Herederos de Mestre reviven UCR (sin alianza).

Euforia por el triunfo de Aguad sobre el juecismo para Diputados. Fuerte suba del radicalismo en Capital.
El mestrismo, que en 1998 hizo caer al llano a la Unión Cívica Radical, comenzó ayer a levantarla de la mano de dos herederos del ex gobernador que perdiera el invicto que tenía el partido desde 1983.

Oscar Aguad, el «hijo político», derrotó al juecismo para Diputados, al superar al fantasmal Gumersindo Alonso por 29,06% a 27,98%. Su cosecha, además, es apenas 1,5 puntos porcentuales menor a la que logró Luis Juez para Senadores (30,64%). En Capital, logró el 29,03%, a 6,3 puntos porcentuales del juecismo.

Ramón Mestre, el hijo del ex mandatario, consiguió el segundo lugar en el Senado, a unos cuatro puntos de Juez, un rival de mayor peso electoral que el que enfrentó Aguad, lo que equilibra el éxito de cada uno. Mestre contra Juez subió al 26,70% en la provincia y al 26,03% en Capital, con una diferencia negativa respecto al juecismo de 3,9 y 12,6 puntos porcentuales.

En 2007, con Mario Negri como candidato a gobernador, contra Luis Juez, la UCR había sacado el 22,17% en la provincia, y 17,85% en la ciudad de Córdoba, a una distancia de 14 y 31 puntos porcentuales, respectivamente del Frente Cívico. La recuperación es evidente.

Ambos, además, quedaron en impecable situación para ser los candidatos a gobernador (Aguad) y a intendente (Mestre) en 2011. Así, curiosamente, la UCR, con tantas batallas internas encima, tiene la ocasión de ver despejado el camino a la próxima elección provincial.

El resultado de ayer parece sugerir que no hubo más que angelocismo y mestrismo en la UCR desde 1983. A partir de 1998, cuando ambas corrientes internas estaban en crisis, ni los centrífugos intendentes del interior ni el negrismo filo-juecista, que se habían autoproclamados como la renovación, lograron darle un soplo de vida al partido.

La UCR celebró que vuelve a convertirse en una opción de gobierno, después de una década de frustraciones sucesivas apenas disimuladas por el triunfo en la elección nacional de octubre pasado, en la que el Frente Cívico se abstuvo de participar por la delirante denuncia de fraude de Luis Juez.

El éxito lo alcanzó con la tradicional boleta 3, es decir sin la alianza oportunista con Juez que pretendía Mario Negri, el presidente del Comité Provincia, quien aterrorizado por lo que auguraba sería un papelón electoral fugó a Buenos Aires, dejando en la Casa Radical un pedido de licencia que vence precisamente hoy. Muchos le reprocharon la huida, como ahora su regreso furtivo, ayer, al advertir que las cámaras de TV se encendían en la sede partidaria.

Negri sobrevivió a la caída de Eduardo Angeloz, del que fue vicegobernador, a la de su ex aliado Ramón Mestre, y a la de Fernando de la Rúa, habiendo sido un impulsor de la Alianza en Córdoba. Pero da la sensación que la resurrección de la UCR es su lápida. "Que se haga cargo del desastre de Buenos Aires", lo desafiaban ayer.

El entrerriano siguió defendiendo la política aliancista con el argumento de que, juntos, la UCR y el Frente Cívico habrían sacado el 60 por ciento de los votos. Se lo dijo a una movilera de TV, pero no podrá repetirlo ante sus correligionarios que, más duchos en estos entreveros, sabrían replicar esas ridículas justificaciones: una alianza no es siempre la suma de sus partes, y, además, si así lo fuera, ¿por qué no incorporar a Unión por Córdoba para sacar el 80%?

No hay nada más sencillo que ganar una elección: basta con aliarse al que va primero, pero la política no puede ser sólo aritmética. Negri quiso arrojar la intransigencia radical a los pies de Juez, y ahora agoniza.

Por cierto, siempre hay tiempo para equivocarse, y hasta los antialiancistas de hoy podrían ser los aliancistas de mañana; de hecho Negri hablaba de que la UCR está en condiciones de presentar una oferta electoral propia en 2011, mientras Mestre dijo que no cierra el diálogo con ninguna fuerza política. Igual, la UCR tiene la chance de haber aprendido la lección: puede recuperarse sin alianzas circunstanciales y pragmáticas.

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