Se hizo Crema.

COPA LIBERTADORES / UNIVERSITARIO 1 - SAN LORENZO 0: San Lorenzo se quedó con diez y pasó a perder en la misma jugada: en el ST buscó con carácter un empate merecido, pero...
No siempre en la Copa Libertadores alcanza con tener un mejor equipo que el rival. Para alzar este trofeo, tan ansiado por San Lorenzo, se requiere de ingredientes varios. Este plantel es más que Universitario, y seguramente lo demostrará en el choque en el Nuevo Gasómetro. Pero anoche, los peruanos nutrieron sus energías del clima copero que impusieron sus hinchas (condenable agresión al micro, acoso bochinchero cada vez que un futbolista rival tocaba la pelota) y casi que definió el pleito a los 21 minutos.

Porque hubo dos partidos, claramente diferentes. En el primero, San Lorenzo impuso su circulación, su ritmo, con Santiago Solari como eje futbolístico y espiritual. Sin ser demasiado profundo, el equipo de Miguel Angel Russo se había plantado con seguridad. El segundo partido comenzó con esa genialidad de Nolberto Solano, un pase profundo inesperado para Calheira que agarró fuera de foco a toda la defensa: Bottinelli reaccionó tarde y perdió en la carrera con el punta, Orión no se decidió a salir y, cuando lo hizo, su compañero ya había derribado al brasileño. Penal, roja y 0-1. Todo junto. Demasiado.

No hubo, de todas maneras, un aluvión de Universitario. Ni paseo. Ni ole. San Lorenzo no lo permitió. Primero, con actitud para disputar las pelotas divididas y así marcar presencia, física y anímica. Después, más allá de alguna laguna, un rato de confusión, para no traicionarse, para buscar desde el toque, la elaboración, el intento de desborde, la movilidad. Y aprendió de una experiencia similar, reciente: criticado Russo por poner a Torres y sacar a Chávez ante Godoy Cruz, por la temprana roja a Aguirre, esta vez el técnico no envió un mensaje de retroceso, sino que se agazapó lo mínimo indispensable. Entonces, el Chaco retrocedió a la cueva, aunque con tendencia a colaborar con Ledesma, y San Lorenzo empezó, sin prisa pero sin pausa, a encimar un poco más a Solano, a obstruir los arranques de Miguel Torres, a escalonarse para frenar a Calheira y Alva, los delanteros de la Crema, y hasta dejarlos en offside en algunas ocasiones.

Hubo, también, situaciones como para que San Lorenzo regresara de Lima con un empate. Solari tuvo una clarísima, por caso, en el primer tiempo. Hubo empuje, con Bergessio como abanderado, en el segundo tiempo. Hubo control de pelota y acoso, sobre todo aéreo. Aunque a todo lo anterior no le sumó claridad para definir y, en esa gestación, la cuenta pendiente estuvo en la carencia para hilvanar un mano a mano con el arquero. Y a medida que corría el reloj, el desgaste se hacía mayor, al igual que el peso del 0-1. Ese 0-1 que llegó casi sin querer y que a San Lorenzo, en un partido con final caliente y pierna fuerte, lo terminó haciendo Crema...

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