La hora aciaga de Ríos

La Provincia se encuentra en una gravísima situación económica y financiera, y la gestión Ríos se muestra incapaz de generar acciones que permitan revertir la crisis, o al menos morigerarla. A esto se suma la ineptitud a la hora de generar y sostener espacios para la búsqueda de consensos políticos. Y también las manchas que cubren la bandera que proclama la transparencia de los actos de Gobierno, que enarboló el ARI en su pasado opositor.
El Gobierno de Fabiana Ríos atraviesa el momento más crítico desde el inicio de su gestión. Así lo avalan los dos últimos anuncios: el pago de una primera cuota de solo 2.000 pesos de los salarios de los empleados estatales, y que recién a fines de agosto podrá completar el pago a los municipios de la coparticipación atrasada de julio.

Sin que haya novedades aún sobre el adelanto de coparticipación pedido a la Nación para poder abonar los sueldos, con los gremios estatales decididos a paralizar la Administración a partir del lunes y casi sin respaldo político, el ARI afronta su peor hora sin dar señales de tener los elementos necesarios para poder revertir el panorama.

"Estamos abiertos a que nos digan cómo salir de esto y escuchar propuestas superadoras". La sentencia que el ministro de Economía, Rubén Bahntje, tiró con un dejo de su ya típica y fastidiosa ironía, define el estado de confusión en el que está sumido el ARI.

Por eso la mezcla de convite y desafío del ministro a la oposición, actitud que para el ex vicegobernador Daniel Gallo significa lisa y llanamente "firmar un acta de rendición", ya que el ARI fue elegido por el pueblo para gobernar, en tanto le reservó al resto de los partidos el rol "de oposición y garantes de la gobernabilidad" observó el dirigente del PJ. En otras palabras, planteó que ahora el ARI se haga cargo.

Es cierto que la política es como el fútbol: siempre, pero siempre, el que está en el banco es el mejor. Aunque no lo sea. No por nada el ARI llegó al Gobierno. Lo hizo justamente por sostener cuando era oposición un discurso prolijo y sin fisuras que apuntó a la demolición del oficialismo de turno, pero sin ahondar en propuestas.

Hoy el ARI prueba su propia medicina: es su propia gestión la que deja los flancos abiertos para los embates de la oposición. Y ya ni siquiera puede enarbolar limpias las banderas de la transparencia. Esas que quizás fueron las grandes responsables del histórico triunfo en las elecciones de 2007, que depositó a Ríos en el poder.

Al borde del abismo

La situación de la Provincia es más que preocupante. Lo reconoció la propia Ríos. Y hasta el intendente de Ushuaia, Federico Sciurano, quien como hombre público siempre se caracterizó por no realizar declaraciones explosivas ni alarmantes, advirtió sobre una posible "convulsión social" si no se implementa un plan económico que permita superar la coyuntura.

El Gobierno está en una virtual cesación de pagos y eso se refleja en las dificultades para liquidar los sueldos y en las demoras en la remisión de fondos de coparticipación a los municipios. Tampoco hay obra pública con fondos propios y los pagos a proveedores están prácticamente paralizados. Son solo algunos indicadores.

Ante la fuerte caída de los ingresos el Gobierno propuso solo dos alternativas: una nueva tarifaria y ese salvavidas de plomo que es el contrato chino.

La primera no es solución ya que hoy por hoy la Provincia tiene un déficit mensual de alrededor de 50 millones de pesos, que algunos ubican hasta en 80 millones. En tanto, el objetivo de mínima de la reforma tributaria es recuperar al menos los 11 millones de pesos de promedio que dejaron de ingresar a las arcas provinciales tras la caída de la tarifaria corta. Y el de máxima no va mucho más allá en cuanto a cifras.

En tanto, el convenio con los chinos, de futuro incierto, permitiría al Gobierno obtener a mediano plazo unos 100 millones de pesos que en teoría deben destinarse a salud y educación. Pero la necesidad de caja que motiva el acuerdo podría traer costos altísimos a futuro, ya que se comprometen los recursos naturales por 25 años cuando existen reservas de gas para solo 10 y no se realizaron estudios que determinen la existencia de reservas probables.

Tocó fondo

Con el correr de los meses la crisis se tornó crónica y la estrategia del ARI apuntó a gestionar en el día a día, pero sin aplicar medidas correctivas de fondo.

Luego de la derrota estrepitosa en las elecciones de junio se esperaba un drástico cambio de rumbo en la gestión, pero solo hubo lavado de cara en el Gabinete y una continuidad de enroques de funcionarios sin resultados concretos. Por eso, lejos de oxigenarse la gestión aparece cada vez más ahogada.

Es más, antes renunciar, el ex ministro de Economía, Roberto Crocianelli, había reconocido a TIEMPO Fueguino que para poder financiarse el Gobierno echaba mano a todos los fondos disponibles sin reparar en la irregularidad de sus actos. Fue así como recurrió a la cuenta única del Tesoro, a la coparticipación de los municipios o a los aportes y contribuciones correspondientes al IPAUSS, profundizando de esta manera el desfinanciamiento del mega instituto.

