La hipótesis del rayo es posible, aunque difícil

Si el avión hubiera recibido una descarga eléctrica, se podrían haber dañado los sistemas y el aparato haberse hecho ingobernable. Hay antecedentes de accidentes aéreos en los que los rayos fueron la causa. El caso del Apolo 12.
¿Es posible que caiga un rayo en un avión? La respuesta es sí. ¿Hay registros de accidentes aéreos en los que un rayo haya sido la causa? Sí. ¿Es frecuente? No. ¿Fue un rayo la causa del accidente del vuelo de Air France? Por ahora, no se sabe, pero la hipótesis del rayo no es descartable. Ayer lo consulté con Martin Uman, experto de la Universidad de Florida, autor de varios trabajos sobre rayos que caen en aviones. Su visión me pareció elocuente: se sospecha una falla eléctrica y, como el Airbus 330 de Air France es un "Fly by Wire" –el piloto controla todos los instrumentos a través de una computadora– una posible falla de instrumental habría sido trágica.

El avión es un objeto metálico que puede cargarse eléctricamente por fricción con el aire, del mismo modo que un globo de cumpleaños puede cargarse al frotarlo con un pañuelo. Las nubes, a su vez, están cargadas eléctricamente y, si se dan las circunstancias, puede formarse un "cable" en el aire (el rayo) a través del cual circula carga eléctrica entre el avión y la nube.

En general no hay daño para los pasajeros ya que, como el avión es metálico, la corriente circula por su exterior y no entra a la nave. (Por el mismo motivo, uno está a salvo dentro del auto durante una tormenta eléctrica. Eso sí, apague el motor y la radio, y espere a que aclare). Sin embargo, puede ocurrir que los instrumentos electrónicos se dañen con consecuencias que en casos excepcionales pueden ser catastróficas.

La probabilidad de que eso ocurra es muy baja, comparable a la de que caiga un rayo en un edificio o en un objeto de tamaño parecido en la superficie de la Tierra.

Los estudios de investigación en este tema no se centran en si es posible o no que caiga un rayo, sino en el detalle de cómo ocurre. Por ejemplo, en la década de los ochenta se clarificó que el rayo se inicia en el avión y no, como se pensaba hasta entonces, que el avión intercepta una descarga que ya estaba ocurriendo.

Estos trabajos citan cientos de casos de descargas eléctricas en aviones comerciales, la mayoría inconsecuentes. Además, muchos de estos resultados se obtuvieron volando a propósito aviones de investigación hacia las zonas de tormenta.

Los casos más catastróficos son el Boeing 707 de Pan American World el 8 de diciembre de 1963: noventa y nueve testigos declararon haber visto una descarga desde el suelo a una nube en el momento en el que el avión se prendió fuego. Murieron 73 pasajeros y 8 tripulantes. Luego se vio que los tanques de combustible habían explotado y que el ala izquierda tenía marcas de rayo. Una situación similar se dio en Boeing 747 de la Imperial Iranian Air Force el 9 de mayo de 1976, al que le pegó un rayo cerca de Madrid. En ambos casos, las investigaciones posteriores mostraron que el accidente se debía a una convergencia de circunstancias, cada una de ellas muy improbables.

Y en noviembre de 1969, al Apolo 12 se le cortó la luz por siete segundos debido a un rayo que lo alcanzó instantes después de despegar.

Los aviones tienen sistemas de protección cada vez más sofisticados, y están cada vez más a salvo de este tipo de accidentes, pero la seguridad nunca es absoluta.

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