Historia en tiempo real

Con el propósito de investigar y debatir las transformaciones que se están produciendo en el sistema económico mundial, así como sus posibles consecuencias en economías periféricas como la de Argentina, el Instituto del Desarrollo Humano de la Universidad Nacional de General Sarmiento creó el programa interdisciplinario Pisco. Su coordinador, Ricardo Aronskind, analiza en esta nota las características y las implicancias de la crisis global.
Pocas dudas caben sobre la magnitud de la presente crisis internacional. Su importancia lleva a los analistas a remontarse a la Gran Depresión de los años ’30 para encontrar referencias equivalentes. Si bien debemos ser precavidos a la hora de establecer paralelismos con lo ocurrido hace 80 años, sabemos que crisis de esas dimensiones están llamadas a alterar el orden económico, social, político y cultural general, impulsando la historia hacia senderos insospechados. La Argentina no estará ajena a esos efectos.

Particularidades de la crisis. Esta crisis presenta varias características que la diferencian de episodios que la precedieron en las décadas previas.

1) En primer término, la crisis financiera estalla en el centro. En el centro del centro, los Estados Unidos de Norteamérica. Las crisis que asolaron la periferia en las últimas décadas (la crisis de insolvencia en el pago de la deuda externa en los ’80, las crisis financieras de los ’90) no merecieron la atención de los países centrales. Así, las demandas de un "nuevo orden financiero internacional" que pusiera a salvo a las economías endebles de la depredación financiera no tuvieron eco alguno en los decisores clave del orden mundial. Cabe señalar que estas crisis periféricas tuvieron fuerte vinculación con el funcionamiento del mismo sistema financiero descontrolado que hoy implosionó en Estados Unidos.

2) A diferencia de temblores económicos previos, en donde alguna potencia central no afectada contribuía a sostener la demanda global, en este caso la crisis no tiene "locomotoras" que permitan traccionar el mercado mundial. La tendencia generalizada es contractiva, con matices importantes. Ese trasfondo recesivo universal obliga a un grado de coordinación general más importante para enfrentarlo, pero al mismo tiempo disminuye la voluntad de cooperación dadas las fuertes presiones internas que están recibiendo los gobiernos para actuar unilateralmente.

3) La magnitud económica del derrumbe no termina de conocerse. A pesar de los monumentales paquetes de ayuda, continúa la posibilidad de derrumbe de numerosos bancos y otras empresas en Estados Unidos y en Europa Occidental, y está obligando al gobierno norteamericano a asumir para este año un déficit no menor al 7 por ciento del producto. Estados Unidos tiene el doble privilegio de pagar sus deudas con su propia moneda (no convertible) y de recibir fondos del resto del planeta debido a la confianza en los bonos que el Tesoro norteamericano emite para financiarse. Pero hay una importante cantidad de países con problemas similares, en el sur y el este de Europa principalmente, que no tienen fondos públicos ni los pueden "imprimir", para solventar el salvataje de sus propias entidades financieras. La periferia debe pagar en conjunto, este año, un billón y medio de dólares por sus deudas financieras. El crédito privado está cortado, y la contracción de sus ingresos por exportaciones aleja la posibilidad real de cumplir con sus compromisos externos. De ahí la preocupación en los países centrales por dotar al Fondo Monetario Internacional de fondos adicionales para que salga a ayudar a países pequeños a saldar sus deudas con los bancos privados. De lo contrario, se reanudaría otra ronda de quebrantos financieros globales.

La dinámica de la crisis. Se pueden distinguir con claridad, en este momento, algunas dinámicas en la evolución de la crisis.

1) Del centro hacia el resto del mundo. La crisis se está transmitiendo por dos vías principales: a través del mercado financiero mundial y por la vía del comercio internacional. Aquellos países más conectados financieramente al centro ya recibieron el shock contractivo con toda su fuerza. Así, países como el Reino Unido y España sufren violentas crisis bancarias e inmobiliarias (actividad ésta estrechamente relacionada con la burbuja especulativa generada en el período previo). También Islandia e Irlanda sufrieron instantáneamente ese mismo contagio. La segunda vía de transmisión, la comercial, es más lenta. Se irá expresando en la contracción de la demanda global, en la caída de los precios internacionales, en los comportamientos proteccionistas. En ese sentido, hay que señalar que 17 de los 20 países integrantes del selecto "Grupo de los 20", que se reunió para coordinar esfuerzos para enfrentar la situación y "resguardar el libre comercio", ya tomaron medidas proteccionistas.

