Honduras, en la cuerda floja

Expertos pronostican que la situación económica, de por sí mala, empeorará con el aislamiento del país centroamericano. Los más afectados serán los programas de salud, de seguridad alimentaria y de desempleo.
Por Al interior de Honduras, la dictadura parece tener todo controlado. Los medios de comunicación están censurados, las garantías constitucionales fueron suspendidas y la represión encuentra vía libre por las calles. Sin embargo, ni los militares pueden evitar tener un talón de Aquiles: la economía. "Honduras cuenta con suficientes recursos para soportar los próximos seis meses", aseguró ayer la ministra de Finanzas del gobierno de facto, Gabriela Núñez. Pero, a la luz de los bloqueos que se suceden sobre el país centroamericano por parte de la comunidad internacional desde el golpe de Estado, los pronósticos de la ministra podrían resultar demasiado optimistas. "Honduras no sería capaz de mantenerse por sí sola. Es un país altamente dependiente, cuyo presupuesto depende en un 30 por ciento de los préstamos de los organismos de crédito internacionales", precisó Martín Barahona, ex presidente del Colegio de Economistas de Honduras. "Los programas de salud, de seguridad alimentaria y de desempleo serán, sin dudas, los más afectados", agregó.

Y es que, por estos días, las puertas de las instituciones multilaterales de crédito no se encuentran precisamente abiertas para Honduras. En los últimos días, tanto el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) como el Banco Mundial (BM) y el Banco Centroamericano anunciaron el congelamiento de créditos por algo más de 300 millones de dólares. En un país cuyo presupuesto anual apenas ronda los dos mil millones de dólares y donde el 60 por ciento de la población se encuentra por debajo de la línea de pobreza, las presentes cifras cobran otra dimensión.

La economía hondureña, por lo demás, se basa fundamentalmente en las divisas que generan el café, el banano, las maquilas (fábricas de ensamblaje) y el azúcar, que encuentran más del 60 por ciento de su mercado externo en los Estados Unidos. Pero incluso éste, debido al quiebre del orden democrático, podría cerrarse, ya que Washington anunció que podría suspender de un momento a otro las preferencias arancelarias de las que se benefician los productos de este país hasta tanto no se restituya al presidente Manuel Zelaya, además de eliminar buena parte de los programas de cooperación bilateral.

"El gobierno de Estados Unidos realiza una revisión total de todos sus programas de asistencia. Además de la cooperación militar, hemos interrumpido todas las actividades relacionadas con apoyo a los ministerios del gobierno de Honduras, así como programas de desarrollo por 170 millones de dólares previstos para 2009", señaló un comunicado emitido ayer por la embajada estadounidense en Tegucigalpa. "La inversión estadounidense en este país es de 800 millones de dólares anuales, y es lo que sostiene el crecimiento", explicó Barahona. La Unión Europea (UE), a su turno, no quiso quedarse atrás y ya anunció que Honduras podría quedar afuera del acuerdo de asociación que el bloque negocia con Centroamérica.

Si a todo ello le sumamos que desde que el mandatario Zelaya fue expulsado de la Casa de Gobierno a punta de fusil, Venezuela anunció la suspensión del envío de petróleo en el marco del acuerdo Petrocaribe, convenio que le permitía a Honduras recibir crudo abundante y barato, cuando no prácticamente subsidiado, el panorama se complica aún más.

Pero, más allá de cualquier adversidad económica que pueda incluso jugarle en contra, la burguesía local, por ahora, se mantiene firme junto a los golpistas. Ayer, tanto la Cámara de la Industria como la de Comercio, dos de las corporaciones más poderosas del país, emitieron sendos comunicados de apoyo al régimen, señalando que Zelaya había sido removido mediante una "sucesión constitucional" y que la vida de los hondureños debía "volver a la normalidad".

Pero según le dijo a Página/12 vía telefónica Reina Centeno, maestra de escuela en Tegucigalpa, la vida cotidiana está lejos de seguir su curso habitual. "Ahorita están empezando a faltar cosas. La gente se desespera y compra de todo en el mercado. El combustible se está racionando. El gobierno dice que está todo normal, pero la realidad es otra cosa", señaló. "Sabemos que vamos a sufrir, mucho más que ahora. Estamos acostumbrados, pero lo peor todavía no llegó", afirmó la maestra.

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