Historias de picardías y engaños en el último año de mayoría kirchnerista

El despacho tiene tres salas, apto para distintos cónclaves simultáneos. Y con ascensores propios
Hay que remontarse al episodio del "diputrucho" para recordar un período parlamentario tan cercano a las fronteras del absurdo como el que concluyó hace apenas cinco días.

Es cierto que ningún bloque sentó esta vez en las bancas a empleados del Congreso para que se aprueben sus proyectos, tal como sucedió el 26 de marzo de 1992 en la Cámara de Diputados, cuando el menemismo hizo votar el marco regulatorio de Gas del Estado.

En cambio, el oficialismo hizo gala durante el presente año de una variadísimia gama de trucos, picardías, abusos y engaños para imponer -en ambas cámaras, alternativamente, y mediante debates exprés- algunos de los proyectos más caros al interés de Cristina Kirchner, la Presidenta que prometió restaurar la calidad institucional presuntamente erosionada durante la gestión de su marido.

"Pido disculpas si violentamos algunas formas", dijo Agustín Rossi, jefe de la bancada K, cuando se estaba a punto de votar la polémica ley de medios, cuyo despacho de comisión acababa de ser redactado esa madrugada y aún muchos de los presentes no sabían exactamente cuál era su contenido exacto. A admisión de parte, relevo de pruebas.

Las mismas palabras pudo haber pronunciado su colega radical y rival de los más sonados duelos de cierre de debates, Oscar Aguad, cuando caminó junto al resto de la oposición al filo del reglamento para imponer en la sesión preparatoria del 3 de diciembre una moción que dejó por primera vez en minoría al kirchnerismo en la integración de las comisiones. La desconfianza acumulada en acuerdos incumplidos o reglas adulteradas había dejado su huella. Lo cierto es que el ejercicio comenzó con una ley ajustada a las pretensiones electorales del Gobierno (el adelantamiento de los comicios de octubre a junio) y cerró con otra a beneficio de futuros candidatos de la misma cantera política (la reforma política). Todo a años luz del principio de generalidad que se exige a una ley.

Como si esto fuera poco, diría un vendedor de baratijas en el tren, habrá que sumar los puentes de barro que tendieron los bloques oficialistas tras la derrota electoral, para arrimar una agenda consensuada que se desmoronó al primer soplido emanado desde el Ejecutivo para hacer cumplir sus órdenes. Allí estaba incluida -entre otras- la discusión de la asignación universal por hijo que venían pregonando la Coalición Cívica y los bloques de centroizquierda. Idea que terminó siendo implementada -parcialmente- por decreto presidencial y sin pago de derechos de autor. Otro tema de la frustrada agenda compartida fue la limitación de los superpoderes, que quedó en un anuncio oficial aprobado por el Senado y cajoneado por el oficialismo en la Cámara baja.

Con todo, las palmas se las llevó el derrotero de la ley que impulsó el Gobierno para ejercer el control de los medios audiovisuales. La cadena de irregularidades que marcó su paso por Diputados (falta de quórum en las comisiones, incumplimiento de los siete días de plazo para debatir un despacho de comisión) fue coronada por la famosa "fe de erratas" aplicada en el Senado como un inusual atajo para evitar su riesgosa vuelta a la cámara de origen.Acaba de iniciarse una era legislativa diferente. No sería aconsejable que las nuevas mayorías utilicen aquellas mismas armas

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