¿Los hermanos se pelean? Todos desunidos triunfaremos

¿Los hermanos se pelean? Todos desunidos triunfaremos

Todas las fórmulas que ensayaron hasta hoy para mantenerse en el pináculo del poder fueron exitosas y ahora, en el experimento más arriesgado, van por todo: conservar la gobernación y regenerarse, al mismo tiempo, como su propia oposición. San Luis asiste a un reality showfamiliar con ribetes escandalosos que apunta a la auto preservación.

El Adolfo”, de 71 años, tuvo cinco mandatos, entre 1983 y 2001. En tanto, “El Alberto”, de 69, gobernó entre 2003 y 2011, y ahora transita su tercera gestión.

Al cabo de 36 años de control absoluto de la provincia, los hermanos Rodríguez Saá se darán el peligroso lujo de enfrentarse en las elecciones del 16 de junio, en la que estarán en juego la gobernación, la mitad de las dos cámaras legislativas, más de 50 intendencias y los concejos deliberantes.

¿Cómo se explica que el hegemónico poder bifronte repentinamente se quiebre?

La clase política descree de que la fractura sea tal, mientras que buena parte de la sociedad no termina de convencerse y mira incrédula el espectáculo que protagonizan el fugaz ex presidente de la Nación y su hermano, quien fue dos veces candidato presidencial.

PRECEDENTE. Sin embargo, no hay que escarbar muy profundamente para encontrar respuestas. El proceso electoral de medio término de 2017 fue esclarecedor, además de haber implicado una lección: mostró que los Rodríguez Saá no son imbatibles y también un cansancio de la sociedad, que les propinó una paliza histórica en las PASO.

Por primera vez ambos como candidatos e integrando una fórmula Adolfo-Alberto, senador titular y suplente respectivamente, cayeron derrotados entonces por casi 20 puntos ante el flamante líder de la oposición, Claudio Poggi, el ex gobernador que venía de romper con los hermanos.

Cabe recordar que desde que llegaron al gobierno provincial, los Rodríguez Saá solo registraron un traspié, el del alfonsinazo de 1985, cuando ninguno de los dos iba en las listas. Adolfo entró entonces en un pozo depresivo del que fue sacado por su hermano.

Aquel antecedente de las primarias de 2017 probó que los padres del “modelo San Luis” y creadores de la marca “San Luis, otro país”, disparadora del sueño de una Cataluña argentina, ya no eran garantes de un triunfo del oficialismo.

Con todo, se enderezaron con la fuerza de nuevos planes sociales que cobijaron en dos meses a 70 mil personas, de 4 mil merenderos y de 15 mil becas para jóvenes, entre otras herramientas, que demandaron en 60 días alrededor de $2.300 millones adicionales de gasto público, según arrojaron informes que se publicaron más tarde. Las Cuentas de Inversión aprobadas por la Legislatura consignaron que se destinó $1 millón por día en publicidad oficial.

La derrota en las PASO de 2017 probó que los creadores de la marca “San Luis, otro país” ya no eran garantes de un triunfo del oficialismo. Pero se enderezaron con nuevos planes sociales que cobijaron en dos meses a 70 mil personas, 4 mil merenderos y 15 mil becas para jóvenes, lo que demandó en 60 días de $2.300 millones adicionales de gasto público.

“Los invité a una epopeya casi imposible”, celebró aliviado el 22 de octubre Adolfo, con su esposa, Gisela Vartalitis, pegada como un imán. Su hermano dijo esa misma noche, ya desprovisto del susto: “El 13 de agosto nos dieron una trompada en el corazón. Dolió, pero más dolió en los barrios humildes. Tuvimos que leer los reglamentos del boxeo. Si te cuentan hasta nueve y te levantás, no estás knock out”. En la remontada le ganaron por diez puntos a Cambiemos.

Ese antecedente inmediato mostró que el idilio no era eterno y reconquistar al soberano tuvo un costo que perforó el equilibrio presupuestario hasta empujar a la provincia al déficit fiscal por primera vez en décadas.

UN PUNTO DE INFLEXIÓN. Aquella parada introdujo en la escena a dos actores de reparto para dar entidad a una pelea que no parece política ni ideológica. Por las formas, es una pulseada por la llave del poder más allá del 10 de diciembre. Se trata de Vartalitis, una mendocina mucho más joven que su esposo, de quien ahora se erigió jefa de campaña, y de “Albertito", hijo del gobernador y secretario general de la Gobernación que, en los hechos, es el jefe de Gabinete. Ambos pugnan sin pruritos por ser los herederos.

La promocionada pelea se da en un escenario que presenta un cuidadoso reparto de espacios. Adolfo controla el bloque de Diputados provinciales (20 sobre un total de 28), los cuatro diputados nacionales, la mitad de las intendencias y concejales. Alberto alineó la bancada de senadores provinciales (8 de 9), a la senadora nacional Eugenia Catalfamo y la otra parte de los jefes comunales y concejales oficialistas.

En la nueva configuración del tablero también quedó acomodado el kirchnerismo, que fue colonizado por imperio del pacto entre Cristina Kirchner y el gobernador. Bajo el ala de Alberto se recostaron las catorce agrupaciones más duras, mientras que Adolfo contuvo al resto. Hasta 2015 los hermanos Rodríguez Saá habían sido furiosos anti K.