2) De las finanzas y el crédito hacia la producción y el consumo. El drástico corte del crédito y la contracción del consumo (tanto por el fuerte aumento del desempleo como por la retracción en el gasto de quienes tienen trabajo) afectarán el nivel de actividad en todas las economías centrales y eso golpeará la periferia. El ritmo de destrucción de puestos de trabajo en Estados Unidos (650 mil por mes en los últimos tres meses) no permite esperar nada positivo en el corto plazo. México, por ejemplo, recibirá el impacto conjunto de la contracción norteamericana, la reducción de las remesas de los mexicanos que perderán sus trabajos en la economía del Norte y la menor capacidad de absorber trabajadores mexicanos desocupados por parte del mercado estadounidense.

3) De lo real a las expectativas. Otro aspecto importante del actual proceso es que, juntamente con los datos objetivos de la crisis, comienza un cambio fuerte de los comportamientos de empresas y consumidores. La incertidumbre, la espectacularidad negativa de las noticias –en Estados Unidos, en Europa Occidental y Oriental– induce a la contracción de la inversión y el consumo, lo que realimenta el círculo negativo. Una vez instaladas las expectativas pesimistas en el ámbito privado, la acción estatal deberá desplegar recursos adicionales para poder compensarla.

4) De lo privado a lo público. Si la intervención de los Estados no se hubiera realizado a la velocidad que se hizo, el panorama económico resultaría hoy mucho más desolador. Con los enormes montos de ayuda fiscal se ha contenido un derrumbe drástico de la economía mundial, pero se está traspasando el problema al sector público. Sólo los Estados financieramente sólidos (Francia, Alemania) están logrando intervenir sin arriesgar el equilibrio de las cuentas públicas y una emisión monetaria que deteriore el valor de las monedas. Estados Unidos está aprovechando la predisposición global a refugiarse en su moneda y confiar en sus títulos públicos, pero la magnitud del derrumbe financiero lo está obligando a arriesgar la credibilidad de su moneda y de su deuda pública, cosa que ha sido advertida recientemente desde China. Los "activos tóxicos" –como se denomina a la cartera de préstamos incobrables de los bancos– no dejarán de serlo porque pasen del sector privado al público. Será el Estado, en los próximos años, el intoxicado, tanto por estar endeudándose fuertemente como por lo que tendrá que recaudar en impuestos de los contribuyentes para poder recomponer sus cuentas públicas.

5) De lo económico a lo social y político. La contracción económica está afectando directamente a las poblaciones de los países más castigados. La pérdida de empleos, de viviendas, de fondos de jubilación, de ahorros para los estudios en Estados Unidos, es grave y explica la furia que se ha expresado contra el pago de bonificaciones a directivos de entidades rescatadas por el Tesoro norteamericano. Varios gobiernos (Bélgica, Islandia, Hungría, República Checa y Hungría) no han podido sostenerse ante la crisis y otros están en serios problemas. Es previsible una ola de malestar social en numerosas economías afectadas y su posterior traducción en nuevas configuraciones políticas.

6) De la política local a la internacional. Es posible, en la medida en que se agudicen los problemas internos norteamericanos, que alguien plantee allí esta pregunta: ¿por qué los plomeros y carpinteros norteamericanos deberían perder sus trabajos para que los conserven los chinos, indios o mexicanos? Sería bastante razonable que las tremendas presiones internas sobre cómo resolver el gigantesco agujero crediticio en Estados Unidos se canalizaran contra otros mercados "mientras dure la emergencia". Las pujas para "repartir" los daños a nivel global implicarán tensiones internacionales. Así, el salvataje de países periféricos por parte del FMI requerirá de fondos que podría suministrar en parte China y también ciertos países árabes a través de sus Fondos Soberanos (entes financieros públicos con fuerte liquidez). Sería natural que estos países reclamaran, dada su posible contribución, un peso mucho mayor en las decisiones del organismo, recortando el poder de europeos y norteamericanos. ¿Alguien cederá alguna posición para mejorar la perspectiva general? ¿Aceptarán, por ejemplo, las corporaciones multinacionales que operan en la periferia reducir el envío de remesas hacia sus casas matrices, sedientas de fondos frescos ante el corte del crédito, dadas las mayores necesidades de divisas de los países en los que generan esas utilidades?

Conclusiones. Es indudable que se está abriendo un espacio de disputa económico y político que pondrá en tensión fuerzas al interior de los países y entre los mismos. Es que se está jugando la forma de resolución de la crisis, el reparto de los costos y el orden que emergerá luego del cataclismo. Como las finanzas han sido en estas décadas al mismo tiempo un instrumento de acumulación y de dominación, el cortocircuito que se ha producido crea condiciones para una alteración considerable del orden mundial. Al mismo tiempo comienza un debate conceptual sobre las causas y los responsables de la crisis. Por un tiempo, al menos, el discurso único sobre un "orden económico deseable para todos" será cosa del pasado.

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