La hora

Comienza a derretirse el muro de indiferencia e impunidad que ha permitido que este desquicio de gestión política encarnado en la persona de Gustavo Arnaldo Pulti llegara a conformar una bancada de doce concejales.
La rebelión del personal de Tránsito, con exigencia de renuncia por parte de Adrián Alveolite, subsecretario de Control y sujeto de la máxima confianza de GAP, es un dato innegable del nivel de cuestionamiento que atraviesa esta administración.

Alveolite llegó al cargo que es una suerte de comisariato político por el único y exclusivo mérito de su fidelidad perruna para con el jefe comunal. Conseguir su renuncia sería aplicarle un golpe mayúsculo a la gestión, aunque no por la impronta pública de Alveolite, cuya existencia toma estado por esta insólita situación.

Todo ocurrió a partir de un control de alcoholemia, cuando se procedió a solicitar a un conductor -que resultó ser el inspector municipal Diego Álvarez, de Inspección General- que se sometiera al test. Contrariamente a lo que se ha publicado, Álvarez no dio positivo. ¿Entonces cuál fue o es el problema? Que Alveolite, que ha asumido una responsabilidad pública que es obvio le queda enorme, ordenó que no se confeccionara el acta, aunque el test había dado negativo. El conductor en cuestión no era punible según la ley, y sólo se requería de completar los pasos formales, pero la desautorización de Alveolite -"déjenlo ir, en todo caso que firme después"- hizo estallar una bomba que venía preparándose desde hace tiempo.

Es que no hay personal suficiente en Tránsito, tampoco equipo, ni grúas: sólo funciona una, y está literalmente atada con alambre. No es culpa de Alveolite, pero sí su responsabilidad presente e ineludible. Si al final la renuncia se produce, el final de Pulti como intendente está más próximo de lo que dice el calendario. Porque se suman al tema cuestiones muy gravitantes como el desmantelamiento del centro de control de unidades policiales y autos de alquiler que estaba en Plaza España, lo que acaeció por la falta de pago de los equipos a la firma que los trajo: a diciembre se debían $390.000. No hay servicio médico de playas porque la comuna no licitó, no efectuó compulsa de precios y así se deja librados a su suerte a bañistas locales y foráneos. Que quede claro: si a usted le da un infarto, se insola a grado extremo o lo pica una aguaviva, salvo que el concesionario del balneario disponga de servicio médico particular, será lo que su destino lleve escrito.

Un capítulo increíble de tanta torpeza política y funcional lo constituye el rubro nocturnidad. Desde Cromañón que se ha vuelto un hábito generar presión sobre los negocios de la noche, como si un acontecimiento dramático no pudiera ocurrir en horas de la mañana o la tarde. Los límites de personas en cada local los establece el Cuerpo de Bomberos de la provincia de Buenos Aires, y la fiscalización debe realizarla Inspección General. En los últimos meses, determinados locales habrían sido beneficiados por una orden directa del secretario de Gobierno Ariel Ciano a los inspectores que, pasando por sobre la autoridad de José María Lopetegui, habría dispuesto que se tolerara hasta un 50% más de gente en esos locales por sobre lo establecido por Bomberos. La disposición, si es tal, por cierto abre interrogantes de peso.

Otra es la conducta de algunos medios capitalinos, como C5N, el canal de Daniel Hadad. Según los integrantes de los equipos del canal de referencia, la orden fue "vayan a Mar del Plata y busquen quilombo en la noche". No hay que ser demasiado suspicaz para darse cuenta de que la movida es un mensaje para Daniel Scioli: si el ex motonauta creía que tiene todo arreglado por estar a la diestra de Florencio Aldrey Iglesias, ya fue avisado de que no es así.

En medio de todo este panorama, GAP designó a Eduardo Bruzetta en Inspección General, cuestión que también dará de qué hablar, toda vez que a Bruzetta los rumores lo señalan, a diferencia de Lopetegui, como un buen recaudador, y no porque integre el equipo de Hacienda de la comuna

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