Hierve la interna peronista tras el escape instantáneo de Kirchner

Por: Julio Blanck

Hidalguía para reconocer la responsabilidad en la derrota o hábil intento de correrse de la línea de fuego para que no lo sigan haciendo picadillo, la cuestión es que Néstor Kirchner renunció más rápido que volando a la presidencia del Partido Justicialista. Y le dejó a Daniel Scioli el hierro caliente de una fuerza que acaba de perder una elección a la que concurrió dividida, porque la dinámica de la interna registró aún antes del momento electoral el divorcio profundo entre el kirchnerismo y una porción de la sociedad que se demostró mayoritaria.

A los que dentro del peronismo ya se relamían con la imagen de su cabeza rodando, Kirchner les obsequió el mal trago de su escape instantáneo. Buscó un cono de sombra donde lamerse las heridas y tratar de mantener porciones del poder que supo tener. Quizás intentará, dentro de un tiempo, recuperar el centro de la escena si los demás jugadores no se deciden a ocupar el espacio vacante que acaba de dejar, empujado por el urnazo implacable del último domingo.

La gestión de Scioli para reorganizar el peronismo oficial tiene un problema de origen: el gobernador de Buenos Aires es vicario de Kirchner. Eso le pone un límite de hierro. Contra ese límite empezó Scioli a empujar ayer, en su aluvión de contactos con gobernadores peronistas y con Hugo Moyano. Conviene no desdeñar la capacidad de maniobra de Scioli, que supo sobrevivir a catástrofes de todo signo dentro del peronismo y salir siempre mejor parado de lo que estaba. No existen los milagros en política, y mucho menos los milagros repetidos.

Entre las dos interpretaciones posibles sobre la renuncia de Kirchner al PJ, Scioli prefiere la angelical. "Fue un mensaje fortísimo de Néstor. Reconoce el resultado y deja el lugar a los que seguimos en la línea de conducción", dice el gobernador, que postergó pero no descartó todavía su ambición presidencial.

Ya escuchó el reclamo de los gobernadores para tener más peso en las decisiones del PJ. Hasta ahora estaban para la foto: todo lo hacía, o más bien lo deshacía, Kirchner. "Ninguno se puede cortar solo, todos necesitamos de todos", les dijo Scioli. Y avisó que pretende trabajar en un espacio político, sin superponerlo con el Gobierno. No le gusta la idea de revivir una liga de gobernadores que le plantee a Cristina objeciones y sugerencias sobre la gestión. Pero el peronismo no va a asistir mansamente a la repetición de decisiones y actitudes que lo llevaron a la derrota. La dinámica del reordenamiento quizás lleve inevitablemente a ese escenario de potencial colisión. Si eso sucede, la historia por venir se escribirá a paso más rápido.

Los referentes del peronismo que quedaron en pie, después del domingo negro del kirchnerismo, se resisten a reconocerle a Scioli cualquier forma de jefatura. "Es el gobernador de una provincia que se perdió, y además fue candidato", dicen. Pero le conceden a su talante amable la posibilidad de llevar a buen destino la cruzada componedora.

Hasta Carlos Reutemann deslizó que la convocatoria al diálogo del nuevo encargado del PJ le parecía positiva. Aunque sus amigos explicaron enseguida que el santafesino buscó decir que "está bien que se haya ido Kirchner, pero que él no va a meterse en la interna". Contra lo que proyectaba cuando Santa Fe parecía un cómodo paseo y no la victoria agónica que fue sobre el socialismo, Reutemann habría desistido de pelear por el PJ como paso previo a la candidatura presidencial. Ahora piensa pararse sobre una agenda de temas, empezando por los del campo, y avanzar de a poco hacia 2011. En el camino, supone que se van a decantar algunas candidaturas que en estas horas florecen como si fuese primavera. "Lole es el candidato indiscutido del peronismo, ahora, dentro de seis meses o dentro de un año. No hay razón para apurarse", dicen sus exégetas.

Un funcionario que todavía es kirchnerista recuerda que "el peronismo siempre corre en auxilio de los vencedores". Es su manera de decir que Kirchner no tiene lugar en el futuro. Lo de "funcionario que todavía es kirchnerista" se repite con pasmosa precisión en las últimas 48 horas. Salvo en el kirchnerismo duro, no es fácil encontrar hoy alguien que reivindique la condición que, a las buenas o a las malas, ostentaba hasta el domingo.

Ningún gobernador que haya ganado atribuye esa victoria al influjo beneficioso de Kirchner y Cristina. Sienten que los votos son sólo de ellos, que en general hicieron campaña prescindiendo de las referencias nacionales. Con más o menos énfasis, así piensan el sanjuanino José Luis Gioja, el chubutense Mario Das Neves, el tucumano José Alperovich, el chaqueño Jorge Capitanich y el salteño Juan Urtubey, entre otros.

De los intendentes del Gran Buenos Aires, ni que hablar. Se quejan de que el peso de Kirchner los hundió en las urnas. Saben que la jefatura está vacante y más de uno llamó a Francisco De Narváez "para felicitarlo" por el triunfo del domingo.

Desde la noche de la derrota, los centuriones kirchneristas baten el parche con la supuesta "traición de los intendentes", que salvaron la ropa en la elección municipal mientras se derrumbaba el voto del ex presidente.

Uno de esos caudillos comunales replica con estos números: "De 90 intendentes que tenemos en la Provincia, 72 ganaron la elección local. Kirchner ganó solamente en 23 municipios. ¿Se puede hablar de traición? ¿O será que es más fácil enojarse con los otros para no reconocer los propios errores?".

El hombre remata con amargura: "la gente nos perforó el piso electoral, si no reaccionamos ahora en la próxima nos llevan puestos a todos". Había sido uno de los asistentes más fervorosos en el acto de cierre de campaña, que Kirchner hizo el jueves pasado en La Matanza.

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