Las herramientas para rearmarse.

Cada club calibra la estrategia para reforzarse de acuerdo con sus necesidades y sus políticas de compra; las tendencias cambiaron.
Tal vez, el paradigma de este caso es San Lorenzo. Pero no porque sea el único, sino porque es el más visible. El grupo inversor, liderado por el empresario Marcelo Tinelli, se acercó al club azulgrana antes del exitoso Clausura 2007, cuando colaboró para las adquisiciones de Gastón Fernández y de Cristian Ledesma. Pero luego todo se fue de las manos: trajeron figuras que no rindieron, desde Andrés D´Alessandro hasta Diego Placente, y apenas se destacó uno: Gonzalo Bergessio al que, por ahora, no pueden vender. Los grupos económicos aparecen cuando el club tiene un gran déficit económico, un pasivo considerable y una sangría evidente en las divisiones menores. Al principio, parece un mundo ideal: acercan jugadores para reforzar el plantel que, de otra manera, jamás llegarían. Eso sí: si el título no se concreta, son todas pálidas. Y la deuda se agiganta, ya que los sueldos, las primas y los premios deben abonarlos el club. Y cuando las supuestas figuras se alejan, a la entidad no le quedan dividendos. Apenas son una vidriera. Como en el caso de Javier Pastore, el crack que Huracán no pudo retener.

Recursos propios

"El camino por seguir es el que marcan Estudiantes, Vélez y Lanús. Con recursos propios, apuesta a las inferiores y mucha seriedad dirigencial." La frase la expuso, apenas días atrás, Miguel Russo, el ex DT de Central, que conoce muy bien la intimidad de esas entidades. El campeón de la Libertadores, el ganador del Apertura y el equipo que más puntos cosechó en la temporada última, para muchos, marcan una tendencia en épocas económicas complejas. Tienen un valor esencial para competir a lo grande: recursos propios. Dinero fresco para comprar porque saben vender bien. Les sacan el jugo a las apuestas, también, porque no tienen la urgencia de los clubes grandes. Estudiantes, por ejemplo, se dio el gusto de retener a Chapu Braña, que se iba con una propuesta generosa al fútbol mexicano. Vélez, por caso, contrató a Maxi Moralez y Sebastián Domínguez meses antes de la consagración. Y Lanús, además, se da el lujo de no estar urgido por vender. La mejor prueba es Pepe Sand, goleador de los dos últimos torneos. Hasta que no paguen lo que vale, mejor tenerlo en casa.

Mirar a las inferiores

Un aspecto saludable que podría ocurrir en los clubes argentinos, para asegurar la renovación, es que las inferiores alumbren a la primera cada vez más proyectos y promesas surgidos y formados en las divisiones menores.

Hoy se puede decir que en los últimos años se perfeccionó un meticuloso diagrama de búsquedas y de pruebas, se le dio prioridad a la preparación física y se diseñaron variadas iniciativas para la contención psicológica de los juveniles. Uno de los casos más destacados es el de Lanús, conformado por varios jugadores provenientes de la cantera.

Paulatinamente, los clubes fueron entendiendo, unos mejor que otros, que una de las grandes apuestas son las inferiores. Desde hace un tiempo la idea que ganó espacio en aquellos equipos que quieren hacer las cosas bien fue profesionalizar la gestión deportiva, rodearla de un trabajo de corte científico y apuntar a la buena imagen de los intérpretes. Y los que han fracasado en esta pretensión son los que más problemas tienen actualmente en el armado de los planteles de primera.

Buscar el ascenso

La lista de los jugadores provenientes de los torneos de ascenso muestra casos que nunca llegaron a afirmarse en primera división y otros que después escribieron una rica historia, como por ejemplo Jorge Burruchaga, Sergio Goycochea y Ezequiel Lavezzi, entre otros.

Es evidente que la economía de nuestros clubes no está para solventar muchos costos. Después de esta breve conclusión, se entiende por qué los jóvenes del ascenso concentran cada vez más la mirada del fútbol grande. Los tiempos cambiaron y como consecuencia de esa enorme diferencia económica, en los últimos años, equipos como Tigre, Argentinos, Godoy Cruz, como ejemplos más claros, han realizado campañas interesantes con jugadores del ascenso.

Víctor Figueroa, Néstor Ortigoza, Fabián Bordagaray, Juan Mercier, Diego Castaño, son sólo algunas de las caras de nuestro fútbol que encontraron con celeridad un lugar que, en otros tiempos, les hubiese resultado imposible imaginar. Hoy es el tiempo también de ellos y tienen la oportunidad.

Recurrir a préstamos

El mercado promete moverse bastante en el rubro préstamos. Lo dicen los empresarios -principales interesados en dicho movimiento-, lo admiten los dirigentes y lo reconocen los jugadores. Y en los clubes que no pueden rearmarse con recursos sustentables o propios saben que es una opción viable y que deben resolver a la brevedad.

Al tomar la decisión de incorporar a préstamo cada comisión directiva sabe que asume costos altos en lo futbolístico de un semestre al otro. Que lo diga Huracán, que estuvo a un paso de salir campeón con la mayoría del equipo conformado por jugadores a préstamo y ahora pena por retenerlos. Mario Bolatti, proveniente de Porto sin cargo y sin opción, es el jugador emblema en el esquema de Angel Cappa. Pero no es el único caso, pues casi todos los clubes incorporan con esta modalidad.

Al cambiar constantemente, el entrenador puede estar convencido de los nombres, pero no tiene dimensión de cuánto le costará ensamblar las nuevas piezas. Y, en cierto punto, todo equipo es un gran interrogante para el campeonato que viene.

Una nueva: el trueque

La sentencia es de Alfio Basile, el DT de Boca otra vez: "En Latinoamérica, el único que compra y tiene millones es América, de México; después, el fútbol argentino se maneja con préstamos y trueques". ¿Cómo, volvió el trueque, una manera de comprar y vender anterior al dinero? ¿Así está el fútbol nuestro? Así parece. Cuando los recursos desaparecen y el ingenio apenas resiste, los clubes buscan agua en el desierto. Días atrás, el Tolo Gallego tuvo una idea, frente a las ganas de Pipo Gorosito de contar con Leandro Gioda: pedir a Mauro Rosales a cambio. Mano a mano, como si fuera sin dinero, sin intermediarios. Días después, se conformó con Andrés Ríos. Al final, frente a la negativa de los dirigentes de River de contar con el ex defensor de Lanús, la situación se evaporó. Es la otra realidad: detrás de los préstamos, se presentan los trueques. Hay otros casos, aunque siempre dentro de una medianía general. Y si en ese escenario cayeron los grandes, los poderosos, ¿qué les queda a los humildes? ¿Qué otro camino tendrán Atlético Tucumán y Chacarita, del ascenso a primera?

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