La hora de los boketeros.

Por: Silvio Santamarina.

El Gobierno duda de su capacidad para asegurarse el voto mayoritario de los legisladores propios.

Las vacaciones no aquietaron el temperamento conflictivo de la administración K, salvo en el Congreso, donde los que quedaron de guardia no pueden sacudirse la modorra de la siesta. La calma chicha en el circuito parlamentario obedece a que todavía no ha aparecido el temario legislativo que el Ejecutivo acostumbra a enviar durante enero para que se traten y sancionen leyes en las sesiones extraordinarias de febrero. La demora administrativa –y la calma aparente– esconde un problema político: el Gobierno tiene dudas sobre su capacidad de convicción para asegurarse el voto mayoritario de los legisladores propios. Sucede que la coyuntura electoral está poniendo nerviosos a muchos parlamentarios oficialistas, especialmente a los que les toca dejar sus bancas en el turno 2009. Antes de garantizar su apoyo a los proyectos kirchneristas, quieren una promesa de que podrán renovar sus mandatos, es decir que habrá para ellos un lugar interesante en las listas electorales que por estos días borronean los maestros punteros de Néstor Kirchner. Lo que los angustia es la certeza de que las listas oficialistas están quedando chicas, por dos motivos: a) hay demasiados anotados para figurar en el turno 2009 porque puede ser el último en que el kirchnerismo mande, ya que 2011 pinta como la era de la gran estampida pingüina; b) las encuestas no pronostican amplios márgenes a favor de las boletas K, por lo que la única manera de estar seguro de quedar adentro del Congreso es arañar los primeros lugares de la lista, el resto es una lotería. Los animales políticos del peronismo hoy miran Olivos como si fuera el arca de Noé.

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