Una hermana de Fidel y Raúl Castro espiaba para la CIA en los años 60

Fue reclutada por la Agencia en 1961. Y trabajó para EE.UU. hasta la presidencia de Richard Nixon.
Podría ser una novela de espionaje de las que escribía John Le Carre durante la Guerra Fría. Pero no lo es. En su libro "Fidel y Raúl, mis hermanos. La historia secreta" Juanita Castro cuenta su vida: cómo después de haber apoyado la revolución en Cuba, que lideraron sus dos hermanos y terminó con la dictadura de Fulgencio Batista, se dio vuelta y comenzó a trabajar para la CIA, transformándose en la primera en advertir a Washington que la Unión Soviética estaba por desplegar misiles en la isla.

A los 78 años, Juanita explica en su esperado libro de memorias que el giro que dio en aquel entonces se debió fundamentalmente al gran número de ejecuciones que estaban teniendo lugar en la isla, a la confiscación de las propiedades privadas, a la manera en que, según ella, Fidel y Raúl traicionaron la revolución.

Las críticas a sus dos hermanos, fundamentalmente a Fidel, son tan severas como las que le hace al Che Guevara. "Ese personaje nunca me gustó, nunca le tuve simpatía. Así de sencillo y así corto", dice al iniciar el capítulo 22 que dedica enteramente al Che.

"Era arrogante, sucio, nunca se bañaba... era un hombre sin sentimientos... lo único que quería era convertirse en un personaje grandioso. Para mi fue funesto. Le hizo mucho daño a la revolución".

Juanita Castro fue reclutada por la CIA a través de Virginia Leitao da Cunha, la esposa del entonces embajador de Brasil en Cuba.

El 23 de junio de 1961, Juanita y Virginia viajaron por separado a México, donde mantuvieron una reunión en el recién estrenado Hotel Camino Real, con el experto en Cuba de la CIA, que si bien se presentó como Enrique, se llamaba Tony Sforza.

Durante esa reunión, Juanita puso una condición. "Colaboraré con la CIA siempre y cuando no haya operativos que atenten contra la vida de mis hermanos ni de la de nadie", dijo.

Sforza, que era una de las piezas clave de la Operación Mangosta, también conocida como Proyecto Cuba, "aceptó" la condición. Juanita se transformó en la agente "Donna" pese a que durante la década del 60 hubo decenas de complots para asesinar a sus hermanos y para poner fin a la revolución.

Su primera misión fue llevar de regreso a Cuba mensajes y dinero en latas de conserva para los hombres de la CIA que estaban trabajando en la isla. Su casa se transformó en un refugio para los disidentes.

"Cuando mi madre murió (en agosto de 1963) tenía una situación muy delicada", contó Juanita. "Con mi madre siempre me sentí protegida. Pensaba que iba ser mucho más difícil que ellos tomaran medidas en contra mío".

Al poco tiempo, Raúl le advirtió que Fidel estaba furioso. Tenían información sobre lo que estaba haciendo. La CIA decidió sacarla de Cuba. Raúl accedió a agilizarle los trámites para viajar a México por amor a su hermana preferida y también porque ignoraba su afiliación con la CIA.

Juanita llegó a México y dio una conferencia de prensa denunciando lo que estaba pasando en Cuba que tuvo el efecto de una bomba.

Su colaboración con la CIA continuó hasta que Richard Nixon asumió la presidencia y decidió acercarse a Rusia y a China. Dos agentes llegaron a su casa para explicarle que ya no querían sus denuncias sobre Cuba. Los echó de su casa y terminó su colaboración con ellos.

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