Hasta River está de luto por la muerte de Pompilio

El presidente de Boca, de 58 años, falleció de un infarto. El plantel asistirá hoy al entierro. Riquelme e Ischia fueron los más afectados.
Pasión por Boca. Pompilio, rodeado de azul y oro. Llegó al club en 1985, bajo la presidencia de Alegre. Durante 12 años fue vicepresidente de Macri, con quien terminó distanciado.

Apenas cuatro meses después de haberse transformado en presidente electo de Boca, Pedro Pompilio murió ayer: fue en su casa de Bernal, mientras dormía a las 5 de la madrugada, de un infarto. Tenía 58 años. El fútbol argentino se conmovió y hasta los rivales del dirigente –políticos y deportivos– lo despidieron con elogios grandilocuentes, a tal punto que River, en un gesto de solidaridad, decretó 24 horas de luto y suspendió todas sus actividades. Los futbolistas de Boca y el entrenador, Carlos Ischia, dejaron de practicar apenas recibieron la noticia. El club decretó dos días de duelo, por lo que el plantel tampoco se entrenará hoy. San Lorenzo ofreció no jugar el domingo el partido de la 13ª fecha del Apertura pero, a pedido de la familia Pompilio, el clásico igual se disputará. Pompilio, que no fue velado, será enterrado hoy a las 14 en un cementerio privado de Florencio Varela. Asistirán Juan Román Riquelme, Martín Palermo y otras figuras del alterado mundo boquense. De acuerdo con el estatuto, el vicepresidente primero debe ocupar el lugar de Pompilio. Jorge Amor Ameal ya es, por lo tanto, el nuevo titular de Boca.

Era una mañana normal. En Casa Amarilla, estaba jugando el Boca B –aquellos a los que apela Ischia para la Copa Sudamericana–, contra un combinado de Cuarta División. Hasta que un dirigente se acercó al técnico y le contó lo que nadie podía creer: el presidente acababa de morir. Segundos antes se habían enterado los habituales titulares, cuando el hincha-asistente Cacho Laudonio fue a buscar agua para Rodrigo Palacio y vio la noticia en un televisor del hall.

“Me quedé helado. Todo el plantel entró en un profundo dolor. Nunca vi un vestuario tan triste”, contó Laudonio. Entre los más abatidos estaba Riquelme, la gran debilidad de Pompilio, que entre otras apuestas pasará a la historia por haber sido el presidente que compró el pase de Román para que el crack regresara de Europa. Fue en enero de este año, cuando la gestión de Pompilio, que había asumido –de manera irregular– en diciembre, todavía era analizada por la Justicia a raíz de una denuncia presentada por la oposición. Recién el 1 de junio, Pedro terminó siendo presidente electo.

Pablo Mouche fue el último en hacerle un regalo: el pibe le había dado la camiseta número 7 con la que le hizo el gol a Banfield el miércoles, en un vestuario en el que Pompilio –que estuvo en la cancha ese día– se mostró eufórico por la victoria 1 a 0.

En las últimas semanas, el sillón presidencial de La Boca había quemado más que nunca. Pompilio tuvo que mediar en el conflicto entre Ischia y Mauricio Caranta y el affaire Riquelme-Cáceres. En la última conferencia de prensa de su vida, anunció: “Cerró el cabaret”. Desde entonces, en el Apertura, Boca ganó tres partidos seguidos.

Cuentan quienes lo conocieron que Pompilio tenía tres pasiones: sus hijos, su fábrica de envases y Boca. Llegó al club hace 23 años y creció de la mano de Mauricio Macri, de quien fue vicepresidente durante 12 años y con quien terminó distanciado.

A Pompilio le llevó seis meses ser confirmado como presidente de Boca, más de lo que duró su mandato. Cuando Macri se preparaba para asumir la Jefatura de Gobierno porteña, Pompilio, segundo en la escala de mandos, quedó a cargo de la presidencia provisoria del club. Las elecciones –previstas para el 2 de diciembre– fueron suspendidas porque sólo la lista oficialista logró presentar los avales que exige el reglamento, y Pompilio fue proclamado presidente.

Una decisión de la Inspección General de Justicia ante el reclamo de la oposición, encabezada por Roberto Digón, obligó a realizar elecciones el 2 de junio. Fueron las primeras que se hicieron en nueve años. Allí sí ganó Pompilio, por el 73% de los votos. El mismo Digón, en actitud de hidalguía, tuvo ayer palabras de elogio hacia su contrincante, y reveló que Pompilio había tenido una crisis cardíaca en 1994.

El directivo fallecido ayer había empezado su carrera en Boca como protesorero, en 1985. Acompañando a Antonio Alegre y Carlos Heller –que le ganaron las elecciones a Alberto J. Armando por 83 votos–, participó de la reconstrucción del club. Su primera aparición pública fue en 1988, cuando anunció la contratación de Carlos Navarro Montoya. En 1989 dejó la institución y volvió a la empresa familiar de envases plásticos. Hasta que Macri lo convocó en 1995 para enfrentar a sus mentores, Alegre y Heller, a quienes terminaría derrotando.

Su poder se acrecentó al lado del actual jefe de Gobierno. Fue vicepresidente hasta diciembre pasado, cuando asumió la titularidad por el salto de su jefe a la gobernación porteña. “En 11 años ganamos 16 títulos y obtuvimos 10 copas internacionales”, dijo antes de las elecciones pasadas, resumiendo sus logros como segundo de Macri. Su decisión más trascendente fue comprar a Riquelme, en una operación que costó (costará, porque se está abonando en cuotas) 15 millones de dólares. Para el futuro, quería remodelar la Bombonera.

Pompilio ostentaba, además, un cargo en la AFA: era vicepresidente segundo. Estaba casado, tenía dos hijos –Natalia y Leandro– y era dueño de una fábrica de papel y envases, llamada Compañía Industria Papelera. Sus allegados revelaron ayer que Pompilio habría puesto dinero de su bolsillo para levantar la quiebra del club, cuando llegó hace más de dos décadas.

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