Ahora, con la decisión de pagar una primera cuota de los salarios de julio de solo 2.000 pesos, el Gobierno parece haber tocado fondo. No solo no cuenta con recursos para cumplir esta obligación, sino que tampoco llega el adelanto de coparticipación solicitado a la Nación. A eso se sumó el anuncio de que recién a fines de agosto se cancelaría la coparticipación de julio a los municipios, lo que también los coloca al borde del abismo.

Malestar sindical

Lejos de atender los pedidos de comprensión, los gremios están en pie de guerra y ya anunciaron que el lunes iniciarán medidas de fuerza que paralizarán a la provincia.

Si en una etapa de la gestión los reclamos salariales de los sindicatos aparecían como desmedidos en el marco de la crisis, hoy son comprensibles. Es que hay acuerdos incumplidos y, además, la inflación se "comió" las recomposiciones otorgadas y recorta cada vez el poder adquisitivo del salario.

Pero también hay señales desde lo político que generan una profunda inquina, como la suba en los salarios de los legisladores y funcionarios, el crecimiento de la planta política, la reasignación de funcionarios salientes en nuevos puestos para no soltarle la mano a nadie y, sobre todo, la soberbia de los funcionarios aristas, tan dispuestos a la sorna y la ironía cuando abren la boca ante un micrófono o grabador.

Las causas del desastre

A la hora de buscar las causas que generaron la gravísima situación actual, no se puede obviar la influencia de la herencia recibida. El ARI se encontró con un Estado con recursos escasos y debió asumir compromisos salariales acordados por la gestión Cóccaro sin que haya un sustento presupuestario real.

También pegó duro la crisis financiera internacional, que con un efecto dominó se fue desparramando desde las economías centrales a la periferia y se hace sentir con crudeza en la Argentina.

Y sin dudas influye la falta de un acompañamiento sostenido de parte de la Nación, que más allá de una correcta relación institucional, el otorgamiento de algunos parches financieros y el impulso de iniciativas aisladas y de alcances más que nada sectoriales -como puede ser el incentivo a la industria electrónica fueguina-, no parece dispuesta a implementar herramientas financieras más contundentes.

Pero a esos agentes externos el ARI le debe sumar su propia incapacidad. En casi dos años de gestión, Ríos transformó por mérito propio en desilusión la esperanza de cambio que encarnó para miles de fueguinos.

Es que el Gobierno no solo no encuentra el rumbo en materia económica, sino que profundizó una crisis que comenzó a gestarse en los que lo precedieron.

No hay medidas correctivas; no hay políticas de incentivo a la producción; se pretende financiar el déficit del sector público por medio de una mayor presión fiscal a los privados, sin reparar en que la crisis también impacta en ese sector; se incrementó el gasto público y la planta política; hay una notoria incapacidad para generar consensos que redunden en acompañamiento a las herramientas financieras que se reclaman; el diálogo con la oposición sufre continuos cortocircuitos o está directamente cortado -como con el intendente de Río Grande-; se arrastra a los municipios al precipicio; la Nación sigue la evolución de la crisis en un mutismo casi total y los anuncios en materia de salud y educación son más rimbombantes que concretos.

Esa desilusión en aún mayor cuando el discurso en favor de la transparencia se ve opacado por agachadas impensadas en el ARI, como la lamentable participación del ministro de Gobierno Guillermo Aramburu en la designación del nuevo juez del Superior Tribunal de Justicia.

O el manto de sospechas que cubre al convenio con los chinos, cuyas irregularidades ameritaron que el Tribunal de Cuentas pida su anulación. En ese sentido, cuán lejos parecen estar los tiempos en que los legisladores aristas Raimbault y Martínez encabezaron la movida que terminó con la derogación de la ley RENASA, que suponía un negociado similar al que el hoy oficialismo impulsa desesperadamente.

Y yendo un poco más atrás en el tiempo hasta se puede mencionar que, ya estando Ríos en el poder, se hizo público que había comprado pasajes de avión subsidiados a sus compañeros de bloque en la Cámara de Diputados, para que sus parientes viajaran a Río Grande al cumpleaños de 15 de una de sus hijas. Pasajes que en definitiva solventaron todos los argentinos con sus impuestos porque precisamente de sus bolsillos surgen los fondos para salarios, viáticos, desarraigos y demás beneficios que recibe esa casta privilegiada que conforman políticos y gobernantes.

A Ríos le queda algo más de dos años de mandato. Tendrá que hacer mucho para poder dar vuelta la torta y plasmar en hechos concretos las promesas que hizo en campaña, y evitar de paso que su gobierno no sea considerado el peor de la historia fueguina, como ya lo está siendo. ¿Podrá?

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