Historias de vida y de muerte

Por: Ricardo Roa

En la Villa 21 de Barracas, la misma en la que el padre Pepe fue amenazado de muerte por denunciar a los traficantes de paco, abrió hace un mes una escuela secundaria. Y no da abasto: hay 121 alumnos en dos turnos y otros 70 anotados en lista de espera

Tienen entre 13 y 18 años, todos viven en la villa y la mitad enfrenta causas penales o de minoridad. El director le dijo a Clarín: "Buscan en la escuela los límites que no tienen en sus casas". La escuela es también eso: contención. Y una de las maneras más efectivas de alejar a los chicos de la droga y del delito.

La de la Villa 21 funciona por ahora en un galpón. Dentro de un polo educativo con un jardín de infantes, un colegio primario y un centro de aprendizaje de oficios. En total, estudian o toman cursos unos 2.000 vecinos. Allí hay una apuesta a la capacitación y a la reinserción en el mundo laboral. Todo un modelo.

La educación es el futuro y también es el presente. Donde hay aulas y profesores hay menos males y desmanes y la posibilidad de una vida mejor para todos. Cada escuela es un centro de mejora social. Y donde la escuela está ausente, la vida vale menos.

No muy lejos de allí, la muerte. Daniel Bonnassiolle había viajado más de 2500 kilómetros desde El Calafate para visitar a sus padres en Lanús. Pero no llegó a bajar todas sus cosas de la camioneta: quisieron robársela y lo mataron a sangre fría y en un instante (ver Vino a visitar a su familia y lo mataron en un asalto).

De un solo golpe, la inseguridad convirtió la alegría del reencuentro en la peor tragedia. Y le quitó a los padres un hijo. Daniel tenía 37 años y había elegido vivir lejos de las grandes ciudades y cerca de la naturaleza. Vino a morir justo en el lugar del que quiso escapar. Toda una ironía.

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