Honduras, primer test para Obama en su relación con América Latina

Los últimos episodios de la crisis política hondureña pusieron de manifiesto dos datos cruciales: la emergencia de una activa resistencia popular al golpe de Estado cívico-militar y una actitud cada vez más decidida de Estados Unidos en defensa de la institucionalidad.
Ambos hechos, extremos de una pinza que se cierra en torno al régimen ilegítimo de Roberto Micheletti, son condiciones necesarias para un desenlace satisfactorio.

La televisión local juega directamente a favor del nuevo régimen, entreteniendo a la audiencia con programación liviana e ignorando los graves choques callejeros, que ayer dejaron una treintena de heridos. Los militares interrumpen la señal de las cadenas internacionales y la telefonía fija directamente no funciona. Si a esto se suma el fuego vivo desatado en las calles, queda configurado un escenario en el que la coalición de conjurados, más allá de su amplitud, sigue sin controlar la situación.

En el plano internacional, lo más auspicioso es la reacción de Estados Unidos, jugando por primera vez en mucho tiempo decididamente a favor de la democracia y las instituciones.

La primera condena de Barack Obama al golpe fue valiosa, pero podía ser sospechada de formal. Con todo, su gobierno fue acumulando gestos: elevó el tono de la protesta; se alineó sin fisuras con la postura de los países latinoamericanos; reclamó la restitución del presidente legítimo, Manuel Zelaya; y lo señaló como único presidente legítimo de Honduras.

Un dato significativo: a Obama no le importó que Zelaya sea un aliado de Hugo Chávez ni haber quedado del mismo lado del desmesurado bolivariano, por más que éste, bien a su estilo, haya exagerado al poner en alerta a su ejército. En definitiva, actuó de acuerdo al interés de los Estados Unidos, que pasa hoy por restaurar la confianza con América Latina y honrar su prédica democrática y pro derechos humanos. En definitiva, no se dejó condicionar por Chávez, poniendo en su lugar a quien es, a la postre, un actor menor en la saga.

Habrá que esperar al desenlace de la crisis, pero, por ahora, el demócrata viene aprobando con creces el primer test serio en lo que respecta a los asuntos hemisféricos, demostrando que no se quedó en las palabras al proponer un nuevo comienzo.

Estados Unidos tiene la llave del drama hondureño. Receptor del 70% de las exportaciones del país y dador de una cuantiosa ayuda, imprescindible para uno de los países más pobres de la región, le bastaría con cerrar esos grifos.

Zelaya prometió volver a su país para retomar el mando el jueves. Si lo logra, deberá responder por haber llamado, sin aval legal, a una consulta popular para lograr su reelección. Pero esa respuesta deberá ser institucional y una vez que haya sido repuesto en su cargo.

Nadie puede cobrarse las cuentas pendientes sacando en plena noche de la cama y a punta de pistola a un presidente legítimo.

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