La historia no autorizada del PRO bonaerense

Pasa en todas las familias políticas, y pasa en el PRO. Las diferencias, las ambiciones personales y las descon-fianzas, aparecen, y muchas veces culminan en ruptura.

En este caso, las peleas no han llevado a la firma del divorcio. Pero sí a las separaciones temporales, con reconciliaciones forzadas incluidas.

Puede decirse que todo comenzó con el pedido de licencia a la presidencia del PRO bonaerense del diputado Jorge Macri. Aunque vale mencionar que por ese entonces el legislador ya había sufrido su primera ruptura con Francisco de Narváez (tras haber protagonizado ambos la fórmula a la Gobernación, en el marco de la Unión PRO), y la deserción de algunos dirigentes, molestos por el aparente personalismo del candidato.

La desaparición de Macri, inexplicable para sus seguidores, fue absorbida de manera serena por nueva dirigencia PRO, de ascendencia capitalina.

Pablo Torello, amigo de Mauricio Macri y titular del PRO nacional, designado apoderado del partido en la Provincia; el diputado nacional Cristian Gribaudo; el legislador bonaerense Ramiro Tagliaferro; el secretario de Hacienda porteño, Néstor Grindetti y Jorge Triaca (hijo) se convirtieron, sin trámites, en los encargados del armado electoral y representantes directos del macrismo en territorio bonaerense.

De pronto, Jorge Macri reapareció. Explicó que había sido superado por una fuerte situación de presión. Explicó que había sido víctima de un chantaje por intermedio de un material que lo mostraba en situaciones deshonestas para la moral, (un tema ya conocido pero nunca hasta entonces confirmado), que además no había podido reponerse de algunos problemas de salud y que su relación con Mauricio no era la más auspiciosa.

Pero, recompuesto, y alegando haber presentado una denuncia penal en la Justicia, retomó la actividad política, envalentonado y dispuesto a exigir más lugares en las listas seccionales, además de su reelección en la Cámara baja.

Desde el macrismo más duro, en reserva, no dicen lo mismo. La licencia habría sido la salida más decorosa ante el escándalo que hubiese significado que se exhibiera el material en cuestión. El hecho, que aparentemente habría sido resuelto por el propio Macri, había a su vez potenciado las diferencias que desde hacía meses sostenían los primos. La licencia, enmarcada en numerosas especulaciones sobre la vida privada del legislador bonaerense, desató también la rebelión de un sector del PRO, liderado por la senadora Viviana Arcidiácono; el concejal de Lomas de Zamora Carlos Fiorentino y el

titular del partido de Vicente López, Cristian Raff, que se atrincheraron en un búnker disidente. Desde allí lanzaron graves acusaciones contra la nueva dirigencia y exigieron participar en el reparto de espacios electorales.

Pero la movida no les trajo beneficios, ya que, además de no ser atendidos, fueron excluidos del armado proselitista.

Pero, vuelto Jorge a la actividad, llamó la atención que, siendo marginado por la nueva conducción, que no dio por terminada la intervención sino que, por el contrario, la confirmó por 180 días, fuera igual tentado a integrar la lista de diputados provinciales por la Tercera sección.

"Mauricio le pidió que participe de la lista", aseguran los macristas.

La estrategia es contener al díscolo primo para que no se vaya. ¿Por temor a perder un cuadro político? Aparentemente, no. Sucede que Jorge tiene su propio caudal electoral, recogido en sus años de trabajo territorial pero, fundamentalmente, asociado a su apellido.

"Es un porcentaje del Conurbano, que sumado en contra es peligroso", coinciden en afirmar los aliados.

Según dicen, Macri, tras haber resuelto de forma familiar y legal el denunciado chantaje, habría exigido una participación fuerte en las nóminas anti K. Amenazaba con sumarse a algunas de las formaciones vecinales, siempre a albergar un buen apellido.

"¿Quién se va a creer que este es Jorge

y no Mauricio, que están en sectores opuestos?", comentan.

Las internas, sin embargo, no dejan respiro a la discusión fundamental del nuevo espacio: la necesidad de conformar listas de consenso en todas las secciones.

"No descartamos esta posibilidad, pero sería sólo para casos muy particulares", aclara Ramiro Tagliaferro.

El PRO definió esta semana convencer a sus socios de pactar el 33 por ciento para cada uno, pero como sumatoria de todas las listas. De esta manera, cada sección se podría acordar de forma particular, y de acuerdo a los porotos que pueda sumar cada fuerza. En la lista nacional, los PRO buscan insertar la primera mujer, que sería una hipermacrista, funcionaria del gobierno porteño, y no se desvelan por colocar demasiados nombres, ya que saben que suman por los de Capital.

"Queremos que el armado se discuta en la mesa de conducción y no en los medios, como sucedió hasta ahora", aducen los dirigentes del PRO, apurados por cerrar las listas para contener la interna propia y lanzar, de una vez, la campaña en la Provincia.

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