Hindú: El reinado que lleva cuatro años de rotunda vigencia

En un cuarto de hora de implacable contundencia, el conjunto de Don Torcuato resolvió el ardoroso choque con el CASI y con una inobjetable victoria por 31-22 retuvo la corona; con el tetracampeonato logró una hazaña que hacía 17 años que no se daba en el campeonato local
Con la misma soberbia jerarquía que fue desandando el trayecto hasta el instante de una nueva coronación, Hindú cumplió con otro capítulo enaltecedor de su historia. La descomunal capacidad del rey de la URBA estuvo a prueba de principio a fin en la temporada, así como en la impactante final con el CASI. La grandeza del tetracampeón adquirió vigor a partir de su temple para sacar adelante un encuentro que se había dirigido hacia un terreno peligroso; vivió pasajes de zozobra, pero nunca dejó derribarse; entonces, cuando tomó aire se impulsó y lastimó con su fórmula mejor aprendida: dinámica, precisión y try. En 15 minutos de excelsa categoría, el elefante se dio el gusto de retener la corona. En dicho pasaje, con dos inolvidables anotaciones de Agulla, encauzó la victoria por 31-22. Una hegemonía que no vence, pues nadie logra interrumpir.

El primer período estuvo enmarcado por la paridad, aunque el campeón consiguió una sustancial ventaja en el volumen de la posesión, consecuencia de su predominio en las formaciones fijas. Además, la mayor presencia territorial lo colocaba en mejores condiciones, pero el Atlético antepuso su espíritu combativo pata no dejarse dominar. Entonces, a los torcuatenses les costó sobremanera poder desequilibrar, pues todos sus intentos se estrellaron con la encomiable tarea defensiva del rival que, en las pocas aproximaciones, se mostró más punzante.

El equipo sanisidrense supo aprovechar sus ocasiones cerca del in-goal, lastimó con el maul y con tres drops, de distintos ejecutores (Norberto Méndez, Martín Landajo y Agustín Figuerola), y un penal estableció una mínima distancia para llegar al intervalo al frente en los números (12-11). La velocidad y la aceleración le quitó precisión a Hindú que, a pesar de ese condicionante, pudo acertar en una acción inventada por Manasa Fernández Miranda. Un kick cruzado del genial N° 10 encontró lanzado a Ostiglia, Bosch y remató Agulla cerca de la bandera. Esa maniobra insinuó lo podía suceder si el tricampeón alcanzaba precisión. Y hubo que esperar.

Con el reinicio de las acciones se vio un Hindú renovado, más lúcido, frente a un oponente que empezó a perder el eje, a confundirse frente al aluvión. Incluso, las dos amonestaciones (Casanova y Headen) resultaron determinantes en el decaimiento de la solvencia. Los de Don Torcuato cumplieron con un cuarto de hora implacable, lapso en el cual Agulla, el tryman de la finalísima, asestó dos estocadas profundas. Primero dio vuelta el marcador Senillosa con un penal (14-12 arriba), pero lo mejor se vio en esas dos combinaciones letales, pese a que el árbitro Sánchez Ruiz no vio los pases hacia adelante. Nuevamente el control en las formaciones fijas le dio al vencedor los réditos para resolver el apasionante pleito. Desde un scrum ?con un hombre de más? Senillosa e Iachetti abrieron los caminos para el primer golpe del incisivo Agulla, y después de un line, nuevamente hirió el wing torcuatense, para culminar una embestida de Santiago Fernández.

Ese ciclo de contundencia terminó siendo decisivo (28-12), pese a que la Academia resurgió y achicó la distancia. Al verse preso de la adversidad, el Atlético recurrió a su amor propio para no rendirse. Figuerola acertó un penal y Pandelo se inspiró para darle suspenso al desenlace (22-28 se puso el CASI). Con diez minutos por delante, la tensión eclipsó la noche, pero en esa nebulosa de tensión apareció Manasa Fernández Miranda con su maestría para renovar el pacto con la gloria.

6 son los títulos del club de Don Torcuato: 1996, 1998, 2006, 2007, 2008 y 2009.

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