El hemisferio occidental

El hemisferio occidental
El líder demócrata sigue en campaña, como si todavía no hubiera alcanzado con plenitud el gobierno de Estados Unidos.
De todas las aseveraciones sobre el desempeño de Barack Obama, una sola no encuentra contradicción: el líder demócrata sigue en campaña, como si todavía no hubiera alcanzado con plenitud el gobierno de Estados Unidos. En la foto se lo ve en la Casa Blanca, antes de partir rumbo a California en tour proselitista. Con el brazo extendido, señala a Timothy Geithner, que tiene las manos juntas, para decirle a un pueblo norteamericano cada vez más incrédulo que deben confiar en este secretario del Tesoro porque ha sido elegido por él, el primer presidente negro en la Casa Blanca.

EL DINERO DE LOS CONTRIBUYENTES. Los planes diseñados por Geithner para que el dinero del Estado auxiliara a bancos y empresas culminaron, al menos en un caso, en la mayor de las pesadillas de relaciones públicas para la nueva administración: se convirtieron en bonus, esos sobresueldos multimillonarios con los que se premia a los ejecutivos a fin de año. El escándalo de la aseguradora AIG (ver página 16) hizo que el presidente, en un intento de volver al calor de la relación con sus votantes, fuera a un programa cómico nocturno en vivo. Cuando le preguntaron cómo estaban sus habilidades para el juego de bowling, dijo que su nivel le permitiría participar en los Juegos Paralímpicos. Al día siguiente, la prensa contrera como el New York Post, tituló “No es un chiste”. Y los grupos de discapacitados llegaron a tiempo para señalar el inusitado desliz en la corrección política. Como para contrarrestar, el New York Times puso en la tapa una foto de un congresista en silla de ruedas, trabajando para destrabar el problema de AIG.

LA PESADA HERENCIA. Ayer por las calles de Washington se extendían las marchas para recordar el sexto año que se ha cumplido desde la invasión de Irak por la coalición angloamericana. Ya no está George W. Bush. Es cierto que las tropas tienen un plan de retirada, que sustancialmente fue fijado por la administración republicana. A Obama empiezan a pesarle más, en lo inmediato, los hechos de su breve presidencia, que recién en abril llegará a los cien días. En Corea del Norte, dos norteamericanas fueron detenidas. En Irán, en este año electoral, el acercamiento parece alejarse o acercarse según pasan los días, y según una lógica en la que la diplomacia de Hillary Clinton ha podido interferir menos de lo que le gustaría.

ALIANZA PARA LAS AMÉRICAS. Es en América Latina donde los cambios pueden ser mayores. Lo están siendo, también, por vías en las que Washington no interviene, pero que ya no busque intervenir es auspicioso. Este 2009 se cumplieron treinta años del nacimiento de la lucha armada del salvadoreño Frente Farabundo Martí por la Liberación Nacional (FMLN), y a la vez de la victoria de una compañera de armas, la Revolución Sandinista, que en 1979 derribó en Nicaragua a la dictadura de los Somoza. Igualmente notable, pero en nada independiente de lo anterior, es que Estados Unidos se apresuró a reconocer y felicitar al candidato de izquierda victorioso, Mauricio Funes, que guiará la maltrecha y golpeada economía salvadoreña durante el próximo período presidencial.

LA GUERRILLA AL PODER. El ganador en El Salvador no es otro que el ahora desarmado FMLN, contra el cual Washington gastó cuantiosos dineros y recursos en los años de la Guerra Fría de Ronald Reagan, que al mismo tiempo hacía lo propio, a pesar de la renuencia del Congreso, con los contras nicaraguenses. Funes, sin embargo, no gobernará con la izquierda sino con el centro: sus modelos expresos son el norteamericano Obama y el brasileño Lula, no el venezolano Hugo Chávez, que fue uno de los primeros en llamarlo por su triunfo. Ni mucho menos Daniel Ortega, que lo felicitó desde Managua y desde su propia efemérides. Como para probar que no miente en sus ideales, la primera visita de Funes fue a San Pablo, para encontrarse con Lula en la ciudad que lo vio nacer como líder sindical. Brasil lo recibe casi al mismo tiempo que a la presidenta argentina, aunque a ésta en visita oficial. Acaso este país esté logrando convertirse en aquello que en la década del setenta se llamaba un subimperialismo.

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