Hillary coincidió con Abbas, pero no con Netanyahu

Estuvo de acuerdo con el presidente de la Autoridad Palestina (AP), acerca de la necesidad de revitalizar el proceso negociador destinado a crear un Estado palestino y, en cambio, discrepó sobre el mismo asunto con el israelí Benjamin Netanyahu.
Todo un signo de los nuevos aires que Washington quiere insuflarle a su política hacia el Medio Oriente: la canciller norteamericana, Hillary Clinton, coincidió con el presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmud Abbas, acerca de la necesidad de revitalizar el proceso negociador destinado a crear un Estado palestino y, en cambio, discrepó sobre el mismo asunto con el israelí Benjamin Netanyahu, líder del partido derechista Likud, designado para encabezar el próximo gobierno de su país.

Durante su visita en la sede de la AP, en Ramalá, Clinton declaró que la destrucción de casas de habitantes palestinos en la parte oriental de Jerusalén, medida que lleva a cabo Israel, “no es efectiva”. Y agregó que el gobierno norteamericano sigue de cerca ese tema (así como el de los asentamientos judíos en Cisjordania) con las autoridades israelíes. Su anfitrión, el dirigente palestino Mahmud Abbas, también se refirió a la demolición de viviendas en localidades árabes de Jerusalén oriental. “Quien hace eso no está interesado en la paz. Les aclaramos nuestra oposición a los israelíes y a los norteamericanos”, dijo Abbas.

La canciller de los Estados Unidos expresó su valoración hacia las posiciones de la dirigencia de la AP y su determinación de promover un proceso de paz verdadero con Israel. “La dirigencia palestina aspira a un Estado que viva en paz con sus vecinos, y Mahmud Abbas es el dirigente que sigue preconizando la paz como vía que conduce a los palestinos hacia la independencia”, señaló. Clinton destacó la necesidad de actuar paralelamente en la mejora de las condiciones de vida de los habitantes de Cisjordania.

Por su parte, Abbas dijo que espera que el próximo gobierno israelí continúe “el proceso de paz basado en el principio de dos estados y la interrupción de la construcción en los asentamientos judíos de Cisjordania”. El presidente de la AP añadió: “El tiempo presiona, llegó la hora de poner sobre la mesa todos los temas de un acuerdo permanente, junto al tema de los prisioneros palestinos”. Además, el líder palestino le pidió a Hillary Clinton que actúe en pos de la apertura de los pasos fronterizos de Gaza y del levantamiento del bloqueo impuesto por Israel contra la Franja.

Por otro lado, Mahmud Abbas dirigió críticas a Irán, al que culpó de profundizar la escisión que divide a su pueblo (entre los nacionalistas laicos del Fatah, que gobiernan en Cisjordania, y los religiosos islámicos del movimiento Hamas, que controlan la Franja de Gaza). “Desde que los iraníes se entrometen en la cuestión palestina, sólo profundizan la división y las polémicas. Nosotros los llamamos a que dejen de intervenir en nuestros asuntos”, advirtió. Mediante esta declaración, Abbas aludió concretamente al foro sobre Palestina que el mismo día se realizaba en Teherán, al que acudieron representantes del Hamas y el jefe de Hezbolá, Hassan Nasralá.

En su encuentro con el dirigente israelí Benjamin Netanyahu, próximo a encabezar un gobierno con partidos de extrema derecha, Clinton puso en claro su discrepancia con la “paz económica” promovida por el jefe del Likud. “Crear oportunidades económicas para los palestinos, sin una solución política, no es algo práctico ni viable”, dijo. En cambio, de acuerdo con la canciller norteamericana la fórmula de dos estados para dos pueblos “es inevitable”. De esa posición se desprende el rechazo de Washington al avance de la colonización judía en Cisjordania. Desde el punto de vista de Netanyahu, sin embargo, el impulso colonizador en las tierras palestinas es parte inseparable de la plataforma de su partido, y constituye la razón de ser de otras dos fuerzas políticas que integrarán su próximo gobierno. Las futuras relaciones con la titular de la diplomacia norteamericana, por lo tanto, prometen ser generadoras de grandes titulares.

Durante su entrevista con el ministro de Defensa, Ehud Barak, Clinton expresó su reclamo referente a la apertura de los pasos fronterizos de Gaza, controlados y restringidos por Israel. “Hay que escuchar los pedidos y las necesidades de los palestinos”, le dijo al líder laborista. La visitante se refirió a la ampliación de la ayuda humanitaria y al ingreso de materiales de construcción imprescindibles para reconstruir la Franja de Gaza, que en gran parte ha quedado destruida tras el operativo de represalia militar desplegado por Israel en enero pasado. En la actual situación, sin una tregua acordada con el Hamas ni un intercambio de prisioneros a cambio del soldado israelí secuestrado en 2006, la dirigencia israelí sigue limitando el ingreso de mercaderías a Gaza como posición de fuerza ante una futura negociación.

La responsable de la política exterior del gobierno de Barack Obama dialogó con el premier israelí saliente, Ehud Olmert, sobre el programa nuclear desarrollado por Irán. Sobre este tema destacó que “los Estados Unidos están interesados en consolidar un escudo de seguridad regional frente a la amenaza nuclear iraní”. Contrastando con las diferencias en la cuestión palestina, en este frente Hillary Clinton compartió con la dirigencia israelí un lenguaje común. Efectivamente, el papel de Israel en alertar a la comunidad internacional sobre el presunto peligro del armamentismo atómico de Irán, tal como lo define el analista Zvi Barel, es actuar como “el vecino gritón que no permite que el consorcio se quede de brazos cruzados”. Pero su protagonismo en este terreno corre serios riesgos.

Según Barel, la posición israelí se vería deteriorada, entre otras causas, fundamentalmente debido a que ha perdido su status de país amenazado a raíz de la guerra de Gaza. El observador explica: “Aparentemente no hay relación entre ambos frentes, pero es difícil no percibir la erosión que ha sufrido la posición de Israel que le confería la autoridad de gritar ‘¡Peligro: lobo suelto!’, al mismo tiempo que su gobierno frena el ingreso de productos comestibles y de cemento a Gaza”.

Pues bien, según Barel esa erosión opera de manera horizontal: “El que es considerado un matón en un frente difícilmente podrá presentarse como un santo en otro frente”. El dominio de Irán sobre la amenaza nuclear no ha mermado, pero la aurora de su víctima potencial ha palidecido. Y mientras los políticos israelíes siguen compitiendo sobre quién emitirá la amenaza más vociferante contra Irán, el tratamiento del asunto ya ha pasado exclusivamente a manos del presidente norteamericano. El periodista israelí concluye: “Desde el banco de suplentes, Israel observa cómo Washington anuncia su intención de dialogar con Teherán, estrecha sus vínculos con Siria y apoya a un gobierno palestino unificado, en el que participará también Hamas, otro allegado al régimen iraní. Sin la ayuda diplomática que puede brindar en su propio escenario con el objeto de reducir la influencia de Irán, a la dirigencia israelí sólo le queda la opción de seguir repitiendo consignas vacías”.

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