La hoja de ruta del camionero

La hoja de ruta del camionero
El secretario general de la CGT aspira a que el sindicalismo asuma un rol protagónico en la reformulación del PJ, para sostener "un proyecto nacional que recoja la tradición nacional y popular". En dos semanas encabezará un encuentro de cien gremios en Mar del Plata.
Hugo Moyano sabe que es un factor de poder en la Argentina. Lo sabe y lo quiere hacer valer. Esa es la principal razón del encuentro nacional del sindicalismo peronista (ENSP) que se realizará en Mar del Plata dentro de dos semanas. Moyano es marplatense, allí comenzó su trayectoria sindical y política a principios de los años ’70. Este regreso al origen tiene su simbolismo: confirma las ambiciones del secretario general de la CGT. Ambiciones que, vale aclararlo, no son personales sino colectivas. Moyano quiere que la corriente política que encabeza asuma un rol protagónico en la reorganización del peronismo. "En este contexto de crisis de los sistemas de representación, el sindicalismo argentino tiene la gran oportunidad de incidir en la reformulación del peronismo", sostiene el documento de trabajo que se discutirá el viernes 18 de septiembre en un hotel perteneciente al gremio de Luz y Fuerza marplatense. "Hugo quiere tener un rol parecido al que en su momento tuvo Lorenzo Miguel", confió a Página/12 uno de sus colaboradores más cercanos.

Lorenzo Miguel fue durante muchos años el jefe indiscutido de las 62 Organizaciones Peronistas. Esa agrupación llegó a ser la principal expresión política del sindicalismo argentino. Hoy no es mucho más que un sello que vive de las glorias del pasado y que es controlado por el dirigente del gremio de los peones rurales, Gerónimo "Momo" Venegas. Moyano quiere que la corriente que él encabeza –surgida de lo que fue el Movimiento de Trabajadores Argentinos de mediados de los ’90– ocupe el rol que las 62 Organizaciones tuvieron en sus mejores épocas. Además, cerca de Moyano creen que se vienen tiempos de mucho debate interno en el peronismo. Basta con recordar la intención de Eduardo Duhalde de forzar un congreso del PJ bonaerense para ralear al kirchnerismo de la conducción partidaria. Moyano cree que el polo sindical deberá asumir un mayor protagonismo ante el escenario que se abre.

El documento preparatorio del encuentro de Mar del Plata lo dice de forma explícita. Al enumerar los objetivos de la convocatoria, el texto plantea que el sindicalismo debe contribuir a "lanzar una plataforma social y económica que asuma el legado peronista de cara a las elecciones presidenciales de 2011". Según el entorno más cercano a Moyano, el riesgo de los próximos años es que el peronismo se desentienda de la suerte de "un proyecto nacional que recoja la tradición nacional y popular" y gire inexorablemente a la derecha. "Tenemos que promover el debate ideológico y de perfil de país sustentado en la visión del movimiento obrero", propone el documento a modo de invitación. En el encuentro del 18 de septiembre estarán representados alrededor de cien sindicatos. Cada gremio aportará cinco participantes, entre ellos su secretario general.

Los quinientos asistentes se repartirán en diez comisiones de discusión organizadas por temas: peronismo; política nacional; política internacional; salud; medios; cultura y educación; cultura y tecnología; economía y producción; trabajo y pobreza; recursos naturales y medio ambiente. Se supone que a lo largo del encuentro tendrán un rol importante los dirigentes de mayor confianza de Moyano, como Omar Viviani (taxistas), Horacio Ghilini (docentes privados), Omar Plaini (vendedores de diarios), Juan Carlos Schmidt (Dragado y Balizamiento) y Julio Piumato (judiciales). A ellos se sumará el apoderado de la CGT, Héctor Recalde. Como diputados en ejercicio, Recalde y Piumato hoy están concentrados en el debate por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (aunque el dirigente de Judiciales no se privó de organizarles una movilización a los miembros de la Corte, mientras tenía lugar la Conferencia de Cortes Supremas de las Américas en el Hotel Hilton de Puerto Madero).

El encuentro de Mar del Plata terminará con la lectura de las conclusiones, la redacción de un documento final y un discurso de cierre a cargo de Moyano. Hace diez días, en la reunión preparatoria que se hizo en el sindicato de los madereros de Caballito, el camionero decidió no asistir a último momento. Mientras sus compañeros anunciaban el lanzamiento del nuevo espacio del sindicalismo que lo tiene como principal referente, Moyano visitaba la quinta de Olivos. En los medios se interpretó esa reunión fuera de agenda como una señal de que Moyano no quería poner en riesgo su vínculo con el Gobierno. El secretario general de la CGT coincide en unas cuantas medidas decididas por el kirchnerismo. Eso no impide que el camionero se moleste de vez en cuando con la Casa Rosada: sobre todo cuando el Ejecutivo hace gala de su sistema radial de toma de decisiones y él, a pesar de ser secretario general de la CGT, termina enterándose de una medida al mismo tiempo que la mayor parte de los funcionarios. "El Negro a veces se calienta", reconoció uno de los miembros del consejo directivo de la CGT que mejor lo conoce.

El peronismo sindical

La trayectoria del ya fallecido Lorenzo Miguel, que nunca abandonó su caserón de Villa Lugano, puede ser leída como una parábola representativa de los cambios internos del peronismo. Desde la caída en desgracia de la izquierda peronista en 1974, a partir de la ruptura con Perón, y sobre todo tras el exilio forzado de José López Rega después del Rodrigazo, el líder de la UOM había logrado convertirse en una referencia insoslayable para el peronismo en el gobierno. Era el poder detrás del trono. Su estrella comenzó a declinar con el ascenso de la renovación, fruto de la derrota de Italo Argentino Luder ante Raúl Alfonsín en 1983. El sindicalismo recién volvió a tener una figura tan fuerte con Saúl Ubaldini, aunque el dirigente de origen cervecero no influía sobre actos de gobierno ni ponía o sacaba funcionarios. Ubaldini fue la cara de la resistencia del peronismo al programa económico de ajuste que Alfonsín asumió hacia la mitad de su mandato.

Moyano siempre siguió con atención la historia de Ubaldini. Conoce de cerca los límites que tuvo su liderazgo en la CGT de los ‘80. Como secretario general de la confederación sindical, Ubaldini podía reunir a miles y miles de trabajadores para protestar en la calle: lo probó varias veces en los hechos. Sin embargo, cuando Ubaldini quiso expresar esa capacidad de movilización en una alternativa electoral –en 1991 compitió por la gobernación de Buenos Aires por fuera de la estructura de un PJ que ya era abiertamente menemista–, la experiencia resultó un fracaso. Apenas obtuvo el 2 por ciento de los votos. El antecedente fallido del "Saúl querido" es citado dentro del edificio histórico de Azopardo. "Sabemos que es difícil traducir en votos el poder de convocatoria de la CGT. Cada sociedad tiene sus particularidades. No es lo mismo el ABC de San Pablo (cordón industrial de esa ciudad brasileña) que la Argentina, con el peso de su clase media", reconoció ante Página/12 uno de los estrategas del nuevo proyecto de Moyano.

Las diferencias con el caso brasileño son tomadas con realismo. La experiencia de Luiz Inácio Lula da Silva es vista como una inspiración, apenas un antecedente –¿irrepetible?– que alienta a intentar algo propio. Porque más que en una candidatura presidencial, Moyano se prepara para ser determinante en el futuro inmediato del peronismo.

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