La hipocresía, al desnudo

Por: Ricardo Kirschbaum

La política de doble standard significa que ante el mismo hecho se tienen conductas y valoraciones distintas. Es la paradoja que hoy se discute sobre los medios. Un Gobierno que ha tenido la peor relación con el periodismo desde 1983, que ha obstaculizado su práctica, impedido el acceso a las fuentes de la información, negado el derecho a una vinculación con los actores del poder, presionado y manipulado a los medios con el uso discriminatorio de la publicidad, discriminado a los periodistas, llegando a reclamar el reemplazo de algunos o su separación lisa y llana, plantea una legislación cuyos objetivos son la "democratización" y la "pluralidad".

Causa asombro esta enorme brecha entre los hechos y las palabras. También estupor y pena que esta cruzada sea alentada por intelectuales que, en otras situaciones históricas, han denunciado cualquier avance sobre la libertad de expresión. ¿Qué produjo esa mutación brutal que ahora ni susurran para ahorrarle molestias al que maltrata a periodistas por hacer su trabajo? Otra vez la hipocresía del doble rasero.

Esta brecha entre las palabras y los hechos es salvada invocando la presunta nobleza de los fines.

Los medios no importan si al final "la madre de todas las batallas" se libra en nombre de los grandes principios para controlar lo que queda de los medios críticos, apoderarse de otros mediante el "capitalismo de amigos" tan extendido en este Gobierno, y permitir la entrada a nuevos y gigantescos jugadores extranjeros que impondrán su peso y tamaño.

El peligro cierto es que se esté pavimentando el camino al verdadero monopolio que busca Kirchner y cuya muestra, si hay dudas, está en el Sur. No ha variado nada: entre esa práctica autoritaria y su intento actual, salvo la dimensión, existe la misma apetencia por todo el poder.

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