a Lula lo veía "cada vez más menemista".

Tal vez fue la inexperiencia del inicio o el anuncio de un estilo polémico que aún permanecía oculto, pero la frase marcó para siempre que la desconfianza iba a ser el signo distintivo de la relación entre los Kirchner y el presidente brasileño.

Tanto es así que ayer Cristina Kirchner se preocupó en aclarar, después de reunirse con Lula, que las diferencias entre los dos países no implican que la relación deba ser mala. Ya se sabe desde siempre que los industriales argentinos y los brasileños viven midiéndose para ver cuál de los dos saca ventajas en la relación bilateral. Y se sabe también que la competencia con Brasil parte desde lo económico y tiene eclosión popular en el fútbol.

Pero cuesta creer a esta altura que alguien ponga en duda que Brasil es nuestro principal socio regional. Es hora de superar esos recelos del pasado y ejercer la política exterior desde la racionalidad que impone la crisis económica global.

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