La hora de los impuestos: prueba de riesgo para el Gobierno y la oposición

Por: Eduardo Aulicino

Agosto marcará en el Congreso el arranque de los debates que pondrán a prueba la capacidad del Gobierno para asimilar realmente el golpe de la derrota sufrida hace poco más de un mes. Será también un desafío práctico para la oposición. El temario que se abre en estos días y se extenderá en las próximas semanas es amplio, y denso: en esa lista se destacan las retenciones, la prórroga del impuesto a las Ganancias y también la extensión y la coparticipación del impuesto al cheque, además de cuestiones como los superpoderes. Todo, en la antesala de la discusión del Presupuesto nacional. Y todo, además, en un ámbito sacudido por las elecciones pero aún lejos de la renovación de bancas que traducirá esa nueva realidad.

Resulta curioso que el Gobierno gire ahora su mirada hacia el Congreso, en temas como las retenciones, luego de haber intentado, sin éxito, que el diálogo con los partidos se limitara a una reforma electoral. Pero los primeros movimientos generan suspicacias en la oposición y, por lo visto hasta ahora, también malhumores en las propias filas del oficialismo.

Los Kirchner manejaron desde siempre un esquema que, visto linealmente, desconocía a la oposición, pretendía siempre un manejo directo del poder con sectores de la economía, gobernadores e intendentes, y asignaba al Congreso un lugar de refrendación de las iniciativas oficiales. Algo similar perfiló cuando se vio en la necesidad, poselectoral, de llamar al diálogo: empresarios y sindicalistas por un lado, y partidos, lejos de esas conversaciones, por el otro.

Las reacciones opositoras, desde los integrantes del Acuerdo Cívico y Social hasta el macrismo, fueron críticas. Pero no sólo se trataba de una cuestión de concepción, sino además de circunstancias: este es un gobierno debilitado por las últimas elecciones y la economía y las cuentas fiscales dan señales preocupantes. "Si quieren negociar de a una con cada corporación, le van a pelar la billetera", ironiza un ex legislador radical.

Aún no está claro cómo el Gobierno planea encarar el delicado listado de temas parlamentarios, pero ya dio al menos algunas señales: Cristina Fernández de Kirchner dijo que los temas económicos no pueden ser encarados parcialmente. Algunos exponentes de las bancadas oficialistas hablan de corresponsabilidad parlamentaria y Aníbal Fernández ha dicho sin vueltas que para resignar ingresos en un rubro primero deben decirle cómo obtenerlos en otro. Dicen, en otras palabras, que no se puede desfinanciar al Estado, pero no aclaran hasta dónde están dispuestos a discutir la política económica o los capítulos centrales del Presupuesto.

Hacia allí apuntan desde la oposición, aunque en esa vereda hay posiciones diferentes, que seguramente se harán más visibles frente a temas como las retenciones. Algunos legisladores, en las filas de la Coalición Cívica y el macrismo, se muestran menos dispuestos a discutir en el terreno más global que ahora plantea el oficialismo. Otros, en el radicalismo y el peronismo crítico, no eluden la perspectiva de analizar el conjunto de los recursos. "Nadie puede jugar a desfinanciar las cuentas del Estado. Si quieren discutir la economía, muy bien: hablemos de lo que hay que hablar, de los subsidios que maneja De Vido y de otros puntos de la política fiscal, por ejemplo", dice un influyente senador radical.

Algo similar se escucha en filas del peronismo crítico. "El punto es si ellos se dejan ayudar o es sólo una maniobra para complicar al resto de las fuerzas políticas", dice un diputado de ese sector, en referencia a los llamados a la corresponsabilidad.

Todos miran y analizan los primeros movimientos poselectorales del Gobierno, como la iniciativa propia sobre los superpoderes. Esa jugada descolocó sobre todo a los legisladores oficialistas, muchos de ellos enojados, sin disimulo, porque se quedaron así sin un elemento de negociación con los opositores, y atados a un proyecto que no cierra la discusión. Una práctica K que parece no registrar la nueva realidad política.

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