Hipótesis de guerra

Por Mariano Grondona

Santo Tomás de Aquino escribió que "el fin es lo primero en la intención y lo último en la realización". Desde el punto de vista de la "realización", el último domingo de octubre de 2011, cuando los argentinos elijamos el próximo presidente, está todavía muy lejos. Por eso los dirigentes políticos, incluidos los tenidos por "presidenciables", todavía se niegan, por pudor, a hablar de aquella jornada supuestamente remota.

Esto en cuanto a la "realización". ¿Qué decir en cambio de la "intención" que, aunque no se expresen en público acerca de ella, nuestros presidenciables ya albergan en el secreto de sus mentes? Que ella se está formando y, en algunos casos, ya está formada. Esto estaría pasando, por lo pronto, en la mente de Néstor Kirchner. Observadores como Hugo Alconada Mon se han animado a imaginar la "hipótesis de guerra" para mantenerse en el poder en 2011, que ya habría concebido el ex presidente. Kirchner supone, en este sentido, que 2011 podría ser similar a 2003, el año en que conquistó el poder. Como se sabe, nuestro método electoral para elegir presidente es el "ballottage" o doble vuelta según el cual, si ninguno de los candidatos alcanza en el primera vuelta el 45 por ciento de los votos o un 40 por ciento que al mismo tiempo lo distancie del segundo por lo menos en diez puntos, habrá una segunda vuelta entre los dos más votados en la primera.

En la primera vuelta de 2003, Kirchner entró segundo de Carlos Menem, pero éste tenía un porcentaje tan alto de rechazos que, si se hubiera presentado en la segunda vuelta, Kirchner lo habría derrotado ampliamente. Por eso, para no darle a su rival esta enorme ventaja inicial, Menem se retiró antes de la segunda vuelta, dejándolo a Kirchner con el precario 22 por ciento de su primera vuelta.

En 2011, otra vez, Kirchner no aspiraría ni siquiera a llegar primero en la primera vuelta, contentándose con ser uno de los "finalistas" de la segunda vuelta. ¿Cuál sería entonces su meta? Que su rival de la segunda vuelta, como Menem hace seis años, acumulara un alto porcentaje de dudas o rechazos. La idea de Kirchner sería tener enfrente a un adversario a quien muchos ciudadanos dudarían en elegir presidente. Entre los finalistas que Kirchner desearía enfrentar en la segunda vuelta estarían por ejemplo Pino Solanas o Lilita Carrió, a quienes los argentinos admiran como opositores pero a quienes dudarían consagrarlos como presidentes, por su nula experiencia ejecutiva. Si el "finalista" contra Kirchner fuera en cambio alguien con experiencia de gobierno como un Cobos, un Reutemann o un Macri, las cosas podrían ser distintas. ¿Cuál sería entonces la estrategia del ex presidente? Lograr, echando mano a algunos de los múltiples ardides en los que es ducho que, aun perdiendo él en la primera vuelta como en 2003, su rival fuera el más vulnerable de todos los demás en la recta final, aunque su vulnerabilidad, a la inversa de la de Menem en aquel año, resultare de su "falta" y no de su "exceso" de experiencia.

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