La heterodoxia kirchnerista

Por Mariano Grondona

El consenso entre los analistas de Wall Street es que la Argentina es el país latinoamericano que la pasará peor en 2009 en medio de la crisis internacional, incluso peor que Venezuela y Ecuador -que ya declaró el default- y bien por detrás de países como Perú, Chile y Brasil.

La razón principal por la cual los analistas ubican a la Argentina en el fondo de la tabla de posiciones latinoamericana es la heterodoxia kirchnerista. A veces los Kirchner parecen ufanarse de su heterodoxia anticapitalista porque se creen keynesianos. Imaginan así que, al intervenir con grandes sumas en los mercados, los Estados occidentales han renegado del capitalismo al que la pareja presidencial ha demonizado. Pero al pensar así ignoran dos verdades centrales del capitalismo actual. La primera es que la intervención del Estado en la economía como la están practicando hoy los países avanzados, lejos de ser anticapitalista es procapitalista. La segunda es que esta intervención es al mismo tiempo keynesiana y procapitalista porque en los años treinta Keynes no vino a sepultar al capitalismo sino a salvarlo mediante la reforma, una reforma tan aceptada hoy en Occidente que el gran economista inglés ha dejado de ser considerado un heterodoxo para convertirse en el símbolo mismo de la ortodoxia.

A riesgo de sobresimplificar el tema, podríamos decir que Keynes fue, en lo esencial, un economista "anticíclico". En tiempos de bonanza, su consejo fue bajar el gasto público y ahorrar en previsión de los tiempos difíciles. En tiempos difìciles, su consejo fue aumentar el gasto público para salvar la actividad económica privada y los empleos aun a costa del déficit del presupuesto estatal. Como hoy vivimos tiempos difíciles, los Estados gastan como locos pero no para desplazar sino para salvar a los mercados, esto es al capitalismo. A esta típica receta keynesiana gobiernos como los de Chile y Brasil han agregado la devaluación de sus monedas para mantenerse competitivos.

Todo esto es lo que no hizo Kirchner. En tiempos de bonanza gastó como loco para ganar elecciones y ahora se aferra al superávit que aún le queda porque necesita la "caja" para seguir controlando el sistema político. Para sostenerla contra viento y marea, no se le ha ocurrido nada mejor que destruir la confianza de los mercados al confiscar los fondos privados de las AFJP, a todo lo cual no agrega la devaluación que salvó a Duhalde en 2002, optando en vez de ella por una devaluación tan gradual que se parece a un cambio fijo. Kirchner es por cierto heterodoxo, pero no por ser keynesiano sino justamente por no serlo, por no haber comprendido el espíritu esencialmente capitalista del keynesianismo. No puede asombrar entonces que los analistas de Wall Street lo hayan ubicado en el último lugar de la tabla de posiciones latinoamericana.

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