Van separados a la crucial elección de junio agitando una reyerta familiar que se alimenta de escándalos que se entregan por capítulos. Un día, a través de Twitter, la hija del gobernador (directora de El Diario de la República) le recordó a Vartalitis que arrastra causas penales en Mendoza

Al día siguiente, Zulema (hermana menor y aliada de Alberto) le reprochó a Adolfo por Facebook que “esto que nos hacés vivir nos provoca dolor”.

Del otro lado, el ex presidente recogió el guante e intervino al afirmar que “soy un buen hermano”. Cuando la lava subía, anticipando que todo iba a estallar, se publicó en las redes sociales una foto donde aparecían juntas las hijas de los cuatro hermanos. Entones dio la impresión de que la casa estaba finalmente en orden.

UN JUEGO DE DIFERENCIAS. Muchos puntanos miran con pavor cómo la dinastía le da volumen a la intriga. Debe quedar en claro que los hermanos no son lo mismo y que es una lucha en serio. La función debe continuar.

El otro escenario, con un guion para una historia digna de Netflix, es el Partido Justicialista, del cual Adolfo es el presidente del Consejo Provincial y Alberto, titular del Congreso.

El actual gobernador se quedó con el sello partidario con el que irá por la reelección y desafilió a Adolfo porque se presenta por afuera con el Frente Juntos por la Gente.

La última novedad que hizo arder la interna fue la denuncia pública contra Adolfo por “vaciamiento” de las cuentas partidarias del Banco Nación. En las acusaciones mediáticas le achacan haber extraído $14 millones en forma irregular.

Pero todo tiene un límite. La equilibrada mensura de territorios no ha comprometido la gobernabilidad y la evidencia es que en los pedidos de interpelación a ministros promovidos por la oposición, los diputados albertistas y adolfistas siempre votaron juntos a la hora de rechazar la comparecencia de los funcionarios.

Las empresas que construyen por estos días un hospital presupuestado en $7.099.623.643 tienen garantizado el contrato. Entre los legisladores de uno y otro tampoco se despiertan dudas sobre este proyecto y de otras obras públicas. No hay curiosidad por investigar.

Alberto definió al sector que representa su hermano como la “nueva oposición”, que desde ese rol no hurga donde hay sospechas, como por ejemplo en un subsidio de $80 millones que recibió la Fundación Mujeres Puntanas de Vartalitis para regalar electrodomésticos. La causa judicial está paralizada porque los jueces federales y provinciales se van excusando a medida que les llega el expediente. Desde hace más de un año la Corte Suprema tiene pendiente de resolver a qué fuero le dará la competencia de ese caso que quema.

Alberto definió al sector que representa su hermano como la “nueva oposición”, que desde ese rol no hurga donde hay sospechas.

Los hermanos están parados a ambos lados del mostrador: oficialismo y “nueva oposición”.

Entonces ¿es una pelea en serio o una estrategia para correrlo de la escena a Poggi, que es el candidato de la oposición con apoyo de gobierno de Mauricio Macri?

Poggi sostiene que “los Rodríguez Saá tomaron la provincia como una herencia y la discuten como un bien sucesorio”, y que “los problemas de la familia los quieren hacer pasar como el gran problema de los ciudadanos de San Luis”.

Siempre está flotando la idea de que no representan proyectos políticos distintos, más allá de que Alberto se muestra hoy como filo K y, en tal carácter, como un ferviente anti macrista, mientras que Adolfo interpreta un papel moderado.

¿FINAL DE CICLO? De la experiencia de 2017, cuando perdieron el invicto, afloraron diferencias y la necesidad de replantear estrategias que llevaron a ambos hermanos a encabezar sendos frentes.

En su último discurso en la sede partidaria, al calzarse el traje de candidato, Alberto le tributó un homenaje eufórico al cinco veces gobernador y ordenó a su tropa que no lo ofenda: “Adolfo tiene una extraordinaria historia en el país y en esta casa, por lo que haremos la campaña con un enormísimo respeto”. Y a continuación dijo: “Uno, claramente, hoy representa los intereses de Macri. Ese es nuestro adversario". Así señaló a Poggi como el oponente a vencer.

Claudio Poggi sostiene que “los Rodríguez Saá tomaron la provincia como una herencia y la discuten como un bien sucesorio”, y que “los problemas de la familia los quieren hacer pasar como el gran problema de los ciudadanos de San Luis”.

La oposición, bajo el nombre de Frente San Luis Unido, nominó una fórmula que tiene al intendente de la capital, Enrique Ponce, como postulante a la vicegobernación. Presumen que es el binomio más competitivo que haya logrado armar la dirigencia disidente y se entusiasman con que la división del oficialismo puede traducirse en pura ganancia.

Entienden, así,  que están más cerca que nunca de la victoria. Eso está por verse.

Después de todo, el objetivo de los Rodríguez Saá es sostenerse en la cima de las pirámides de Terrazas del Portezuelo, que es la sede del Poder Ejecutivo. Puede ser Alberto o Adolfo; en definitiva son Rodríguez Saá y si alguno gana, al final habrá abrazo fraternal.

En el plan, lo importante es que no se cierre el ciclo, es decir que Poggi no les arrebate el poder en lo que se conoce como el “último feudo” de la Argentina.

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